
POÉTICA




En el número 14 de la Revista Narrativas, se publica el primer cuento de En días idénticos a nubes: "Adrianes y tristezas". También se puede leer, entre relatos y reseñas de otros autores, este texto que Carlos Manzano ha escrito a partir de su lectura de mi libro. Muchísimas gracias a Carlos y al resto de los que hacen esta cuidadísima revista.
"Pocos territorios literarios hay tan comprometidos y cenagosos como la adolescencia, época ardua y confusa por definición, donde se fraguan los grandes complejos y surgen las primeras y casi nunca superadas decepciones. Y ese es precisamente el territorio que Ana Pérez Cañamares aborda en este libro a través de los veintiún relatos que lo componen. Y hay que decir desde el principio que lo hace con éxito, con brillantez me atrevería a decir, gracias a una prosa meticulosa y aguda que penetra con agudeza los múltiples matices y las innumerables contradicciones que jalonan esta terrible etapa vital.
Ya desde el primer relato, que lleva por título «Adrianes y tristezas», queda de manifiesto el tiento con el que la autora se dispone a dar cuenta de los primeros zarpazos y resbalones que sus protagonistas dan en los albores de vida adulta, esa que, según dejó escrito el siempre genial Gil de Biedma, «va en serio». Los sentimientos extremos de la enamorada que se ve obligada a separarse de su novio a causa del paréntesis vacacional («Las lilas blancas») –sentimientos recién descubiertos y, por tanto, exorbitados y frágiles– o el descubrimiento casual de los viejos fantasmas familiares y de las heridas que aún sangran («El bikini rojo»), serán algunos de hitos adolescentes a los cuales tendremos acceso con toda gama de matices gracias a la mirada dúctil, comprensiva pero firme, poco dada a las falsas complacencias, de Pérez Cañamares.
No estamos en modo alguno ante un tratado de trastornos psicológicos ni de irresolubles dramas personales surgidos a consencuencia de la incomprensión del mundo adulto. Por el contrario, los personajes que pueblan este libro son conscientes de la distancia que separa su mundo individual y privado, su pathos temporal, de la subsiguiente fase adulta a la que se saben abocados; pero lo
aceptan y lo viven con naturalidad, sin rebeldías falsas e inútiles. Hay, como no podía ser de otra manera, desencanto y frustración, miedos y sinsentidos, barreras infranqueables que surgen inesperadamente y sueños desorbitados que nunca se cumplirán. Pero todo ello nos es contado con sencillez y desenvoltura, sin aspavientos innecesarios ni retóricas desusadas. Con esta premisa irá apareciendo la pléyade de adolescentes que con sus descubrimientos, sus dudas, sus anhelos y sus contradicciones van a protagonizar el libro y que darán lugar a un conjunto de historias que nos hablan de amores imposibles («Blanca»), oscuros («Mensajes en Morse») o prohibidos («Siestas con Susana»), de obsesiones incomprensibles y obsesivas («Tocarle la cara») o de amistades perpetuas a la luz de la luna («El sol de la noche»). No es sencillo destacar un solo relato por encima del conjunto; la prosa de Cañamares, en ocasiones brillante y siempre sensible, plena de hermosas imágenes, consigue que el lector transite sin problemas a través de la compleja selva existencial de sus protagonistas. No obstante, me atrevería a destacar dos relatos que, quizá por la extrema sutileza con que nos son presentados, merecerían tal vez una lectura más atenta: «La feria», donde se nos habla de la atracción irresistible por una mujer que acaba de escapar del cerco de la adolescencia y que representa, por tanto, para el protagonista la hembra llena de promesas y misterios que a partir de ese momento ya nunca dejará de fascinarle, y «Las dos hermanas», cuyas sugerentes imágenes nos ayudan a comprender con la misma mirada confundida de los hijos cierta turbia historia familiar, pródiga en secretos inconfesables y oscuros entresijos, que tal vez nunca terminará de resolverse.
En cualquier caso, Ana Pérez Cañamares nos ha brindado un excelente libro de relatos que, fruto también de su incitante y tentadora mirada poética (género en el que, por otra parte, ha publicado excelentes libros), nos ayuda a reencontrarnos con esa época que todos pasamos en su momento pero que muchas veces nos negamos a revisitar, como si nunca nos hubiésemos sentido perdidos en ese abismo profundo que separa la sobresaltada mirada infantil del malogrado mundo de los adultos."
© Carlos Manzano
http://www.carlosmanzano.net/
Por cierto, que este número tiene además los siguientes contenidos:
- Ensayo


Gracias a Esteban Gutiérrez Gómez, BACO, que en su blog El laberinto de Noé, dedicado al cuento, hace una reseña de mis días idénticos a nubes que le agradezco muchísimo y que comienza así:
Este poema de Luis Cernuda es el preámbulo al libro de relatos de Ana Pérez Cañamares centrado sobre aquella edad en la que todos nos sentíamos algo perdidos entre tantos descubrimientos: la adolescencia.
El libro se publicó por primera vez en el año 2003 editado por Mileto, y ha sido una feliz idea su reedición por parte de Baile del Sol.
En días idénticos a nubes muestra una prosa cuidada, medida, nada ñoña al tratar un tema tan delicado como los sentimientos de los quinceañeros. Las historias que cuenta Ana Pérez Cañamares nos llevan de la mano a nuestra propia adolescencia en la que descubríamos los secretos de la vida que nos ocultaban los adultos. Esa complicidad del lector, máxime tratándose de cuentos bien formados, con finales abiertos muy del estilo de Cheever y Carver (pero a punto de despeñarse por el acantilado), hace de cada uno de los relatos una joya narrativa.
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