El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta

jueves, julio 02, 2009

La pareja en la creación

Este es el texto que leí en la Macedonia caprichosa de autores, dentro de los actos de la Semana del Orgullo Gay en Madrid, como preámbulo a la lectura de mis poemas por la actriz María García (gracias). El tema era "la creación en pareja, la pareja en la creación".

“El instante en que un sentimiento penetra el cuerpo, es político”
Adrienne Rich


Hay personas, entre las que me incluyo, para las que empezar una tarea no es difícil. Comenzar una relación de pareja, por ejemplo, o encontrar los primeros versos de un poema. La ilusión de la novedad, el impulso del arranque –toda esa pasión que hemos identificado con lo nuevo- hacen que el esfuerzo de crear algo valga la pena, incluso que no sea un esfuerzo, sino un subidón de energía, un placer ineludible, un privilegio.

A este tipo de personas, lo que nos cuesta es estructurar, mantener, conservar, encontrar un sentido más allá del impulso creativo. Por eso, cuando me encontré con que tenía escritos un montón de poemas y tuve que ponerme a armar un libro, me costó mucho darle una estructura, encontrar un hilo que lo sostuviera, una razón que lo justificara; finalmente, opté por una construcción sencilla, casi obvia: el libro se estructuró en tres partes que se llamaron 3 -2 -1. En la parte llamada 3 se recogían los poemas que hablaban de la trinidad que formamos mi madre, mi hija y yo; es decir, los poemas que trataban de los orígenes, de las raíces, de la herencia espiritual y familiar. La última parte, la llamada 1, hablaba de mí, como persona, como poeta, en soledad, frente al mundo y en el mundo. Como mirar mi reflejo en el cristal de la ventana, mientras seguía viendo lo que hay en el exterior. Y la parte central, la llamada 2, la formarían los poemas que hablan de mi pareja, de mi amor.

No es difícil encontrar poemas que hablen del amor romántico, de los primeros momentos, de la pasión. Tampoco es difícil escribirlos. Porque vivimos en una sociedad en la que amores ideales e irreales se glorifican y se nos venden a cada instante en anuncios, películas, canciones; y en la que sin embargo el amor de cada día casi no tiene lugar, se le pone en peligro con mil y un problemas, se da por hecho aunque se nos rompa entre las manos, se relega a la esfera de lo privado como si fuera algo vergonzoso, o feo, o inapreciable. Y así nos es difícil aprender, compartir con los demás lo que no es deslumbramiento, sino trabajo.

Para mi asombro, en estos poemas yo, por primera vez, me encontraba hablando de un amor sólido, estable, una vez superada esa fase inicial del noviazgo, de la ilusión, de lo nuevo, de la pura creación. Estaba poetizando la cotidianidad del amor.

La forma en que yo he llegado a entender la escritura de poesía es con total honestidad, con una sinceridad desnuda y compasiva a la vez, en la medida de mis posibilidades. Y para eso una ha de tener la complicidad del otro, su consentimiento al menos. Porque hablar de la pareja conlleva para mí airear su intimidad. Decir esto somos, así de frágiles, así de fuertes, así de humanos. Se trata de celebrar la intimidad, aunque para ello haya que exponerla, y por lo tanto, traicionarla.

Casi todo el que ha estado en pareja, sabe que el 2, el número de la pareja, tanto en sus inicios como en su continuación, lo hemos entendido como una estructura que tiende a girar en círculos, a tragarnos como un remolino, nos insta a fundirnos. El primer paso esencial al escribir sobre la pareja de la que formo parte es dar un paso atrás, retirarse para observar, reflexionar, hacer balance, echar cuentas. Y entonces ese dos se ve como lo que realmente es o debería ser: una suma de uno más uno. En los poemas yo intento observar los sumandos y al resultado de su suma, para que esta operación no sea una inercia, algo aprendido de memoria, sino un lugar en el que se elige estar. Una suma en la que tanto uno como otro pueden mirar hacia atrás y hacerse cargo de la historia que les ha traído hasta aquí, para saber por qué hemos venido y por qué no queremos irnos. Un recordatorio de que el amor es un camino que hemos recorrido solos y con otros, y que ahora compartirmos él y yo.

El paisaje que se ve a veces es el de una fiesta, un homenaje a la lucha y el esfuerzo por construir ese amor a diario.

En otras ocasiones, es el escenario de una guerra, porque a veces nos masacramos, porque exigimos más a quien está de nuestra parte, a ése que otros nos devuelven rendido, cansado, más viejo, después de otras peleas diarias que no tienen nada que ver con el amor. Y el poema entonces habla de un fracaso que reclama perdón por su ignorancia y su debilidad.

Los poemas son también documentos notariales que dan fe de la pequeña revolución que se da en cada casa cuando escapamos a los ejercicios de poder, de la crueldad, del autoritarismo, de la manipulación. El relato de una confesión y de una pequeña conquista. Un reparto continuo con justicia poética: esto es tuyo, esto es mío, esto es nuestro. Una manera de decir: ¿veis? tampoco nosotros somos perfectos, pero aquí seguimos, y este logro de permanecer es hijo nuestro.
Es como hablar conmigo y a la vez con él sin que él esté presente, y hablar de él y de nosotros para todos, como si este amor fuera una lucha y una victoria colectivas.
Y por último, para mí los poemas son el espacio en que yo celebro el fin de una batalla personal. Porque en un momento dado, yo, como muchos de los que pensábamos que valíamos sólo para los comienzos, he llegado a conocer a alguien, y a pesar de conocerlo, amarlo (y aceptar que él, a pesar de conocerme, me ame). Y gracias a él he conseguido atravesar las apariencias, las mentiras bonitas que nos contamos, el deslumbramiento de la novedad, para seguir creando con materiales ya no tan relucientes. He logrado apreciar la infinita ternura de las frases cotidianas: ¿qué hay para comer mañana? ¿dónde has dejado mis llaves? ¿has bajado la basura?

Porque todo: basura, llaves, comida, las sábanas blancas pero también la colada: todo forma parte del amor, y por tanto, de la poesía.
ANA PÉREZ CAÑAMARES

5 comentarios:

Mikkis dijo...

Supe de tu poesía casualmente, por un periódico o revista que ahora no recuerdo. Lo que leí, me llevo a buscar en la red y dar con el alma disponible.
Tu entrada de hoy es balsámica para mi. Me ha permitido hacer justo lo que dices: dar un paso atrás y mirarme/mirarnos. Y en tus palabras, recuerdo las de mi pareja que son muy parecidas. Y también, tantas veces, difíciles de llevar a cabo.
Miquel A.G. (Mikkis)

http://arboldesecretos.blogspot.com/

Niña sandía dijo...

He llegado a ti a través de él. El motor del número 2 de mi poesía de vida.
Tras la lectura, ora honesta, ora oculta entre las montañas de papeles de la cotidianidad laboral, entiendo por qué él me llevo a conocerte (poco, un poco...).
Leerte me ha hecho recapacitar. Sentirme calma. Y en estos momentos, tus letres han sido tan bienvenidas como la lluvia en primavera.
¡Gracias!
http://sonrisasandia.blogspot.com/

Manuel Márquez dijo...

Qué hermoso texto, compa Ana,y qué bella y sencilla manera de explicar algo tan simple, y, a la vez, tan complicado; una reflexión que pocas veces nos hacemos, bien te consta. Gracias por el "ejercicio"...

Un fuerte abrazo desde esta caldera hirviendo...

Arruillo dijo...

Con esa forma de ver las cosas no me extraña que tu poesía corra con fluidez. Hermoso texto del que todos tenemos que aprender, del que de alguna manera podemos participar y buena forma de resolver esa indecisión del comienzo, de llegar a ese 1,2,3.
¡Que siga el manantial de tinta!
Un beso

mi casa es digna dijo...

Una reflexión muy propia de ti, digna sin duda, como digna es mi casa en ruinas.