Adolescente fui, en días idénticos a nubes…
viernes, junio 22, 2012
Una reseña sobre En días idénticos a nubes, libro de relatos de Ana Pérez Cañamares
viernes, enero 22, 2010
En días idénticos a nubes (XIII)

Según el DRAE, “adolescencia” es la ‘edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo’. En Wikipedia nos dicen que es un ‘continuo crecimiento de la existencia de los jovenes, en donde se realiza la transición entre el infante o niño de edad escolar y el adulto [...] La adolescencia es un fenómeno biológico, cultural y social, por lo tanto sus límites no se asocian solamente a características físicas”. Para Luis Cernuda fue una época de días idénticos a nubes.
Sobre este verso del poeta sevillano se apoya Ana Pérez Cañamares para retrotaernos, con sus relatos, a esta etapa por la que todos hemos pasado. Y nos reconocemos, esas rabietas típicas de todo o nada, ese situarse al filo del abismo, creyendo que al siguiente paso caeriamos en picado sin marcha atrás. Años de amores destructores, de egoísmo (a posteriori, porque en el momento no creemos que exista nada más que nosotros).
Los relatos de «En días idénticos a nubes» tocan los temas paradigmáticos, eternos, de la adolescencia: desde las relaciones familiares (con hermanos, padres, tías) a las relaciones con los amigos, las primeras experiencias con las drogas o el sexo, las relaciones con uno mismo y con ese cuerpo que no para de cambiar.
Un relato que marca perfectamente esa bisagra es “El biquini rojo”, no solo por las transformaciones físicas (“la transformación latente estaba en su cuerpo pálido y larguirucho, que quizás se decidiría por fin a dejar las aristas y los filos de la niñez para reventar en curvas”, p.29) sino también por la asunción de la realidad, por el desvelo de las mentiras asociadas a la niñez (para proteger, fundamentalmente), trabajo que en este caso realiza la hermana mayor, como tantas veces.
Tiempo de los personajes que en muchas ocasiones coincide con el tiempo de la historia de España, historias individuales de seres en mutación insertados en un país que también estaba viviendo su propio proceso de cambio, donde los pueblos ofrecían un maravilloso escenario, especialmente en verano, que alentaba el juego como le ocurre a la protagonista de “Las lilas blancas”.
No nos engañemos: desde nuestro presente, los vemos como seres raros, sin personalidad, influenciables, asociales o terriblemente sociales, empalagosos, apáticos... pero como dice Cernuda, y nunca deberíamos olvidar, “aquel fui, aquel fui, aquel he sido”.
Raúl Rubio Millares
lunes, septiembre 21, 2009
En días idénticos a nubes (XII)

jueves, julio 23, 2009
Poemas en blogs
Gracias también a Francisco López Pozo, que en su blog Poesía Visual convierte uno de los poemas de La alambrada, La velocidad del amor, en un movipoema que me encanta.
Y por último, gracias también a Miguel Ángel García, del blog El otro lado del espejo, donde recoge John Wayne cabalga sobre el arcoiris, un cuento de En días idénticos a nubes.
Lo dicho, a los tres, y a los administradores de algún otro blog que quizá se me escape de cuando en cuando, muchas gracias de corazón.
martes, julio 14, 2009
En días idénticos a nubes (XI)

En el número 14 de la Revista Narrativas, se publica el primer cuento de En días idénticos a nubes: "Adrianes y tristezas". También se puede leer, entre relatos y reseñas de otros autores, este texto que Carlos Manzano ha escrito a partir de su lectura de mi libro. Muchísimas gracias a Carlos y al resto de los que hacen esta cuidadísima revista.
"Pocos territorios literarios hay tan comprometidos y cenagosos como la adolescencia, época ardua y confusa por definición, donde se fraguan los grandes complejos y surgen las primeras y casi nunca superadas decepciones. Y ese es precisamente el territorio que Ana Pérez Cañamares aborda en este libro a través de los veintiún relatos que lo componen. Y hay que decir desde el principio que lo hace con éxito, con brillantez me atrevería a decir, gracias a una prosa meticulosa y aguda que penetra con agudeza los múltiples matices y las innumerables contradicciones que jalonan esta terrible etapa vital.
Ya desde el primer relato, que lleva por título «Adrianes y tristezas», queda de manifiesto el tiento con el que la autora se dispone a dar cuenta de los primeros zarpazos y resbalones que sus protagonistas dan en los albores de vida adulta, esa que, según dejó escrito el siempre genial Gil de Biedma, «va en serio». Los sentimientos extremos de la enamorada que se ve obligada a separarse de su novio a causa del paréntesis vacacional («Las lilas blancas») –sentimientos recién descubiertos y, por tanto, exorbitados y frágiles– o el descubrimiento casual de los viejos fantasmas familiares y de las heridas que aún sangran («El bikini rojo»), serán algunos de hitos adolescentes a los cuales tendremos acceso con toda gama de matices gracias a la mirada dúctil, comprensiva pero firme, poco dada a las falsas complacencias, de Pérez Cañamares.
No estamos en modo alguno ante un tratado de trastornos psicológicos ni de irresolubles dramas personales surgidos a consencuencia de la incomprensión del mundo adulto. Por el contrario, los personajes que pueblan este libro son conscientes de la distancia que separa su mundo individual y privado, su pathos temporal, de la subsiguiente fase adulta a la que se saben abocados; pero lo
aceptan y lo viven con naturalidad, sin rebeldías falsas e inútiles. Hay, como no podía ser de otra manera, desencanto y frustración, miedos y sinsentidos, barreras infranqueables que surgen inesperadamente y sueños desorbitados que nunca se cumplirán. Pero todo ello nos es contado con sencillez y desenvoltura, sin aspavientos innecesarios ni retóricas desusadas. Con esta premisa irá apareciendo la pléyade de adolescentes que con sus descubrimientos, sus dudas, sus anhelos y sus contradicciones van a protagonizar el libro y que darán lugar a un conjunto de historias que nos hablan de amores imposibles («Blanca»), oscuros («Mensajes en Morse») o prohibidos («Siestas con Susana»), de obsesiones incomprensibles y obsesivas («Tocarle la cara») o de amistades perpetuas a la luz de la luna («El sol de la noche»). No es sencillo destacar un solo relato por encima del conjunto; la prosa de Cañamares, en ocasiones brillante y siempre sensible, plena de hermosas imágenes, consigue que el lector transite sin problemas a través de la compleja selva existencial de sus protagonistas. No obstante, me atrevería a destacar dos relatos que, quizá por la extrema sutileza con que nos son presentados, merecerían tal vez una lectura más atenta: «La feria», donde se nos habla de la atracción irresistible por una mujer que acaba de escapar del cerco de la adolescencia y que representa, por tanto, para el protagonista la hembra llena de promesas y misterios que a partir de ese momento ya nunca dejará de fascinarle, y «Las dos hermanas», cuyas sugerentes imágenes nos ayudan a comprender con la misma mirada confundida de los hijos cierta turbia historia familiar, pródiga en secretos inconfesables y oscuros entresijos, que tal vez nunca terminará de resolverse.
En cualquier caso, Ana Pérez Cañamares nos ha brindado un excelente libro de relatos que, fruto también de su incitante y tentadora mirada poética (género en el que, por otra parte, ha publicado excelentes libros), nos ayuda a reencontrarnos con esa época que todos pasamos en su momento pero que muchas veces nos negamos a revisitar, como si nunca nos hubiésemos sentido perdidos en ese abismo profundo que separa la sobresaltada mirada infantil del malogrado mundo de los adultos."
© Carlos Manzano
http://www.carlosmanzano.net/
Por cierto, que este número tiene además los siguientes contenidos:
- Ensayo“Lo anterior” de Cristina Rivera Garza: novela como inquisición ficcionalizada, por Carmen Dolores
Carrillo Juárez
Revisiones a las narraciones históricas mexicanas en “Duerme” (1994) e “Isabel” (2000) de Carmen
Boullosa, por Rosana Blanco-Cano
La destrucción del idilio en la novela “El padre de Blancanieves” de Belén Gopegui: tiempo y espacio
en el idilio moderno, por Nerea Marco Reus
Los errores históricos de “Ivanhoe”, por Enrique García Díaz
Simbología animal en “La Celestina”, por Adrián Flor Martínez
- Relato
Adrianes y tristezas, por Ana Pérez Cañamares
Batir de alas, por Rosa Lozano Durán
El crimen, por Rosa Silverio
Dos Microrrelatos, por Adolfo Marchena/Luis Amézaga
El octavo día, por Jennifer Díaz Ruiz
Sombras chinas, por Horacio Lobos Luna
Malo, por Paul Medrano
Los días de ayer, por María Aixa Sanz
Film, por Luis Emel Topogenario
Menos los martes, por Arnoldo Rosas
Aurora de fuego, por Carlos Montuenga
Presentimiento, por Julio Blanco García
Tres cuentos donde aparece Dios, por Ricardo Bernal
Los libros y la noche, por Gabriel Urbina
Un fusil en la hojarasca, por Óscar Bribián
¡A escena, actores!, por Rolando Revagliatti
Crisis de fe, por Marc R. Soto
El éxodo final, por Sara Martínez
Estados opresivos, por Emilio Jio Gil
La pequeña, por Laura López Alfranca
Las casas se nos abrieron, por Carlos Santi
Miedo, por Pedro Bosqued
El puntal de la vida, por José Maria Morales
Dios es un trompetista negro, por José A. Lozano
Macedonia de frutas, por Marina Cano
En busca de la luz, por Blanca del Cerro
El asesino, por Pepe Pereza
La extraña, por Sergio Borao Llop
Constelaciones, por Ramiro Sanchiz
Correspondencia nicaragüense (II), por Berenice Noir
El desquite, por John Cuéllar
Monólogo de un mitómano, por Manuel Fons
Romance de dos vidas en puntos suspensivos, por Héctor Sánchez Minguillán
Amazonia, por Camilo Pequeño Silva
- Narradores
Miguel Mena
- Reseñas
“Anónimos” de Miguel Sanfeliú, por Rodolfo Notivol
“Stradivarius Rex” de Román Piña, por Carlos Manzano
“Los depravados príncipes de la vieja corte” de Mateiu E. Caragiale, por Pablo Lorente Muñoz
“Haz de luz” de Adriana Serlik, por Antonia de J. Corrales
“Balada de la guerra hermosa” de Eugenio Suárez-Galbán Guerra, por Gilmar Simoes
“Mirar al agua” de Javier Sáez de Ibarra, por Pablo Lorente Muñoz
“En días idénticos a nubes” de Ana Pérez Cañamares, por Carlos Manzano
“Mapa mudo” de Hilario J. Rodríguez, por Miguel Sanfeliu
“Papeles dispersos” de Carlos Castán, por Luis Borrás
“Yo, lo superfluo y el error” de Jorge Wagensberg, por Pablo Lorente Muñoz
“Aeropuerto de Funchal” de Ignacio Martínez de Pisón, por Luis Borrás
“Cómo hablar de los libros que no se han leído” de Pierre Bayard, por Pablo Lorente Muñoz
- Novedades editoriales
miércoles, julio 01, 2009
En días idénticos a nubes (X)

Gracias a Esteban Gutiérrez Gómez, BACO, que en su blog El laberinto de Noé, dedicado al cuento, hace una reseña de mis días idénticos a nubes que le agradezco muchísimo y que comienza así:
Este poema de Luis Cernuda es el preámbulo al libro de relatos de Ana Pérez Cañamares centrado sobre aquella edad en la que todos nos sentíamos algo perdidos entre tantos descubrimientos: la adolescencia.
El libro se publicó por primera vez en el año 2003 editado por Mileto, y ha sido una feliz idea su reedición por parte de Baile del Sol.
En días idénticos a nubes muestra una prosa cuidada, medida, nada ñoña al tratar un tema tan delicado como los sentimientos de los quinceañeros. Las historias que cuenta Ana Pérez Cañamares nos llevan de la mano a nuestra propia adolescencia en la que descubríamos los secretos de la vida que nos ocultaban los adultos. Esa complicidad del lector, máxime tratándose de cuentos bien formados, con finales abiertos muy del estilo de Cheever y Carver (pero a punto de despeñarse por el acantilado), hace de cada uno de los relatos una joya narrativa.
(seguir leyendo aquí)
miércoles, junio 17, 2009
En días idénticos a nubes (IX): Inma y yo

jueves, junio 04, 2009
En días idénticos a nubes (IX)

jueves, mayo 28, 2009
En días idénticos a nubes (VIII)

jueves, mayo 21, 2009
En días idénticos a nubes (VII)
En la revista La Insignia se publicó hace ya tiempo el cuento "Las dos hermanas", perteneciente a En días idénticos a nubes. Lo puedes leer aquí.miércoles, mayo 13, 2009
En días idénticos a nubes (VI)
José Ángel Barrueco, escritor y administrador del blog Escrito en el viento, presentó mi libro en una fría tarde de octubre en la biblioteca de Zamora, que se continuó en una fría noche y una fría madrugada por las calles y los bares. Para aquel acto, escribió un hermoso texto que reprodujo en una entrada de su blog que comienza de esta manera:Leí este libro hace años. Luego lo presenté en la Biblioteca Pública de Zamora. Sólo estaban cuatro amigos míos, las directoras del centro, algún curioso y un viejo que dormía al fondo (y no es broma), pero Ana hechizó a todos. Escribí un texto de presentación que luego se publicó en algún ejemplar del periódico gratuito Alma de Punk. Ayer, rebuscando entre mis papeles, lo encontré. Así que toca compartirlo; espero que motive a leer el libro de Ana a quienes aún no lo conozcan. Aquí va:
En algún lugar he encontrado una de las numerosas citas que definen ese período confuso de hallazgos y equívocos que conocemos con el nombre de adolescencia. Pertenece al escritor argentino Guillermo Martínez y dice así: “La edad de los absolutos, la edad de la contaminación necesaria, la edad en que se llora cuando los demás ríen y se ríe cuando los demás lloran”.
Ana Pérez Cañamares, partiendo de esa época de brillos y lágrimas, disecciona los traumas, las dudas, los amores, las pasiones, los naufragios propios del adolescente en éste su primer libro (cautivador, hermoso) de cuentos, “En días idénticos a nubes”, cuyo título es un préstamo del primer verso de un poema de Luis Cernuda que comienza diciendo: “Adolescente fui en días idénticos a nubes”. A la cita del poeta la acompaña una afirmación rotunda de Ramón Gómez de la Serna: “La adolescencia es cosa bárbara”.
´SE puede seguir leyendo esta entrada aquí.
miércoles, mayo 06, 2009
En días idénticos a nubes (V)

sábado, abril 25, 2009
Algo más sobre las nubes...

La autora elige un verso de Luis Cernuda (“Adolescente fui en días idénticos a nubes,…”) para titular este libro de cuentos sobre la adolescencia.
Pero no es un libro para adolescentes, aunque sus historias hablan de amor, de lealtad, de culpa y de pasiones primarias. Es una obra para los que desean recuperar el “tiempo mítico” de una recién estrenada juventud y verse retratados como los seres que fueron y que amaron.
jueves, abril 23, 2009
En días idénticos a nubes (III)
Tito Expósito, editor de Baile del Sol, le dedica una entrada a mi libro de relatos en su blog El editor Incandescente.miércoles, abril 15, 2009
En días idénticos a nubes (II)

En la página cultural Ojos de papel, se puede leer una breve reseña y uno de los cuentos que aparecen en el libro de relatos En días idénticos a nubes.