El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta

viernes, junio 29, 2007

Poema: El camino del error

El camino del error es pedregoso.
Sólo cabe tropezar, caer, volver a levantarse.
Un segundo de humildad
cuando estás postrado de rodillas.
Otro segundo de orgullo
mientras te incorporas.
Y luego veinte, cincuenta, cien pasos
antes de encontrar entre las piedras
una moneda, un hueso, un corazón seco
que te recuerde que todo error
se cobra un precio.

jueves, junio 28, 2007

Elogio de la hermana, poema de Wislawa Szymborska

ELOGIO DE LA HERMANA

Mi hermana no escribe poemas,
y probablemente ya nunca se pondrá a escribir poemas,
lo heredó de nuestra madre, que tampoco escribía poemas,
y de nuestro padre, que tampoco escribía poemas.
Y, aunque mis palabras suenen a texto de Adam Macedónski,
en mi familia nadie escribe poemas.

Los cajones de mi hermana no guardan viejhos poemas,
en su bolso no hay poemas recién escritos.
Y cuando mi hermana me invita a comer,
sé que no lo hace con la intención de leerme sus poemas.
Sus sopas son deliciosas y carentes de ocultos significados.
Y el café no se derrama sobre los manuscritos.

En muchas familias nadie escribe poemas,
pero si uno de sus miembros empieza, suele sembrar el contagio.
A veces la poesía cae en cascada sobre las generaciones
y origina remolinos capaces de engullir sentimientos familiares.
Mi hermana practica una prosa aceptable
y su obra literaria se reduce a las postales turísticas
con un texto que cada año repite la misma promesa:
cuando vuelva
contará
todo
todito.

(Este poema me chifla. Yo tengo una hermana. No escribe poemas. No hace sopas. No manda postales. No importa. Hablamos por teléfono al menos cuatro veces al día. Si un día no lo hacemos, no me siento bien del todo, me falta algo; ella siempre tiene alegría para regalar. Yo también tendré que escribir mi propio Elogio a la hermana. Mientras tanto, este poema me encanta.)

Monólogo en la celda, poema de Rosario Castellanos

MONÓLOGO EN LA CELDA

Se olvidaron de mí me dejaron aparte.
Y no sé quién soy
porque ninguno ha dicho mi nombre; porque nadie
me ha dado ser, mirándome.

Dentro de mí se pudre un acto, el único
que no conozco y no puedo cumplir
porque no basta a ello un par de manos.

(El otro es el espacio en que se siembra
o el aire en que se cre
o la piedra que hay que despedazar.)

Pero solo... Y el cuerpo
que quisiera nace en el abrazo,
que precisa medir su tamaño en la lucha
y desatar sus nudos
en un hijo, en la muerte compartida.

Pero solo... Golpeo una pared,
me estrello ante una puerta que no cede,
me escondo en el rincón
donde teje sus redes la locura.

¿Quién me ha encerrado aquí? ¿Dónde se fueron todos?
¿Por qué no viene alguno a rescatarme?

Hace frío. Tengo hambre. Y ya casi no veo
de oscuridad y lágrimas.


(De Poesía para los que no leen prosa, editado por Visor. ¿Alguien me puede dar noticia de quién es la poeta?)

miércoles, junio 27, 2007

Sigo pensando...

Sigo pensando (es que soy lenta). De momento os dejo un pequeño texto que escribí cuando alguien, hace unas semanas, me pidió que reflexionara sobre mi poesía:

He vuelto a la poesía como quien, después de años de jugar a ser mayor, descubre, más bien recuerda, la generosidad de su madre, la inocencia febril de la infancia, la plenitud de los momentos en que se juega, se amasa, se come con las manos. Vuelvo a la poesía y le entrego todo lo que he vivido durante estos años; y ella me dice que todo le vale, que todo lo acepta. A cambio me recuerda la fuerza de lo sencillo; y aquello que alguien me dijo una vez: “cuanto menos ocultas, menos tienes que defender”. Me expongo y me la juego. Denuncio la miseria de corazón que nos queda cuando nos prohibimos hablar de las emociones menores, vergonzosas, culpables, secretas. Esta miseria que nos hace aparentar continuamente que estamos bien, que somos otros, que hemos triunfado, que estamos satisfechos y no necesitamos nada. Pues no: hemos fracasado y si hay salvación o consuelo, hay que empezar por contarlo. En las palabras y en la verdad, por dura que sea, está la única posibilidad de compañía, de humanidad, de reconocimiento. Es lo que busco cuando leo y a lo que aspiro cuando escribo: a una conciencia más amplia de lo que soy, de lo que somos cuando dejamos atrás los escondites, las imposturas, las defensas, las palabras huecas.

Hoy he leído un artículo sobre Carver publicado en el foro de la Escuela de Letras. Entresaco unas frases que me interesan, dichas por el propio Carver:

"El trabajo del escritor es contar la verdad. Buscar lo que te provoca emociones, que la vida sea lo que te conmueve. Luego escríbelo del modo más claro posible para que pase a formar parte de la experiencia de la persona que lo lea".
"Huye de lo que te cause indiferencia es la escritura, como lo harías en la vida".
"Si los relatos nos cuenta a menudo lo que no sabemos, aúnme parece más importante que nos cuenten lo que todos sabemoss pero no decimos. Al menos en público".
"Suelo echar a corre ante la retórica y la abstracción, tanto en la literatura como en la vida".

lunes, junio 25, 2007

Poema: Si un día me oyes

Si un día me oyes
-después de una noche
en la que he resultado ser
encantadora:
de esas mujeres que beben
y se ponen graciosas
contando anécdotas
de bares y ácidos y viajes
y camas y cabrones
con el pelo despeinado
para mejor
y el carmín corrido
como si viniera
de morrearme en el baño
con el tío más guapo
del garito-
si un día
después de una de estas noches
en las que ejerzo
de encantadora de serpientes
al despedirme
me oyes decir
que sólo soy un fraude

compadéceme:
los adictos a los aplausos
también necesitamos testigos
cuando nos quitamos
el maquillaje.

sábado, junio 23, 2007

Poesía de no ficción

En el blog en el que David González recoge los artículos que se han ido publicando sobre su obra – El amigo de lo adverso- aparece una reseña publicada en el Diario La Nueva España y firmada por José Luis Argüelles, que me interesa mucho y me ha dado mucho qué pensar. En especial, este párrafo que transcribo:

“(…) estamos ante una poesía que se inscribe en un movimiento de más amplio alcance y con un objetivo de fondo: tratar de renovar y enriquecer desde posiciones críticas en unos casos, incluso políticamente comprometidas en otros, la poesía realista que se ha escrito en España, bajo distintos merbetes, a lo largo del último medio siglo.
Es una de las perspectivas desde las que se puede leer, creo yo, Algo que declarar, libro que, para más ejemplo de lo dicho hasta aquí, lleva el subtítulo de "Poesía de no ficción", una declaración de intenciones con la que David González quiere marcar distancias, según ha explicado en varias ocasiones, con otros autores figurativos o de línea clara, los llamados "poetas de la experiencia", sin ir más lejos.
Algunos lectores echamos de menos, sin embargo, una nota explicativa en la que se aclare una posición que tiene, a mi juicio, escasa consistencia teórica y poca relevancia literaria. Solo importa la verdad poética, es decir, la relación lingüística que produce una emoción de signo admirativo, y mucho menos si el poema es expresión de una experiencia personal o no. Conviene recordar, de vez en cuando, a Wellek y Warren y su impugnación del criterio de sinceridad: " Incluso cuando una obra de arte contiene elementos que puedan con seguridad considerarse biográficos, tales elementos quedarán dispuestos de otro modo y transformados de tal manera en la obra, que pierden todo su sentido específicamente personal, convirtiéndose simplemente en materiales humanos concretos, en elementos integrantes de una obra".
Dicho de otra manera, lo que nos interesa del último libro de David González, y por eso reseñamos hoy Algo que declarar, son sus poemas, los que consideramos más logrados, y no, estrictamente, la sustancia biográfica que los alimenta. Todo poema finge una voz (o varias), porque la poesía es, más que ningún otro género y pese a ciertos misticismos poco inteligibles del maestro Gamoneda, invención literaria
.”

Para los que hayáis leído mi –humilde- obra poética publicada en este blog, supongo que será fácil adivinar que lo que me interesa especialmente es el epígrafe “poesía de no ficción” con que David complementa el título de su libro. Porque mi poesía es también –o lo intenta, al menos- “poesía de no ficción”. Si bien hasta ahora sólo intuía el por qué, o simplemente, me limitaba a aplicarlo por impulso, a raíz de este artículo –y eso es de agradecer- llevo unos días pensando cuál es el motivo que me lleva a escribir y apreciar como lectora una poesía adscrita a esta definición.

Pero quiero ir por partes: a mí como lectora sí me interesa saber si una obra que estoy leyendo –y hablo de poesía, que es lo leo desde hace un tiempo- es ficción o no. No es muy usual consignarlo, de hecho el de David es el único caso que conozco en que se hace explícito como punto de partida de la obra. Pero en otros casos se desprende de lo que se cuenta o de entrevistas o o biografías o poéticas de los autores. Y por qué me interesa es lo que llevo preguntándome un par de días.

Creo –lo lanzo como propuesta, porque seguiré pensando sobre el tema- que, para empezar, soy una de esas personas damnificadas por la ficción. Es decir, a mí, tomarme la ficción estricta como hechos reales me ha hecho daño hasta no hace demasiado. Me he creído cuentos vendidos como posibles, como reales, como factibles. Me he creído un mundo que no era, porque me lo han vendido –lo he comprado- no como fantasía, sino como realidad. Esto, por escarbar en hechos fundacionales.

Quizá más importante para mí en la actualidad es el hecho de que distingo a pies juntillas lo que me aporta entretenimiento y lo que me aporta algo distinto, más profundo aunque quizás no siempre más necesario. Porque en este mundo en que vivimos el entretenimiento es imprescindible, pero hay que distinguirlo de lo que nos da otra cosa, de lo que nos lleva más lejos. La confusión quizá venga de que nos lo venden todo junto y de que lo compramos en los mismos sitios –las librerías, la tele, el cine. Pero para mí resulta básico hacer la distinción. Yo hago otras cosas por entretenimiento, pero NO leer poesía. Para mí la poesía es un medio, una forma que me transmite un fondo a través del cual yo aprendo, amplío, enriquezco mi visión del mundo. Para mí la poesía es una referencia ética, moral, una religión para mí que no la tengo pero que la echo de menos. Y en ese sentido, me cuesta más confiar en quien me dice, implícita o explícitamente, que lo que cuenta es inventado. Uno puede tener una visión, una intuición sobre algo que no ha experimentado, pero siempre me voy a fiar más de quien me dice que eso que escribe lo ha vivido. Y cuando uno lo lee, se intuye, más allá de la confesión de que se escriba ficción o no, que eso que lee es un trozo de vida. Pienso, por ejemplo, aunque no sé nada de ella a nivel biográfico, en el poema que Szymborska escribe sobre su hermana, esa hermana que no escribe poesía pero que siempre está ahí, para escucharla. Yo sé que eso es verdad. Yo sé, independientemente de la relación con mi hermana, que ese poema tiene un cacho de verdad y que quien lo ha escrito se la ha jugado mostrándome su verdad. O cuando Olds me habla de la muerte de su padre. No siempre hace falta hablar de hechos concretos, relatar un trozo de vida “biográfica”. Porque no hay que olvidar –creo que se lo leí a Montero Glez.- que “escribir es seleccionar” (seleccionar: no siempre lo cómodo, lo bueno, lo amable, lo embellecido; seleccionar lo esencial, entiendo yo, incluyendo lo incómodo, lo malo, lo áspero, lo crítico, lo desagradable de recordar; siempre lo significativo). Eso es labor creativa –que no fantasiosa. Creo que la fantasía está muy sobrevalorada. Durante años yo pensé que no podría escribir porque no tengo imaginación. Pero una cosa es la fantasía y otra la creatividad. En este mundo sobra fantasía y falta creatividad (y así nos va). A mí con lo que me basta y me sobra es con la realidad. No necesito más. La realidad ya me aturde, me fascina, me llena, me asquea, me sorprende, me seduce y me sobrecoge. Y volviendo a Montero Glez., que lo dejé por ahí arriba colgado, seleccionar –en este mundo sobresaturado de información, de experiencias, de individualidades- ya me parece una aportación de sobras personal, una labor creativa de partida a la que luego se añade la expresión, la reelaboración, la reescritura, la selección de la palabra posterior a la selección del recuerdo o del hecho. Una verdad poética a la que la verdad vital no resta verdad ni añade mentira. Y que no entiendo por qué no puede aplicarse a la poesía cuando estamos habituados a que la narración pueda etiquetarse como de ficción o no ficción, biográfica o no biográfica, sin que nos sorprenda o escandalice, como un dato más que puede aportar algo de interés, otra perspectiva en la lectura.

Por todo esto, me interesa mucho conocer las poéticas de los poetas que leo. A veces tienes la suerte de encontrártelas –como en la antología que acabo de terminar, Poemas para cruzar el desierto-, otras se deducen. Igual que a uno le gustaría saber si un guía en un país extranjero sabe de lo que habla, maneja la lengua y la cultura de ese país, ha estado inmerso en ellas. No, más aún: igual que uno quisiera saber si la vida privada de un cura o de un político son consecuentes con lo que predican. Porque la poesía, para algunos, al menos, es otra cosa. Ya lo dice Gamoneda –y para mí no es un misticismo innecesario: “la poesía no es literatura, es arte de la memoria”, y cito, perdón por la repetición, de memoria. Me da igual si es literatura o no, porque después de estudiar la carrera de filología, después de entrar en cualquier librería, el término literatura y otras clasificaciones que dependen de ella, me dan lo mismo. Pero sí es un arte de la memoria, en eso estoy de acuerdo. Seleccionar en la memoria, por unir dos citas. Compartir. Humanizar. Cavar con las manos. Sacar a la luz tesoros y huesos. Para mí la poesía no tiene que tener “consistencia teórica”; eso lo dejo para otros. Humildemente, para mí la poesía es práctica vital, cuando la leo, cuando la escribo, cuando la pienso y la siento. Y la “relevancia literaria”, en cuanto a mí concierne, es pura efectividad a la hora de transmitir. Florituras, las justas y necesarias, y lo demás es apariencia que a mí, en este momento, me importa un bledo. Para mí un poeta, cuando le doy mi tiempo, mi confianza, mi fe, es mi guía por el cielo y por el infierno. Y entonces verdad poética es igual a verdad vital. A la experiencia personal se llega desde distintos caminos, y se muestra de diferentes maneras. En eso estamos de acuerdo. Un poeta te puede dar su conclusión o puede dejar abierta su obra a conclusiones. O puede decir: lo siento, no hay moralejas. Y que su obra me interese más o menos depende de su valentía para mostrar, para excarvar en el alma del ser humano: esa valentía literaria sólo puede apoyarse en una postura vital.

Pero que la voz fingida –seleccionada entre las varias que todos podemos tener- sea sentida, transmitida, como la verdad de un momento. Que el poeta se muestre y se la juegue, y me demuestre que el valor que le estoy dando a su voz es merecido. Y con esto no menosprecio otras actitudes, sólo quiero contar qué me interesa y en qué me la vida. Literalmente, puesto que en estos últimos meses la poesía -y unas cuantas personas- me han salvado de que una depresión me arrastrara. Y aquí es donde me he apoyado, y de esta experiencia saco estas opiniones.

Continuará.

viernes, junio 22, 2007

Portada de Hank Over


Esta es la portada que ha hecho Miguel Ángel Martín. A mí me parece estupenda.


jueves, junio 21, 2007

Poema: transacción

TRANSACCIÓN

Reconozco que en ocasiones
cuando doy una moneda
a un músico de los que tocan
en el metro, lo que estoy haciendo
es comprar una palabra amable
una sonrisa agradecida
un fogonazo de afecto
que me salve de los túneles
en las miradas de los desconocidos.

Hank Over

Como ya lo he visto anunciado por ahí en varios blogs de amigos y compañeros, me atrevo a decirlo aquí. No es que no me fiara de Vicente, válgame, sino que a veces me dan ataques de pudor, de superstición, de no sé qué, que hace que sea la última en anunciar las cosas aunque sea la primera en celebrarlas y en estar agradecida.

Tachán, tachán...

Vicente Muñoz Álvarez y Patxi Irurzun han coordinado una antología en homenaje a Charles Bukowski a la que han llamado Hank Over. Los autores que participarán son los siguientes:

Hernán Migoya / Miquel Silvestre / Raúl Núñez / Eva Vaz / Montero Glez / Vicente Luis Mora / David González / Sergi Puertas / Alfonso Rabanal / Karmelo Iribarren / José Angel Barrueco / José Daniel Espejo Balanza / Nacho Abad / Vicente Muñoz Álvarez / Lluis Pons Mora / Javier Marroquín / Agustín Fernández Mallo / Josu Arteaga / Pablo Casares / Kike Babas / Kike Turrón / Ana Pérez Cañamares / Nacho Escuín / Pablo G. Bao / Kutxi Romero / José Manuel Vara / Lucas Rodríguez / David Murders / Manuel Vilas / Roxana Popelka / Salvador Gutiérrez Solís / Sor Kampana / Angel Petisme / Safrika / Patxi Irurzun / Abel Dellbrito

Como véis, tengo el honor de estar entre una peña estupenda, entre grandísimos escritores, algunos de ellos, además, amigos. Así que desde aquí, muchas gracias a Vicente y a Patxi. Os mantendré informados de la vida editorial de esta antología.

miércoles, junio 20, 2007

Presentación

La editorial Baile del Sol presenta en Madrid, el viernes 22 de junio, los poemarios El círculo de Newton, de Inma Luna, y Sueños de síntesis, de Lucas Rodríguez. Será a las 19,30 horas, en la librería Traficantes de sueños (C/ Embajadores, 35, local 6).
Yo intentaré pasarme...

martes, junio 19, 2007

Camarero, hay una emoción en mi sopa: poema de Pepe Ramos

Hay tantos buenos poemas y poetas en este libro que acabo de terminar, Poemas para cruzar el desierto, que me resulta difícil seleccionar alguno para colgarlo aquí. Estoy segura de que volveré a él una y otra vez. Hoy elijo un poema de Pepe Ramos.

CAMARERO, HAY UNA EMOCIÓN EN MI SOPA

Preservativos.
Una nacionalidad.
El cinturón de seguridad.
Gafas de sol.
Un plan de jubilación.
Cremas de protección solar.
Zapatos.
Dos apellidos.
Un más allá.

Señores pasajeros:
hacen lo correcto
al recubrir sus corazones
con varias capas de barniz.
Hacen bien al vacunarse
contra lo imprevisto.
Nos asombra su cautela:
su perfecta estrategia
contra el resbalón.
Pero si miran por las ventanillas
aún podrán ver pasar la vida.

domingo, junio 17, 2007

Poema: J

J se acerca y me dice
que quiere ver su enfermedad.
Escupe en un pañuelo de papel
y luego lo tira a la chimenea.

Hace horas que yo no paro de llorar.
Siempre es así con el ácido:
el ácido sabe en qué lugar de mí
se oculta el grifo que abre
el llanto o las risas incontenibles.
Esta vez son lágrimas que caen
por mi rostro, por el cuello
que llegan hasta el pecho
en un reguero salado.

Así que llorando me tumbo
en el suelo junto a J
y vemos como su enfermedad
se consume entre ascuas.
El pañuelo ha tomado
la forma de un dragón.
Los dos lo definimos a la vez
siameses unidos por el alma;
aunque los ojos de J son
fríos como los de un cirujano
y los míos están velados por las lágrimas.

El pañuelo se quema lentamente
va cambiando de forma
mientras J y yo lo acompañamos
boca abajo sobre el suelo de barro
la barbilla apoyada en las manos
como dos niños escrutando un hormiguero
estudiando las leyes de la vida.

Al final lo que queda del pañuelo
tiene forma de bebé en un capazo.
Casi dan ganas de cogerlo y acunarlo.
Ahí tienes tu enfermedad, le digo a J.
Sí, supongo que no es para tanto
contesta él. De dragón a bebé
y luego un puñado de cenizas
.

A las pocas semanas me llama
y me dice que sus transaminasas
están en un nivel normal
por primera vez en años.
Ya lo sabía, le digo.
El ácido también me abre
el grifo de la fe.

Luego, el día a día, ese fontanero
que cobra precios abusivos
ya se encarga de cerrarlo.

jueves, junio 14, 2007

Historia

Este texto lo encontré en la página del ilustrador inglés Banksy. Lo traduzco aquí, como mejor sé, para nosotros:

Un extracto del diario del Teniente-Coronel Mervin Willett Gonin, que se encontraba entre los primeros soldados británicos que liberaron Bergen-Belsen en 1945.

Era imposible describir fielmente el Campo del Horror en el que mis hombres y yo íbamos a pasar un mes entero de nuestras vidas. Era un desierto árido, yermo como un corral de gallinas. Los cadáveres yacían por todas partes, algunos en pilas gigantescas, otros por separado o por parejas, allí donde se habían derrumbado. Me llevó algún tiempo acostumbrarme a ver hombres, mujeres y niños derrumbarse según pasabas a su lado y retener el impulso de ir en su ayuda. Teníamos que hacernos a la idea de que un sólo individuo no contaba para nada. Sabíamos que unos quinientos morían al día y que así iba a ser durante semanas antes de que algo de lo que hacíamos por ellos tuviera el más mínimo efecto. Sin embargo, no era fácil ver a un niño atragantarse hasta morir de difteria cuando sabíamos que una traqueotomía podría salvarle. Veíamos mujeres ahogándose en sus vómitos porque estaban demasiado débiles como para darse la vuelta y hombres comiendo gusanos mientras echaban mano de media barra de pan sólo porque habían tenido que comer gusanos para vivir y ahora apenas podían diferenciar una cosa de otra. Montones de cadáveres, desnudos y obscenos, con una mujer delante demasiado débil para alejarse de ellos mientras cocinaba en el fuego la comida que le habíamos dado; hombres y mujeres en cuclillas al aire libre, aliviándose a causa de la disentería que les deshacía las entrañas, una mujer desnuda lavándose con jabón y agua cogida de un tanque en el que flotaban los restos de un niño. Poco después de que llegara la Cruz Roja Británica, aunque puede que no tuviera nada que ver con ella, se recibió un enorme cargamento de lápices de labios. No era en absoluto lo que mis hombres y yo necesitábamos, clamando como estábamos por otras muchas cosas que eran necesarias, y no tengo la más mínima idea de quien pidió los lápices de labios. Me hubiera gustado saberlo, porque fue obra de un genio, de una brillantez genuina. Creo que no hubo nada que hiciera tanto por los prisioneros como el lápiz de labios. Las mujeres yacían en la cama sin sábanas ni camisón pero con labios rojo escarlata. Las veías vagar con nada más que una manta sobre los hombros, pero con labios rojo escarlata. Vi una mujer muerta sobre una mesa aferrando en su mano un lápiz de labios. Por fin alguien había hecho algo para convertirlos de nuevo en personas, eran individuos otra vez, no un simple número tatuado en un brazo. Por fin se interesaron por su apariencia. Aquellos lápices de labios les devolvieron su humanidad.

Justicia poética

Yo tenía quince años y un novio. Íbamos a la misma clase. No valía para estudiar, pero lo suplía todo con encanto y con ingenio. Aunque era bajito, jugaba como escolta al baloncesto, y era bueno, y yo me quedaba viéndole jugar en el patio hasta que se hacía de noche. Nuestros compañeros le admiraban y le temían, porque era capaz de aniquilar a alguien con una frase que le hiciera morirse de risa o de vergüenza. Nunca pensé que quisiera salir conmigo, porque yo era nueva en el colegio y no precisamente una chica cañón, y él era rubio y pecoso como un irlandés, y tenía algo que lo hacía diferente. Pero un día me acompañó a casa y me lo pidió. Estuvimos juntos durante tres años; durante aquel tiempo yo hubiera hecho cualquier cosa por él. Aunque jamás me agarró ni me besó delante de nadie; aunque me pedía que la única copia de los poemas que le escribía fuera para él. Cuando estábamos solos nos sorbíamos el alma por la boca; y él lloraba cuando le leía mis poemas. En fin, éramos así.
Cuando cumplimos dieciocho años me dijo que me iba a hacer un regalo; para ser honestos del todo, iba a ser un regalo para los dos. Nos regalaba la libertad de conocer a otras personas, de salir con ellas, de enrollarnos, para no tener nunca la sensación de que nos habíamos perdido algo. Me dijo -a pesar del dolor, le creí- que al final acabaríamos juntos; que resistiríamos todas las comparaciones, las separaciones, todo.
Después de romper, coincidimos alguna vez. A mí seguían temblándome las rodillas cuando le veía, aunque cada vez estaba más segura de que, una vez empezada la larga lista de sustitutos, sería imposible volver. Nos llamábamos de vez en cuando, tomábamos algo, y tuviera o no novio, yo sabía que a una palabra suya quizás no volviera con él, pero sí al menos veríamos amanecer juntos. Él nunca dijo nada y yo tampoco me atreví. Sin embargo, él parecía estar seguro -quizás era una forma de mantenerme enganchada- de que algún día estaríamos juntos. Incluso cuando quedamos para que conociera a mi hija. De vez en cuando soñaba con él: que nos veíamos en el patio del colegio, que nos besábamos, que nos decíamos adiós, que todo volvía a empezar y a terminar.
Un día me llamó un compañero común de los tiempos del instituto. Me dijo que se había encontrado con alguien, que le había contado que él, que mi primer novio, había muerto en un accidente de coche. Me di cuenta entonces de que hacía tiempo que había dicho adiós a nuestro sueño de acabar juntos; y que, sin embargo, a menudo, cuando caminaba por la calle, esperaba encontrármelo. Sólo para verle andar. Sólo para saber que seguía existiendo. Y entonces pensé que ya nunca más, nunca más la posibilidad de ese encuentro fortuito que de alguna manera me hacía la vida más alegre.
Ayer caí en la cuenta de que el catorce de junio, hoy, habría cumplido años. Treinta y nueve, como yo. Y esta noche he soñado que iba a casa de su familia, que su madre y sus hermanos me abrían la puerta. Que me reconocían. Que nos abrazábamos llorando, y que les decía que nunca había tenido la oportunidad de despedirle. Ellos me enseñaban un jersey suyo que yo recordaba. Yo les decía cuánto le había querido, y todos recordábamos su forma de andar, sus zapatos castellanos, sus bromas, su risa. Les pedía que me dijeran donde estaba enterrado, porque siempre había querido saberlo. Y ellos me llevaban hasta su tumba, y yo leía su nombre completo -Juan Carlos Terrón Rodas- escrito en letras de piedra. Y me daba cuenta de que estaba muerto, sentía su ausencia pero también todo el cariño que siento por su recuerdo.
Así que felicidades, porque hoy, aquí, cumplirías años.

Sutura, poema de Lluís Pons Mora

SUTURA

Vomité mi alma en cada verso que te di.
Roberto Iniesta
Al fin hoy ya no parece que no nos queremos,
sino que nunca nos quisimos.

Inexorablemente quien depreda al hombre es el hambre.
Nos han dejado nidos de alambres, jaulas de palabrería,
cielos contamienados y postales ensangrentadas.

Nos han dicho que no pasa nada.

Cuando tú me querías parecían mitos
(La extinción nuclear. La locura. Los centros penitenciarios).


Del libro Barrio de Hielo, publicado en la editorial Isla Varia.

martes, junio 12, 2007

Día de limpieza: poema

DÍA DE LIMPIEZA

De qué sirve que limpie el polvo
de las estanterías.
De qué sirve recoger las pelusas
de los rincones.
Para qué sacudir las sábanas,
barrer bajo la cama,
pasar la aspiradora.

Hay un polvo que viene de afuera,
que la ciudad expulsa con sus toses.
Y hay otro desprendiéndose de mí,
que cae como terrones de barro
cada vez que abro el puño
y suelto una certeza.

Allegro nada moderato

Hace ya bastantes años, un grupo de amigos con los que asistía a un taller de escritura, nos propusimos, como broma, escribir un libro de relatos de literatura erótica y presentarlo al premio La Sonrisa Vertical. El caso es que, para nuestra sorpresa, quedamos finalistas, y con una propuesta del jurado para que el libro se publicara, aunque eso, después de varios meses de que la editorial nos mareara, nunca llegó a suceder. Unos años después, la editorial LcL recuperó el libro y nos lo publicó. Para presentarlo se organizó una fiesta y se hizo una grabación en la que Antonio Paniagua y yo, en representación del resto, hablábamos de cómo se hizo el libro. Os cuelgo aquí un enlace para ver el vídeo, que está curioso. El libro se llamaba, se sigue llamando, Allegro nada moderato.

viernes, junio 08, 2007

Poema de Vicente Muñoz Álvarez

Estoy leyendo un libro altamente recomendable: Poemas para cruzar el desierto, antología editada por la editorial Línea de Fuego. Son tantos los poetas y los poemas que me gustan de este libro que cada vez que quiero traer uno hasta aquí, aparece otro que me gusta todavía más y nunca encuentro el momento de pararme. Eso, y que he vuelto a coger la buena costumbre de leer en la cama, antes de acostarme y al día siguiente ya no recuerdo el poema que la noche anterior me prometí a mí misma copiar en el blog. Pero hoy no quiero olvidar este poema, que me ha tocado mucho y cuyas palabras podría suscribir una a una.

TREGUA

A veces,
justo en medio
de la desesperación y el caos,
cuando todo parece perdido,
la vida nos concede
una pequeña tregua:

la clave de un poema,
los preparativos de un viaje,
la llamada de un amigo,
la magia de un atardecer.

Días de luz en los que,
sin saber por qué,
se declara el alto el fuego,
y todo parece
fluir de nuevo en tu interior.

Aunque en el fondo,
en lo profundo,
se siga escuchando
el fragor de la lucha.

jueves, junio 07, 2007

Poema

Llegaba el verano
y todos mis amigos se marchaban
de vacaciones a sus pueblos.
Allí les esperaban primos, vacas
cigarros, perros, pozas
futbolines, parras y bicis.
Hacia allí marchaban
atravesando mesetas de calor
hasta la sombra del olmo en la plaza.

Pero no mi familia.
Mi familia se quedaba en Madrid
o se iba a un hotel barato
en el que no conocíamos a nadie
o de camping junto a un río
sin niños; aunque al menos
había ranas y cabañas de hojas.

Nosotros no teníamos pueblo.
O mejor dicho: habíamos tenido
pero nos lo habían quitado.
La guerra se quedó la casa
los recuerdos de los muertos
las verbenas
los colchones de lana
las culebras
los baúles del desván
las telarañas.

Cuando fui mayor
mis padres me llevaron
a sus pueblos
para que supiera que nosotros
también habíamos tenido uno.
Mi madre me enseñó su casa encalada
con el patio emparrado;
la casa donde habían nacido
sus hermanos y ella
y en la que ahora vivían
los que habían tenido dinero
para comprársela.

Mi padre me mostró su casilla
junto a la vía del tren
la habitación húmeda
donde la pulmonía
acabó con su madre
el camino que a lo lejos
se perdía hacia el colegio.
La cochiquera para el burro
para las gallinas y el cerdo.

Así supe que un pueblo
me corre como un río por las venas.
Y que las piedras que se ven en el fondo
son coágulos de rabia,
la rabia de que se lo tragara
el pantano de la guerra
sin dejarme disfrutarlo

Kerouac habla

Me gusta este texto de Kerouac que recogía en su blog, Crónicas para decorar un vacío, Alfonso Xen Rabanal -al que, por cierto, tengo que agradecer lo bien que me trata siempre que habla de mí:

-procura estar poseído por una ingenua santidad de espíritu
- eres un genio, siempre
- autor-realizador del cine terrestre financiado por los ángeles del paraíso
- describe las indecibles visiones del ser
- lo que sientas encontrará por sí sólo su estilo
- dedica más tiempo a la poesía, pero sólo a lo que es en esencia
- traduce constantemente la historia real del mundo a monólogo interior
- sé, como Proust, un fanático del tiempo
- escribe para que todo el mundo sepa como piensas
- no pienses con palabras, es mejor que procures ver la imagen
- escribe para ti mismo, recogido, asombrado
- dirígete desde el centro a la orilla, nada en el mar del lenguaje
- esfuérzate en determinar el caudal todavía inédito que hay en tu espíritu
- enamórate de tu existencia
- libretas secretas garabateadas y páginas frenéticas mecanografiadas para tu exclusivo placer
- acoge todo signo, ábrete, escucha
- respira, respira tan fuerte como puedas
- vive tu memoria y asómbrate
- acepta perderlo todo

martes, junio 05, 2007

Proyecto Ventanas

Creo que ninguno de los habituales vive en Barcelona, pero por si acaso...


EXPOSICIÓN PROYECTO “VENTANAS”

VENTANAS es un proyecto que une narración e imagen. Partimos de la idea de utilizar la ventana como marco por el que nos asomamos al mundo, o nos ocultamos de él. Las historias están tanto dentro de la ventana como fuera de ella. Esa dualidad interior/ exterior parte del punto de vista del que mira, del que escucha y del que escribe.

Encontramos imágenes manipuladas, simples, lejanas o sorprendentes que nos revelan al autor que hay detrás, pero también al espectador que somos. No hay ninguna mirada ingenua: todas son condicionadas. El autor escoge un marco para ver el mundo y presentarlo; nosotros escogemos en cuales de ellas nos detenemos.

VENTANAS recogidas en distintos lugares: Galicia, Castilla , Cataluña, País Vasco, Italia, Argentina, Brasil, Alemania, India... se dan cita ante nuestros ojos para descubrirnos lo diferentemente iguales que somos.

Cada imagen descubre una historia. Algunas desvelan recuerdos o emociones pasajeras que cuelgan de nuestra memoria y nos acompañan durante el viaje. Otras, sin embargo, despiertan mundos paralelos, fantasías ocultas, presentimientos o relatos inquietantes.

Este proyecto pretende seguir abriendo VENTANAS con el que presentarnos y mirar a otros lugares fuera de nosotros mismos, pero no tan lejanos como para no reconocernos en ellos. Mirar es mirarse, y en este proceso queremos seguir disfrutando de ojos nuevos con los que continuar sorprendiéndonos.

VENTANAS es una exposición que recoge esas miradas indiscretas, curiosas, maravilladas, distantes o cercanas. Las ventanas, con sus historias, cobran vida y palabras a través del pensamiento y de los relatos, los cuales compartimos igual que las imágenes. La narración oral viajará a través del espacio para descubrir aquellas ventanas que nos abren al mundo tanto como nos ocultan de él. Pero, eso sí, mirar y escuchar ya nunca nos dejará indiferentes.

PROYECTO VENTANAS
Exposición que tendrá lugar en el Centre Cívic Barceloneta
(C/ Conreria, 1-9, Barcelona) del 7 al 29 de junio de 2007.
Inauguración 7 de junio a las 19:30 h. con espectáculo de narración oral.
Artistas/narradores participantes: Adolf, Alicia Lilo, Ana Pérez Cañamares, Andrés, Aníbal Ruíz López, Aninés Macadam, Antonio Orihuela, Armando Fernández, Beatriz Viol, Carles Carbó, Carlos de Gredos, Carmen González, Carmen Peralto, Celia García y Luca Pittarello, César Reglero, Daniel Artiles Rodríguez, Elena Román, Elsa Plaza, Luciana Tavernini, Silvia Rigon y Emilia Rebuglio, Emilio Garzón, Fernando del Val, F. Xavier Forés, Francisco Peralto, Gilia Montanella, Giovanni Parea, Gretel Fehr, Irene-Débora Gonzalo Tarragó, Isabel Bono, Iván Humanes Bespín, Janine Puig Poisson, Jeanete Ecker Kohler, José Antonio Sancho, José Blanco, Jose Manuel de Prada, Juan Ángel, Juanita Tagle Miranda, Julia Clay, Julia Otxoa, Julián Alonso, Jussara Leite Kronbauer, Lourdes Parra, Lucas Rodríguez, Luciana Tavernini, Manoel Bonabal Barreiro, Maria Esther Musió, Mara Radé, Mara Caruso, Marcela Sabbatiello y Diego Vázquez, Marisa Álvarez Juarranz, Mavi Ferrando, Mónica Sabbatiello, Natalia Gaete, Nieves Amo, Manuel Vaz, Paloma Pillín, Pilar Andrés, Ramon Puiggené, Roberto Farona, Roser Xuse, Rubén Fernández, Ruth Bris Aranda, Sandra Petrovich, Corporación Semiótica Galega, Silvana Gatta Beverina, Stephanie Buchholz, Yaritzi, Tanya Reinhardt, Txus García, Ventura Camacho y Verónica Vinck, Xavier Recasens.
Coordinan: Helena Cuesta y Agustín Calvo Galán

Día del orgullo

Me llama una amiga que está preparando un festival cultural con motivo del Día del Orgullo Gay, para preguntarme por algún/alguna poeta que estuviera interesado en participar, leyendo sus propios poemas, que estén dentro de la temática, claro está. Si alguien que conozcáis o alguno de los que se pasa por aquí estuviera interesado/a, hacédmelo saber, y yo le pondré en contacto con mi amiga.

El sol de noche

Este es un cuento de En días idénticos a nubes. Es uno de los que más ternura me siguen despertando.


EL SOL DE NOCHE



Ella es de esa gente que fuma en las cuestas, que se bebe un litro de coca-cola de un trago, que sonríe cuando la expulsan de clase y se tira vestida a la piscina, ella es la amiga-vendaval, esa que te arrastra y te asusta, que adoras y temes, que te dice ven y sabes que algo va a pasar.
- Ven- me dice.
Y voy, esta vez a la fiesta que hace Pablo, porque sus padres se han ido, y cuando llegamos todos nos saludan y nos ofrecen porros, y la música sube de volumen, y ella grita y salta, y dice “esto es guay, ¡qué de puta madre!”, y tira de mi brazo y lo sacude al ritmo del chunda chunda, y me hace sentir que bailo bien, pero luego me suelta y el ritmo se me escapa y cuando me vuelvo a buscarla no está, pregunto por ella, y está en el baño preparando una sangría en un barreño, remueve con el brazo el vino, la fruta, el hielo que los demás van echando y luego saca la mano y me mete los dedos en la boca: “pruébala, ¿qué le falta?”, y yo no encuentro que nada le falte, más bien diría que se ha pasado con el vino, pero no me atrevo a decírselo porque ella ya está sorbiendo asomada al borde del barreño
Luego, a la hora de “qué mala estoy, todo me da vueltas”, soy yo quien la sostengo en medio de la calle, y sus vómitos me huelen siempre a lo mismo, como si no comiera otra cosa que hígado empanado y coliflor; se lo digo y se ríe, y luego sigue vomitando, y quisiera taparla de las miradas de ese señor que no nos quita ojo, pero mi cuerpo no da para tanto y ella dice “joder, siempre igual”, y siento que está cansada, pero la animo a seguir caminando, casi cargo con ella, entre las dos no juntamos para el taxi y el metro la marearía más, así que caminamos y caminamos por la ciudad de noche, bajo la luz de las farolas y de una luna tan brillante que parece una bombilla desnuda, y entonces recuerdo que la luna no tiene luz propia, que el sol le presta su reflejo, y qué, me encojo de hombros, ahora es el momento de la luna, brillará toda la noche hasta que el sol salga de nuevo, pero eso no será hasta mañana.

lunes, junio 04, 2007

Comentario al poema de Ángela Figuera Aymerich

Me llega este comentario a una entrada en la que colgué el poema "Belleza cruel", de Ángela Figuera Aymerich, y lo cuelgo aquí porque me hace mucha ilusión. Viene sin firmar, pero quiero darle las gracias a quien lo ha escrito:


¡Cuánto me alegra saber leída a mi tía-abuela! Desde siempre la escuché en casa. A mi madre le fascinaba (era su tía) y representó de un modo rotundo la libertad merecida y siempre negada que mi madre reclamaba para ella y para todas las mujeres. Para todos los seres humanos. Tal vez por ello, siempre que pudo trató de incluirla en recitales, encuentros y tertulias. Ángela reestructura lo femenino, revisa muchos de los conceptos que nutren la idea femenina, desde la creación misma (Prometeica, más que Adánica), la maternidad que se vuelve víscera y sangre (entregada al eterno fluir de la especie), hasta el llanto, la sensibilidad o la mismísima Piedad (así, con mayúsculas), ese icono que encorsetó a la mujer y su ideadesímisma en la simple función biológica de la reproducción. La reflexión poético-filosófica de Ángela es íntima y brutal al mismo tiempo, sacude y perturba. Es una generosa ventana asomada a la mujer sin piel, en carne viva. Digo "carne", carne caliente, palpitante, con sus jugos y su sexo, carne que hiede a vida misma Inter faeces et urinam nascimur, decía San Agustín y digo "viva". Cuando pide perdón de un modo tan imponente por la belleza que no sabe no hallar, el cuerpo se nos revuelve cuando entendemos además que esa belleza es irremediablemente hallada en un entorno de absoluta destrucción y miseria: La guerra y la posguerra. La maldita guerra sirvió para que las mujeres fueran exhortadas a mostrar una fortaleza que siempre les había sido vetada. Fortaleza anímica, espiritual y física. Fuerza. Creo que es el rasgo que más me pasma de su poesía. Gracias de nuevo por leerla.

domingo, junio 03, 2007

Poema: Esto que nos pasa

Esto que nos está pasando
nos pasa por no saber
cómo se enciende una hoguera;
por no llamar
a cada árbol
por su nombre;
por no haber visto
parir a un animal
o por no haber amortajado
a un muerto.

Esto que nos pasa
se llama degeneración;
es una enfermedad
lenta
pero irreversible.
Se contrae viviendo
vidas vicarias.