El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta

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viernes, junio 22, 2012

Una reseña sobre En días idénticos a nubes, libro de relatos de Ana Pérez Cañamares

Por Miguel Ángel Mala
Adolescente fui, en días idénticos a nubes…
Donde habite el olvido, Luis Cernuda
Hay pocos versos más acertados en la historia de la literatura, más eficaces y certeros, porque definen como un dardo conceptos escurridizos. Ana Pérez Cañamares aprovecha una parte del verso, la que define, para dar título a este conjunto de lienzos, de duración corta en general, donde caracteres enormemente atractivos actúan en situaciones cotidianas. Y sin embargo, consigue que dichas situaciones revistan un trasfondo simbólico y nos transporten a momentos de nuestra propia vida que podríamos recordar mucho tiempo después de haber cumplido los ochenta años, en los que los días eran idénticos a nubes pasajeras, nubes que se sucedían sin descanso, como si jamás fueran a dar a un fin, porque durante la infancia –y adolescencia- uno aún tiene la impresión de que va a vivir para siempre.
Asistimos a escenas llenas de vida y de inocencia, de amor o frustración o incomprensión o un comienzo de comprensión de cosas que antes resultaban remotas, desconocidas e inasibles. Y es en la mesura, en la maestría narrativa, en una deleitable ingenuidad, donde los cuentos de este libro me recuerdan al mejor Chéjov. Por su virtuosismo en aparentar no decir nada diciéndolo todo, por su sencillez, por sus destellos de humor suave y bien templado. Por su cotidianidad, por su genio.
En mi opinión, los personajes infantiles o adolescentes se resisten a ser modelados, pues aún no se han forjado del todo, están, por así decirlo, a medio hacer en muchos aspectos, y se caracterizan por una indefinición, un vacío de experiencia, un ansia por encontrar la identidad que no ayuda demasiado a la hora de crear personajes con fuerza y autonomía. Sin embargo, si se sabe poner el acento en la forma en que se busca esa identidad, en la energía que desprenden y su práctica carencia de prejuicios, se pueden llegar a trazar las líneas de personajes poderosos, al igual que los mejores realistas del XIX, por ejemplo Dickens con esos niños tan auténticos de Oliver TwistDavid Copperfield o Grandes esperanzas.
Quizás también me recuerde a Carver, por supuesto, porque casi nadie ha sabido como él poner un corazón latiendo sobre una mesa, un corazón humano despojado del resto del cuerpo, reducido a su esencia, a su sentir primordial y definitivo, en situaciones del día a día, y hacernos sufrir o alegrarnos o compadecernos o madurar con las vivencias de otros. Como cuando, en «Caballos en la niebla», la mujer y el hombre se pelean con la certeza de que su matrimonio se ha ido a pique y nada será capaz de remediarlo. Y esos caballos en la niebla, esos caballos que surgen de la nada, como apariciones fantasmales o símbolos lorquianos de un destino de lo menos trágico, convierten sus problemas en detalles de un mundo lejano, al lado de aquella visión, de los caballos perdidos en la niebla pastando mansamente a la puerta de la casa de campo, agitando crines y cabezas peludas en tanto que devoran con meticulosidad los brotes tiernos de la hierba en medio de la noche. Algo así es el celofán del personaje Mario, de ese niño que superpone tiras de colores a una televisión para que John Wayne cabalgue sobre el arco iris. Algo así como caballos en la niebla que perfuman con su naturaleza de sueño el blanco y negro de la realidad cotidiana. Doy gracias a la autora, Ana Pérez Cañamares, por haber escrito esta maravilla.
(Texto extraído de la página Factor Crítico. !Mil gracias!)

viernes, enero 22, 2010

En días idénticos a nubes (XIII)


Muchas gracias a Raúl Rubio Millares, que en la página La biblioteca imaginaria, hace esta reseña de En días idénticos a nubes.



Según el DRAE, “adolescencia” es la ‘edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo’. En Wikipedia nos dicen que es un ‘continuo crecimiento de la existencia de los jovenes, en donde se realiza la transición entre el infante o niño de edad escolar y el adulto [...] La adolescencia es un fenómeno biológico, cultural y social, por lo tanto sus límites no se asocian solamente a características físicas”. Para Luis Cernuda fue una época de días idénticos a nubes.



Sobre este verso del poeta sevillano se apoya Ana Pérez Cañamares para retrotaernos, con sus relatos, a esta etapa por la que todos hemos pasado. Y nos reconocemos, esas rabietas típicas de todo o nada, ese situarse al filo del abismo, creyendo que al siguiente paso caeriamos en picado sin marcha atrás. Años de amores destructores, de egoísmo (a posteriori, porque en el momento no creemos que exista nada más que nosotros).



Los relatos de «En días idénticos a nubes» tocan los temas paradigmáticos, eternos, de la adolescencia: desde las relaciones familiares (con hermanos, padres, tías) a las relaciones con los amigos, las primeras experiencias con las drogas o el sexo, las relaciones con uno mismo y con ese cuerpo que no para de cambiar.



Un relato que marca perfectamente esa bisagra es “El biquini rojo”, no solo por las transformaciones físicas (“la transformación latente estaba en su cuerpo pálido y larguirucho, que quizás se decidiría por fin a dejar las aristas y los filos de la niñez para reventar en curvas”, p.29) sino también por la asunción de la realidad, por el desvelo de las mentiras asociadas a la niñez (para proteger, fundamentalmente), trabajo que en este caso realiza la hermana mayor, como tantas veces.



Tiempo de los personajes que en muchas ocasiones coincide con el tiempo de la historia de España, historias individuales de seres en mutación insertados en un país que también estaba viviendo su propio proceso de cambio, donde los pueblos ofrecían un maravilloso escenario, especialmente en verano, que alentaba el juego como le ocurre a la protagonista de “Las lilas blancas”.



No nos engañemos: desde nuestro presente, los vemos como seres raros, sin personalidad, influenciables, asociales o terriblemente sociales, empalagosos, apáticos... pero como dice Cernuda, y nunca deberíamos olvidar, “aquel fui, aquel fui, aquel he sido”.



Raúl Rubio Millares

lunes, septiembre 21, 2009

En días idénticos a nubes (XII)


El periodista Manuel Garrido Palacios publica una reseña en su blog y en el diario Odiel, de Huelva, sobre mi libro de relatos, En días idénticos a nubes. Se lo agradezco mucho, y en especial que comience su artículo nombrando a un escritor de relatos al que admiro mucho:


Cree el escritor Hipólito G. Navarro que los novelistas se equivocan cuando dicen que escriben cuentos para descansar de las largas travesías literarias. Se equivocan, es cierto. Aparte de ejemplos notorios en los que se ha recurrido a rellenar huecos con descripciones prestadas para conseguir el número de páginas deseado porque se quedaban a medio camino, lo verdaderamente difícil es contar una historia en tres folios, en dos, en uno, en cuatro renglones sin que la esencia se diluya alargando los tiempos hasta hacer cansino el andar entre palabras.


(para seguir leyendo aquí)

jueves, julio 23, 2009

Poemas en blogs

Gracias a Batania, el poeta neorrabioso, por colgar en su blog un poema de La alambrada. De paso, recomiendo su estupendo blog.

Gracias también a Francisco López Pozo, que en su blog Poesía Visual convierte uno de los poemas de La alambrada, La velocidad del amor, en un movipoema que me encanta.

Y por último, gracias también a Miguel Ángel García, del blog El otro lado del espejo, donde recoge John Wayne cabalga sobre el arcoiris, un cuento de En días idénticos a nubes.

Lo dicho, a los tres, y a los administradores de algún otro blog que quizá se me escape de cuando en cuando, muchas gracias de corazón.

martes, julio 14, 2009

En días idénticos a nubes (XI)



En el número 14 de la Revista Narrativas, se publica el primer cuento de En días idénticos a nubes: "Adrianes y tristezas". También se puede leer, entre relatos y reseñas de otros autores, este texto que Carlos Manzano ha escrito a partir de su lectura de mi libro. Muchísimas gracias a Carlos y al resto de los que hacen esta cuidadísima revista.

"Pocos territorios literarios hay tan comprometidos y cenagosos como la adolescencia, época ardua y confusa por definición, donde se fraguan los grandes complejos y surgen las primeras y casi nunca superadas decepciones. Y ese es precisamente el territorio que Ana Pérez Cañamares aborda en este libro a través de los veintiún relatos que lo componen. Y hay que decir desde el principio que lo hace con éxito, con brillantez me atrevería a decir, gracias a una prosa meticulosa y aguda que penetra con agudeza los múltiples matices y las innumerables contradicciones que jalonan esta terrible etapa vital.


Ya desde el primer relato, que lleva por título «Adrianes y tristezas», queda de manifiesto el tiento con el que la autora se dispone a dar cuenta de los primeros zarpazos y resbalones que sus protagonistas dan en los albores de vida adulta, esa que, según dejó escrito el siempre genial Gil de Biedma, «va en serio». Los sentimientos extremos de la enamorada que se ve obligada a separarse de su novio a causa del paréntesis vacacional («Las lilas blancas») –sentimientos recién descubiertos y, por tanto, exorbitados y frágiles– o el descubrimiento casual de los viejos fantasmas familiares y de las heridas que aún sangran («El bikini rojo»), serán algunos de hitos adolescentes a los cuales tendremos acceso con toda gama de matices gracias a la mirada dúctil, comprensiva pero firme, poco dada a las falsas complacencias, de Pérez Cañamares.


No estamos en modo alguno ante un tratado de trastornos psicológicos ni de irresolubles dramas personales surgidos a consencuencia de la incomprensión del mundo adulto. Por el contrario, los personajes que pueblan este libro son conscientes de la distancia que separa su mundo individual y privado, su pathos temporal, de la subsiguiente fase adulta a la que se saben abocados; pero lo
aceptan y lo viven con naturalidad, sin rebeldías falsas e inútiles. Hay, como no podía ser de otra manera, desencanto y frustración, miedos y sinsentidos, barreras infranqueables que surgen inesperadamente y sueños desorbitados que nunca se cumplirán. Pero todo ello nos es contado con sencillez y desenvoltura, sin aspavientos innecesarios ni retóricas desusadas. Con esta premisa irá apareciendo la pléyade de adolescentes que con sus descubrimientos, sus dudas, sus anhelos y sus contradicciones van a protagonizar el libro y que darán lugar a un conjunto de historias que nos hablan de amores imposibles («Blanca»), oscuros («Mensajes en Morse») o prohibidos («Siestas con Susana»), de obsesiones incomprensibles y obsesivas («Tocarle la cara») o de amistades perpetuas a la luz de la luna («El sol de la noche»). No es sencillo destacar un solo relato por encima del conjunto; la prosa de Cañamares, en ocasiones brillante y siempre sensible, plena de hermosas imágenes, consigue que el lector transite sin problemas a través de la compleja selva existencial de sus protagonistas. No obstante, me atrevería a destacar dos relatos que, quizá por la extrema sutileza con que nos son presentados, merecerían tal vez una lectura más atenta: «La feria», donde se nos habla de la atracción irresistible por una mujer que acaba de escapar del cerco de la adolescencia y que representa, por tanto, para el protagonista la hembra llena de promesas y misterios que a partir de ese momento ya nunca dejará de fascinarle, y «Las dos hermanas», cuyas sugerentes imágenes nos ayudan a comprender con la misma mirada confundida de los hijos cierta turbia historia familiar, pródiga en secretos inconfesables y oscuros entresijos, que tal vez nunca terminará de resolverse.


En cualquier caso, Ana Pérez Cañamares nos ha brindado un excelente libro de relatos que, fruto también de su incitante y tentadora mirada poética (género en el que, por otra parte, ha publicado excelentes libros), nos ayuda a reencontrarnos con esa época que todos pasamos en su momento pero que muchas veces nos negamos a revisitar, como si nunca nos hubiésemos sentido perdidos en ese abismo profundo que separa la sobresaltada mirada infantil del malogrado mundo de los adultos."


© Carlos Manzano
http://www.carlosmanzano.net/

Por cierto, que este número tiene además los siguientes contenidos:

- Ensayo
“Lo anterior” de Cristina Rivera Garza: novela como inquisición ficcionalizada, por Carmen Dolores
Carrillo Juárez
Revisiones a las narraciones históricas mexicanas en “Duerme” (1994) e “Isabel” (2000) de Carmen
Boullosa, por Rosana Blanco-Cano
La destrucción del idilio en la novela “El padre de Blancanieves” de Belén Gopegui: tiempo y espacio
en el idilio moderno, por Nerea Marco Reus
Los errores históricos de “Ivanhoe”, por Enrique García Díaz
Simbología animal en “La Celestina”, por Adrián Flor Martínez

- Relato
Adrianes y tristezas, por Ana Pérez Cañamares
Batir de alas, por Rosa Lozano Durán
El crimen, por Rosa Silverio
Dos Microrrelatos, por Adolfo Marchena/Luis Amézaga
El octavo día, por Jennifer Díaz Ruiz
Sombras chinas, por Horacio Lobos Luna
Malo, por Paul Medrano
Los días de ayer, por María Aixa Sanz
Film, por Luis Emel Topogenario
Menos los martes, por Arnoldo Rosas
Aurora de fuego, por Carlos Montuenga
Presentimiento, por Julio Blanco García
Tres cuentos donde aparece Dios, por Ricardo Bernal
Los libros y la noche, por Gabriel Urbina
Un fusil en la hojarasca, por Óscar Bribián
¡A escena, actores!, por Rolando Revagliatti
Crisis de fe, por Marc R. Soto
El éxodo final, por Sara Martínez
Estados opresivos, por Emilio Jio Gil
La pequeña, por Laura López Alfranca
Las casas se nos abrieron, por Carlos Santi
Miedo, por Pedro Bosqued
El puntal de la vida, por José Maria Morales
Dios es un trompetista negro, por José A. Lozano
Macedonia de frutas, por Marina Cano
En busca de la luz, por Blanca del Cerro
El asesino, por Pepe Pereza
La extraña, por Sergio Borao Llop
Constelaciones, por Ramiro Sanchiz
Correspondencia nicaragüense (II), por Berenice Noir
El desquite, por John Cuéllar
Monólogo de un mitómano, por Manuel Fons
Romance de dos vidas en puntos suspensivos, por Héctor Sánchez Minguillán
Amazonia, por Camilo Pequeño Silva

- Narradores
Miguel Mena

- Reseñas
“Anónimos” de Miguel Sanfeliú, por Rodolfo Notivol
“Stradivarius Rex” de Román Piña, por Carlos Manzano
“Los depravados príncipes de la vieja corte” de Mateiu E. Caragiale, por Pablo Lorente Muñoz
“Haz de luz” de Adriana Serlik, por Antonia de J. Corrales
“Balada de la guerra hermosa” de Eugenio Suárez-Galbán Guerra, por Gilmar Simoes
“Mirar al agua” de Javier Sáez de Ibarra, por Pablo Lorente Muñoz
“En días idénticos a nubes” de Ana Pérez Cañamares, por Carlos Manzano
“Mapa mudo” de Hilario J. Rodríguez, por Miguel Sanfeliu
“Papeles dispersos” de Carlos Castán, por Luis Borrás
“Yo, lo superfluo y el error” de Jorge Wagensberg, por Pablo Lorente Muñoz
“Aeropuerto de Funchal” de Ignacio Martínez de Pisón, por Luis Borrás
“Cómo hablar de los libros que no se han leído” de Pierre Bayard, por Pablo Lorente Muñoz

- Novedades editoriales

miércoles, julio 01, 2009

En días idénticos a nubes (X)



Gracias a Esteban Gutiérrez Gómez, BACO, que en su blog El laberinto de Noé, dedicado al cuento, hace una reseña de mis días idénticos a nubes que le agradezco muchísimo y que comienza así:

Este poema de Luis Cernuda es el preámbulo al libro de relatos de Ana Pérez Cañamares centrado sobre aquella edad en la que todos nos sentíamos algo perdidos entre tantos descubrimientos: la adolescencia.

El libro se publicó por primera vez en el año 2003 editado por Mileto, y ha sido una feliz idea su reedición por parte de Baile del Sol.

En días idénticos a nubes muestra una prosa cuidada, medida, nada ñoña al tratar un tema tan delicado como los sentimientos de los quinceañeros. Las historias que cuenta Ana Pérez Cañamares nos llevan de la mano a nuestra propia adolescencia en la que descubríamos los secretos de la vida que nos ocultaban los adultos. Esa complicidad del lector, máxime tratándose de cuentos bien formados, con finales abiertos muy del estilo de Cheever y Carver (pero a punto de despeñarse por el acantilado), hace de cada uno de los relatos una joya narrativa.

(seguir leyendo aquí)

miércoles, junio 17, 2009

En días idénticos a nubes (IX): Inma y yo


El día 28 de mayo presentamos Inma Luna y yo nuestros libros de relatos, Las mujeres no tienen que marchar con ajos su corazón en el mortero, y En días idénticos a nubes. Inma llegó algo apurada porque por el camino se encontró con un enorme atasco. Pero Inma no perdió el tiempo, sino que llegó a la Casa del Libro con este texto que escribió entre sonidos de claxon. Un texto dedicado a mi libro. Mientras ella lo leía en voz alta delante de todos los que se habían acercado a la presentación, confieso que tuve que hacer esfuerzos para no darle un abrazo y levantarla en volandas.


Leí el libro de Ana en su anterior edición, lo leí de un tirón. Me confirmó todo lo que ya sabía de ella, cómo es capaz de acercase a la ternura situándose en el extremo opuesto a la cursilería.
Estos relatos hablan de una época de la vida digna también de ser contemplada con ternura, una época en la que nos sentimos capaces de comernos el mundo y, a la vez, tan vulnerables que tememos que en cualquier momento sea el mundo el que nos pueda comer a nosotros.
Ana sabe hablar de todo eso, de los primeros amores, los desengaños, las cosas que los mayores nos ocultan para evitarnos sufrimiento, la amistad como valor supremo…
Ana y yo somos madres de adolescentes. Las dos sabemos bien el dolor y el placer que son capaces de proporcionar.
Los relatos de En días idénticos a nubes rascan, nos hacen recordarnos, reconocernos, r
econciliarnos con aquéllas que fuimos.
Es un libro lleno de luz, como es todo lo que Ana toca, lo que Ana escribe, lleno de luz y de corazón.

Yo de Inma también puedo decir muchas cosas: que me emocionan sus poemas, que me río con ella, que me sorprenden nuestras vidas paralelas... pero hoy las voy a resumir en una: ¿Sabes qué, Inma? Que te quiero mucho.

jueves, junio 04, 2009

En días idénticos a nubes (IX)


Gracias a José Ángel Barrueco, que recoge en su blog Escrito en el viento, uno de los relatos breves que forma parte del libro. Puede leerse aquí.

jueves, mayo 28, 2009

En días idénticos a nubes (VIII)


Aquí puedes leer el cuento "La amiga de mamá", que ha sido incluido en esta nueva edición de En días idénticos a nubes.

jueves, mayo 21, 2009

En días idénticos a nubes (VII)

En la revista La Insignia se publicó hace ya tiempo el cuento "Las dos hermanas", perteneciente a En días idénticos a nubes. Lo puedes leer aquí.

miércoles, mayo 13, 2009

En días idénticos a nubes (VI)

José Ángel Barrueco, escritor y administrador del blog Escrito en el viento, presentó mi libro en una fría tarde de octubre en la biblioteca de Zamora, que se continuó en una fría noche y una fría madrugada por las calles y los bares. Para aquel acto, escribió un hermoso texto que reprodujo en una entrada de su blog que comienza de esta manera:

Leí este libro hace años. Luego lo presenté en la Biblioteca Pública de Zamora. Sólo estaban cuatro amigos míos, las directoras del centro, algún curioso y un viejo que dormía al fondo (y no es broma), pero Ana hechizó a todos. Escribí un texto de presentación que luego se publicó en algún ejemplar del periódico gratuito Alma de Punk. Ayer, rebuscando entre mis papeles, lo encontré. Así que toca compartirlo; espero que motive a leer el libro de Ana a quienes aún no lo conozcan. Aquí va:
En algún lugar he encontrado una de las numerosas citas que definen ese período confuso de hallazgos y equívocos que conocemos con el nombre de adolescencia. Pertenece al escritor argentino Guillermo Martínez y dice así: “La edad de los absolutos, la edad de la contaminación necesaria, la edad en que se llora cuando los demás ríen y se ríe cuando los demás lloran”.


Ana Pérez Cañamares, partiendo de esa época de brillos y lágrimas, disecciona los traumas, las dudas, los amores, las pasiones, los naufragios propios del adolescente en éste su primer libro (cautivador, hermoso) de cuentos, “En días idénticos a nubes”, cuyo título es un préstamo del primer verso de un poema de Luis Cernuda que comienza diciendo: “Adolescente fui en días idénticos a nubes”. A la cita del poeta la acompaña una afirmación rotunda de Ramón Gómez de la Serna: “La adolescencia es cosa bárbara”.


´SE puede seguir leyendo esta entrada aquí.

miércoles, mayo 06, 2009

En días idénticos a nubes (V)


Para la primera edición de En días idénticos a nubes, el escritor Miguel Baquero me entrevistó para la página cultural Literaturas.com. La entrevista comienza así:
En días idénticos a nubes, un verso extraído de un poema de Luis Cernuda, es el título del primer libro de Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968), colaboradora habitual de esta revista y autora que ya ha participado, como cuentista, en varias antologías. Publicado por la editorial Mileto, de Madrid, En días idénticos a nubes reúne una veintena de cuentos centrados en el tema de la adolescencia, esa época que tanto acostumbra a idealizarse pero que en realidad, y podemos dar fe todos los que hemos pasado por ella, es una época terrible, llena de dudas, complejos y zozobras, una edad que nos marca (nos afianza o nos arruina) para siempre. Decía Gregorio Marañón que "toda la vida seremos lo que seamos capaces de ser desde jóvenes", en esos años, añade, "de la santa rebeldía".
Ana Pérez Cañamares, armada de un estilo rico y bello, y de una visión de su alrededor rebosante de sensibilidad, se lanza en esta su pequeño, humilde, pero enorme libro de cuentos a explorar ese tramo de la experiencia humana, cuando con un asombro infinito vamos abriendo los ojos a la realidad. Lejos de los tópicos, de las frases hechas, de las historias remanidas, lejos a partes iguales de la exaltación juvenil y estupidizante a lo Disney y de la visión catastrofista y traumatizada, Ana Pérez Cañamares arma sus retazos de vida con el único apoyo de la sinceridad, la honradez y el deseo de describir la adolescencia como realmente es.
Aquí podéis leer la entrevista.

sábado, abril 25, 2009

Algo más sobre las nubes...


En días idénticos a nubes. Ana Pérez Cañamares.M-94. Narrativa. 2009. ISBN: 978-84-92528-24-0. Rústica. 128 págs. 10 €

La autora elige un verso de Luis Cernuda (“Adolescente fui en días idénticos a nubes,…”) para titular este libro de cuentos sobre la adolescencia.
Pero no es un libro para adolescentes, aunque sus historias hablan de amor, de lealtad, de culpa y de pasiones primarias. Es una obra para los que desean recuperar el “tiempo mítico” de una recién estrenada juventud y verse retratados como los seres que fueron y que amaron.

jueves, abril 23, 2009

En días idénticos a nubes (III)

Tito Expósito, editor de Baile del Sol, le dedica una entrada a mi libro de relatos en su blog El editor Incandescente.

miércoles, abril 15, 2009

En días idénticos a nubes (II)


En la página cultural Ojos de papel, se puede leer una breve reseña y uno de los cuentos que aparecen en el libro de relatos En días idénticos a nubes.