El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta

lunes, abril 30, 2007

Poema de David Franco Monthiel

Hoy leo, en el blog del poeta David Franco Monthiel, un poema que me ha gustado mucho. Podéis leerlo aquí.

Poema de Ángela Figuera Aymerich

BELLEZA CRUEL

Dadme un espeso corazón de barro,
dadme unos ojos de diamante enjuto,
boca de amianto, congeladas venas,
duras espaldas que acaricie el aire.
Quiero dormir a gusto cada noche.
Quiero cantar a estilo de jilguero.
Quiero vivir y amar sin que me pese
ese saber y oír y darme cuenta;
este mirar a diario de hito en hito
todo el revés atroz de la medalla.
Quiero reír al sol sin que me asombre
que este existir de balde, sobreviva,
con tanta muerte suelta por las calles.

Quiero cruzar alegre entre la gente
sin que me cause miedo la mirada
de los que labran la tierra golpe a golpe,
de los que roen tiempo palmo a palmo,
de lo que llenan pozos gota a gota.

Porque es lo cierto que me da vergüenza,
que se me para el pulso y la sonrisa
cuando contemplo el rostro y el vestido
de tantos hombres con el miedo al hombro,
de tantos hombres con el hambre a cuestas,
de tantas frentes con la piel quemada
por la escondida rabia de la sangre.

Porque es lo cierto que me asusta verme
las manos limpias persiguiendo a tontas
mis mariposas de papel o versos.
Porque es lo cierto que empecé cantando
para poner a salvo mis juguetes,
pero ahora estoy aquí mordiendo el polvo,
y me confieso y pido a los que pasan
que me perdonen pronto tantas cosas.

Que me perdonen esta miel tan dulce
sobre los labios, y el silencio noble
de mis almohadas, y mi Dios tan fácil
y este llorar con arte y preceptiva
penas de quita y pon prefabricadas.

Que me perdonen todos este lujo,
este tremendo lujo de ir hallando
tanta belleza en tierra, mar y cielo,
tanta belleza devorada a solas,
tanta belleza cruel, tanta belleza.


(Si queréis leer más poemas de esta autora, los podéis encontrar en esta página)

viernes, abril 27, 2007

Poema

Como las gallinas
tragas piedras
para hacer mejor
la digestión.

Las gallinas
digieren el grano
tú digieres
las noticias,
los desplantes,
las decepciones,
los errores,
la rabia,
los ataques.

Cada día
la dosis
de piedras
aumenta.

Y te preguntas
cómo hacen
las gallinas
para no ir
volviéndose
poco a poco
de piedra
por dentro.

Otro poema de Billy Collins

OTRA RAZÓN POR LA CUAL NO TENGO UNA PISTOLA EN CASA

El perro del vecino no deja de ladrar.
Ladra al mismo tono y el mismo ritmo
con que lo hace cada vez que dejan la casa.
Tal vez lo conectan cuando salen.
El perro del vecino no deja de ladrar.
Cierro todas las ventanas de la casa
y pongo una sinfonía de Beethoven a todo volumen
pero aun así lo escucho, amortiguado con la música,
ladrando, ladrando, ladrando,
y ahora lo puedo ver sentado en la orquesta,
con su cabeza levantada como si Beethoven
hubiese incluido un solo para un perro que ladra.
Cuando el disco finalmente acaba él sigue ladrando,
sentado alí en la sección del oboe, ladrando
con sus ojos fijos en el director
que lo guía con su batuta
mientras los otros músicos escuchan su respetuoso
silencio en el famoso solo de ladridos
esa coda interminable que estableció
a Beethoven como un genio innovador.


Y hablando de cosas que se leen con un sonrisa -qué difícil me parece- os recomiendo leer la última entrada que Jesús Alonso se ha sacado del bolsillo de su albornoz.

Títulos pendientes

Sigo preguntona y confesional. Últimamente ha habido en blogs que frecuento distintas votaciones para elegir la mejor novela española (el blog de Enrique Ortiz), los mejores libros de relatos publicados desde 1982 (el síndrome Chejov) y los mejores libros de poesía publicados desde ese mismo año (Frank invita). Como muchos de los que participaron, incluso para quienes las promovieron, las votaciones nos dan alergia porque poner a competir libros que quieres es como elegir entre papá y mamá. Pero, sin embargo, muchos las hemos encontrado útiles para recabar títulos pendientes, junto con comentarios jugosos. Para descubrir, una vez más, la inmensidad de nuestra ignorancia y, en lo posible, ponerle remedio.

(Se me acaba de ir el hilo completamente. No suelo hablar de música aquí, pero es que estoy escuchando los grandes éxitos de The Cure y me ha dado un ataque de dieciochoañerismo y siniestrismo y estoy dando botes y echando de menos mis botas Martens.)

A lo que iba. Estoy redactando -en parte por masoquismo- una lista de esos libros considerados imprescindibles y que yo NO he leído. Esos libros que cuando pronuncias delante de alguien te mira con cara de !pero cómo es posible! Y me gustaría preguntaros por vuestras, más que lagunas, mares muertos, culturalmente hablando.

miércoles, abril 25, 2007

Poema

Que soy libre, me dicen.
Pero si quisiera tener otro hijo
tendría que llevarlo al Banco de la esquina
porque suya es mi casa.
Mi niño llamaría padre al director
y madre a la cajera,
aprendería a andar con una silla de oficinista,
dormiría en un cajón del archivador
y yo sólo sería un pariente lejano,
que le sonreiría desde mi puesto en la cola.
Me pasaría de vez en cuando con la excusa de ampliar la hipoteca,
sólo para ver qué tal me lo crían,
cómo le afecta el aire acondicionado,
si sabe poner un fax
y si el director se acuerda de sus cumpleaños.

Entrevista con Billy Collins

Leo una entrevista con el poeta Billy Collins que me parece más que interesante. Entresaco unas cuantas perlas de las que se puede aprender mucho:

"A la poesía le costó mucho tiempo aceptar lo mundano, la vida de cada día, y ahora dedica una gran cantidad de energía a celebrarlo (...) Me valgo de los más sencillo detalles para rebelarme contra la tradición literaria más grandilocuente".

"Vivimos en tiempos sin mayúsculas. La alegoría ha muerto. Ya no se puede empezar un poema con la Caridad, eso sin hablar de la Castidad, la más muerta de todas las virtudes (...) Cuando dirijo talleres de trabajo, suelo pedir a los poetas participantes que eliminen todos los modificadores y vean lo que les queda. A menudo, lo que queda es más. El adjetivo puede resultar ser un parásito que se alimenta del sustantivo y, a la larga, lo mata. No hay nada como un buen sustantivo manteniéndose por sí mismo. Copa. Sombrero. Hueso. Cada uno cuenta una larga historia. Silla es una épica".

"Además, empezar de manera sencilla es una forma de establecer la autoridad en un poema. (...) No es ningún secreto. Todos los cantantes lo saben: empieza suave, acaba fuerte".

"Cuando escribo siento que estoy hablando a un lector/oyente, así que una gran parte de mi esfuerza va encaminado a hacer que el poema sea claro. A colocar sus elementos en la secuencia correcta, de modo que se pueda seguir fácilmente. No sólo fácil, sino fácil de seguir porque el poema va hacia algún lugar, y quiero que el lector me acompañe para compartir las sorpresas que nos depare el viaje. Intento iniciar el poema en un terreno común, una manera de reunir un pequeño grupo alrededor de la hoguera del poema. A partir de ahí, el "guía Collins" se pondrá a contar algunas historias de miedo".

Sólo he leído algunos de sus poemas, pero la entrevista me ha transmitido la misma sensación: alguien generoso, profundo, irónico, que cuenta verdades mientras les quita importancia, haciéndote pasar un buen rato.

El incesante y vasto universo

Os preguntaba hace unos días cuál es el proceso de selección de las lecturas. Casi todos solemos decir que los libros nos eligen a nosotros. Pero ¿qué significa esto exactamente? Para mí significa que unas lecturas llaman a otras; que si no me pliego a una disciplina -a una ruta de lectura planificada para ir cubriendo las que tengo por obvias lagunas en mi vida como lectora- son la intuición, el azar, los intereses, las filias y las fobias personales las que me van guiando, las que van haciendo que los libros "aparezcan" delante de mí.
Suelto este rollo porque a veces me parecen que estamos poco dispuestos a confesar, precisamente, esas filias y fobias, o al menos el peso que tienen a la hora de guiarnos en nuestro camino de lectores. Hay una serie de libros o autores que parecen de obligada lectura, y sin embargo, algunos se nos resisten... sencillamente porque tal libro o autor cayó en desgracia ante nosotros, se nos atravesó, nos cae mal, antipático, a un nivel que casi resulta inconfesable para uno mismo. ¿No os pasa a vosotros? También hay autores que pertenecieron a una época, se quedaron ahí y aunque valoremos su obra, no estamos dispuestos a tenerlos como referentes o a releerlos. Es algo que va más allá de lo literario, pero es que, por suerte o por desgracia, los valores literarios no son impermeables a manías ni antipatías. Igual que no lo son a intereses, necesidades, gustos, pasiones personales.
Vale, voy a atreverme. Lo diré. Borges me cae mal. Me siento como una niña diciendo caca, culo, pedo, pis. Lo leí, me deslumbró, pero hay algo de él y de su obra que me remiten a una sensación fría, distante, muerta, que me produce repelús. Es así de estúpida la cosa, lo confieso. Así de irracional. Y sin embargo hoy he recordado un fragmento que recuerdo que me encantó. Y me sigue encantando. Supongo que todos lo conocéis. Es el comienzo de El Aleph:


La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.

Precioso, ¿verdad? En fin: paradojas me den que me alimenten.

sábado, abril 21, 2007

Última voluntad

Os cuelgo completo el cuento de la abuela y el mago.


ÚLTIMA VOLUNTAD



Allí estábamos todos: mis tíos, mis primos, mis padres, yo, y la abuelita muriéndose. Eso nos habían dicho pero era tan difícil creerlo viéndola dormir la siesta que la reunión había tomado un aire festivo, como de celebración sin comilona. Hasta que la abuela despertó, que le acercáramos el teléfono y las páginas amarillas, y obedientes, con cara de idiotas, se los pusimos en el regazo, temiendo que su cuerpo se quebrara bajo el peso de los dos volúmenes. Pero a quién va a llamar usté ahora, madre. Trabajosamente había marcado el número con su dedo como un hueso de pollo y por dos veces, casi dirigiéndose a nuestra incredulidad, repitió la pregunta: "Que si es ahí la Asociación de Magos". Se explicó con una lucidez y una cortesía que sólo guardaba para los extraños: "Si fuera usted tan amable de resolverme esta curiosidad que mi difunto marido y yo tuvimos durante tanto tiempo... ¿cuál es el truco que hacen cuando meten a la chica en un cajón, y luego le clavan cuchillas de parte a parte y separan el cajón en dos y aún es capaz la muchacha de mover los dedos de los pies y mirar al público sonriendo? No, por Dios, cómo se va a enterar nadie de esto, el secreto me lo llevo a la tumba. Si yo tendría que estar ya muerta, el médico no para de decirlo, pero estaba esperando a reunir fuerzas y llamarles, tantas vueltas que le he dado al asunto, no me iba a quedar sin... así que la cogen y la... claro, por eso es que, hombre, la de tonterías que a mi marido se le ocurrieron para explicarlo... No sabe usted lo tranquila que me quedo. Muchísimas gracias también de parte de mi difunto. Hala, a seguir bien". La abuela pidió entonces que le acomodáramos los almohadones y se durmió con un sueño beatífico. El primero en reaccionar fue mi primo; se sentó en la cama y pegó la boca a su oído, mientras le daba palmaditas en la mano: "Abuela, ¿qué le ha dicho el señor ese?" Todos rodeamos la cama, yo pensando que el cabrón de mi primo era capaz de callarse en el improbable caso de que mi abuela rompiera su promesa. Y ella ajena a todo, soltando ese hilillo de respiración que se había convertido en nuestra única conexión con el tesoro. Qué puñetera, qué puñetera ha sido siempre esta mujer, mi madre por lo bajo. Con la conciencia de que el secreto se nos iba, la muerte fue entrando en la habitación con un aire más sarcástico que nunca. Cuando horas después la abuelita murió, mi primo pequeño rompió a llorar sin consuelo. Nunca me he atrevido a preguntarle el motivo de su llanto.

viernes, abril 20, 2007

Poema

Antes de la tormenta
las luces se apagan
las caras palidecen
el mundo alrededor
es una película antigua
rodada en blanco y negro

La ciudad, marchita,
resulta más honesta.
Más auténticos
nuestros disfraces
de figurantes.

Luego, cuando pase la tormenta,
volverá a mentirnos la vida
en fastuoso technicolor

Otra pregunta

Para Jesús Alonso, rastreador de preguntas, dejo esta historia.
Hace unas noches, después de dejar a mi hija en la cama, me volví al salón para mi preceptivo cigarro nocturno. Al cabo de un rato, la voz soñolienta de mi hija me lanza esta pregunta:
- Mamá, la gente que está partida por la mitad, ¿cómo hace caca?
Confieso que de camino a su habitación me planteé dosopciones: o mi hija habla dormida, o los niños cada vez empiezan antes a fumar marihuana. Le hice repetir la pregunta y la repitió palabra por palabra. Después de un rato de preguntas, respuestas y contrapreguntas, deduzco que se está refiriendo a la gente que participa en ese truco de magia que consiste en meter a alguien en un cajón, introducir una cuchilla y, efectivamente, partir a esa persona por la mitad. Me cuesta llegar a esta conclusión, porque presupongo que mi hija, que tiene diez años, !no puede dar ese truco por real! Y porque, aún dándolo por real, la última pregunta que yo me haría es cómo hacen caca: antes estarían cómo respiran, cómo se ríen, cómo no se desangran, cómo no gritan...
Pero cuando le digo que se trata de un truco y entre las dos buscamos explicaciones plausibles, veo la enorme dificultad de justificar que el tronco y las piernas aparezcan separados. Casi me dan ganas de decirle: !pues no sé cómo hacen caca, les pondrán una sonda, pero el caso es que están partidos y bien partidos por la mitad!
De vuelta al sofá y al cigarro, me satisface pensar que mi hija, a pesar de tener una madre requeterealista, mantiene una parcela de fantasía a salvo. Pero hay algo más que me inquieta en esta historia, y sólo al día siguiente recuerdo que hace muchos años yo escribí un cuento en el que una abuela que estaba en su lecho de muerte rodeada de su familia, pedía la guía de teléfonos, buscaba el número de la asociación de magos, preguntaba al mago cómo se hace el truco de partir a la gente por la mitad, jurándole que el secreto se lo llevaría a la tumba; cuando la abuela cuelga el teléfono, satisfecha, la familia la rodea, pendientes de su último aliento, maldiciendo la honestidad que siempre la caracterizó en vida, porque saben que no va a contar el truco, lo único que les importa a todos en aquel momento.
A veces la vida se pone rara, pero rara de narices.

Pregunta

Una cosa que siempre me he preguntado, porque a mí me genera muchas dudas y en ocasiones hasta me paraliza:
¿Cómo decidís cuál es el siguiente libro que vais a leer, una vez terminado el que tenéis entre manos?

Poema de Billy Collins

Un poema que me gusta y me inquieta:

VUELVO A CASA A POR UN LIBRO

Giro sobre la grava
y vuelvo a casa a por un libro,
algo para leer en la consulta del doctor,
y mientras estoy dentro, recorriendo
con un dedo inquisidor la estantería,

otro yo, que no se molestó
en volver a casa a por un libro
se marcha por su cuenta,
baja por el camino de entrada
y gira a la izquierda hacia la ciudad,

un fantasma en su coche fantasma,
otro nudo en la cuerda del tiempo,
tres minutos por delante de mí-
un espacio que ahora se mantendrá
por el resto de mi vida.

Algunas veces pienso que le veo
unas pocas personas por delante de mí en una cola
o levantándose de una mesa
para salir del restaurante justo antes que yo,
poniéndose el abrigo camino de la puerta.

Pero no se le puede alcanzar,
no hay manera de hacer que espere
para volver a sincronizarnos,
a menos que un día decida volver
a casa a por algo,

aunque no puedo imaginar
por mi vida qué podría ser.
Sale siempre antes que yo,
abriéndome camino, explorador invisible,
perro que tira de mí,

sombra a la que estoy condenado a seguir,
mi doble perfecto,
adelantado sólo una pulgada al futuro,
y ni de lejos tan versado como yo
en la poesía amorosa de Ovidio-

yo que volví a casa
aquella fatídica mañana de invierno y cogí el libro.

(Traducción de Hugo Romero)

(!Con la mala cabeza que yo tengo, si hay una Ana en el mundo por cada cosa que me he olvidado...!)

jueves, abril 19, 2007

Traducciones

Hace muchos años, cuando estuve viviendo en Londres, hice un curso de Traducción. Me pareció una tarea dificilísima, y también muy bella, reflexiva, generosa, que a veces producía sentimientos de impotencia y otras proporcionaba íntimas victorias y satisfacciones.
Ya he dicho antes por aquí que no me importa leer obras traducidas. Lo admito como un doble acto de creación; al fin y al cabo, cada lectura, incluso de una obra en el propio idioma, es una traducción -una suma, una resta, una interpretación- del sentido que tuvo para el autor. Si la traducción es del inglés, y se trata de una edición bilingüe, me gusta jugar a hacer mi propia versión y compararla con la del traductor. Pero por lo general creo que es una labor muy poco agradecida de cara a los demás. Normalmente nos damos más cuenta de las malas traducciones que de las buenas. Me pasa, por ejemplo, con los subtítulos de una película: si percibo un error, sospecho del resto.
Por todo esto, me gustó llegar al final de El padre, de Sharon Olds -qué maravilloso libro, qué sanador, qué valiente- y encontrarme con esta nota:

EPÍLOGO
Me resulta muy conmovedor que The father empiece una segunda vida, como El padre. La traducción es un acto muy generoso y yo estoy profundamente agradecida a Mori Ponsowy por haber hecho posible que este libro camine atravesando la pared del lenguaje, desde su sala de parto en inglés norteamericano, hacia su nuevo hogar, en español.
Sharon Olds
Nueva York, abril 2004.

Ella lo ha dicho, ¿no? Conmovedor.

martes, abril 17, 2007

Texto sobre Carver

No recuerdo por qué vías, me llega este texto sobre la poesía de Carver, publicado en la edición digital del periódico ABC, y firmado por el escritor Manuel Vilas. Lo copio íntegro:

La publicación en España de la poesía completa del norteamericano Raymond Carver (1939-1988), titulada «Todos nosotros» (Bartleby, 2006) está siendo muy bien acogida por los lectores españoles y el libro figura entre los más vendidos. ¿Por qué se vende Carver tanto en España? La forma de escribir de Carver choca fuertemente con la tradición literaria española. Dudo mucho que un poeta español de la misma generación de Carver tuviera la misma fortuna en una traducción al inglés y en una edición norteamericana. ¿Por qué? Porque la vida americana resulta literariamente convincente, muy probablemente también porque importa más la vida americana que la vida española. Hay algo en Carver que no se prodiga en la poesía española: la confesión de la humildad, la confesión de una experiencia enormemente vulgar de la vida. La vida de Carver fue de una vulgaridad incuestionable. Esa aceptación de la vulgaridad es muy difícil encontrarla en un país latino, en una literatura como la española o la francesa. Pero eso es lo que atrae de Carver: la confesión de su vulgaridad, que se convierte en revelación. A la poesía de Carver los poetas siempre le ponen algún que otro reparo, pero acaban leyéndola. Es muy frecuente, en España, ver la poesía de Carver citada junto a la de Bukowski, con la que no tiene demasiado que ver: es un problema de pereza crítica, pereza de la que sale muy perjudicado Carver. De esa mezcla española de Carver-Bukowski quien sale literariamente desacreditado es Raymond Carver. Carver era otra cosa. Como narrador, Carver es un maestro. Pero la poesía y la narrativa de Carver forman un todo unitario. No hay distancias ni éticas ni estéticas entre su poesía y sus relatos.
Lo que sí tuvo Carver fue muy mala suerte. Murió sin cumplir los cincuenta años y en plena ascensión de su fama literaria. Al menos, vio, antes de morir, cómo sus libros comenzaban a triunfar. Pero Carver es un producto sofisticadamente norteamericano. La paradoja es que si alguien en España escribiera relatos y poemas con la misma audacia y talento que Carver no tendría mucho éxito. Y eso sí que da que pensar; y evidencia que Estados Unidos es una potencia cultural avasalladora, de una fuerza literaria gigantesca. ¿Por qué? Porque es una sociedad vital que carece de complejos culturales. Eso es lo primero que se nota al leer a Carver: su ausencia de complejos. Escribe porque está vivo. Escribe porque le gusta la vida. Escribe sobre su divorcio, sobre su alcoholismo, sobre sus hijos, sobre su padre, sobre la pesca, sobre su segunda mujer, y escribe sobre todas estas cosas con una sola técnica: decir la verdad. Se fija en cosas aparentemente sin importancia. No escribe desde ninguna cátedra de literatura, ni desde ningún lugar socialmente privilegiado, ni desde el deseo de cambiar su vida por otra mejor o de mayor brillo. Eso en España o en Francia o en Italia o en Alemania nos cuesta entenderlo. Y es lo que nos fascina de los norteamericanos. Los norteamericanos cuando escriben no aspiran a construirse con adornos, eso les trae sin cuidado. Por eso, a Carver sólo le apasionaba la verdad de su propia vida.

Manuel Vilas

Estoy fundamentalmente de acuerdo, sobre todo en el análisis que hace de la escritura de Carver ("Escribe porque está vivo. Escribe porque le gusta la vida...", y sobre la enormidad de los prejuicios que existen en España hacia este tipo de literatura (no hay más que ver, por ejemplo, algunas de las críticas que se hacen a la poesía de David González, que se pueden leer en su blog El amigo de lo adverso. Creo entender cierto desprecio implícito hacia la poesía de Bukowski, que a mí me gusta mucho (aunque puestos a elegir, me guste más la de Carver, pero tampoco entiendo la necesidad de elegir). Pero la verdad es que me gustaría conocer vuestras opiniones sobre el texto y aprender de ellas.

viernes, abril 13, 2007

La página 139

Me manda Javier, desde su blog Cuadernos de un replicante soñado, un (¿una?) meme que cosnsiste en copiar el segundo párrafo de la página 139 del libro que estoy leyendo en este momento. Como estoy leyendo Ariel, que termina en la 134, recurro al libro que terminé hace unos días, la Poesía Completa de Tonino Guerra, al que he alabado aquí hasta la saciedad. En su página 139, Tonino termina así el Canto Primero de La miel, su poemario fundamental:

Aquí el aire es bueno y el agua va por sus cauces.
Coches no hay y los perros
están siempre tumbados en mitad de la calle.

Ahí queda eso. Yo le paso la (¿el?) meme a quien quiera recogerlo.

miércoles, abril 11, 2007

Las poetas suicidas

Empecé a leer a Sylvia Plath hace muchos años, cuando un novio mío que era inglés me regaló Ariel en su idioma original. El amor y la osadía me hicieron ponerme a traducir los poemas. Me deslumbraron, como deslumbra un relámpago en medio de la oscuridad, sus versos cruzados por la locura, la muerte, el amor.
Poco después alguien me regaló una edición bilingüe, que ha sobrevivido a mudanzas y otros avatares que les suceden a los libros. Como durante años relegué la lectura de poesía a un rato antes de irme a la cama, y me he dedicado sobre todo a la prosa, no había vuelto a leerlo. Pero ahora que sólo leo poesía -es que soy obsesiva y pasional-, recién terminado el libro de Tonino Guerra en días de vacaciones, con todas las librerías y bibliotecas cerradas, he vuelto a releer Ariel. Y ahora que soy mayor, que soy madre, que he conocido el insomnio y la tristeza, ahora me ha impresionado todavía más. Ahora creo entender la fuerza que impulsó a esta mujer a escribir en medio de todo su dolor. Y admiro, y casi temo, esa fuerza.
Y a propósito de esta lectura recobrada, cuelgo este poema que escribí hace unos meses.

HERENCIA

Las poetas suicidas me llaman.
Yo no las escucho.

Come fruta, me digo,
vigila los deberes de tu hija,
recuerda la fecha en que vivimos,
repasa tu nómina,
no olvides la cita del ginecólogo.
A veces hago caso a la madre muerta que enterré en mí.
Otras me tumbo en las orillas de los ríos que os tragaron
y el sueño me evita
y la oscuridad se adensa a mi alrededor
como una mermelada irrespirable.

Os acercáis, pero yo
no os oigo. Aprieto los dedos sobre los oídos,
me agarro a los barrotes que me sostienen.
No sé planchar, pero hoy es quince de septiembre,
cada tres días llamo a mi padre y le pregunto qué ha comido,
aunque confieso que sin ningún sentimiento.

No oigo voces, aunque la mía, a veces,
suena insistente,
como la radio que sube por los patios.

No os voy a escuchar.
Quizá estáis calladas,
y es sólo esa mezcla de vanidad y homenaje que me enajena
lo que hace que os confunda con el silencio.
No importa.
Cada una de vuestras muertes
dio a luz una palabra
y de momento recuerdo dejar mi locura
doblada junto a la ropa
cada vez que me sumerjo en el agua,
en la noche
o en uno de vuestros versos

miércoles, abril 04, 2007

Poema de Tonino Guerra

MI CASA EN PENNABILLI

Ahora vivo aquí arriba
en una casa de montaña
y paso el tiempo con las hojas secas
y las pongo en fila sobre un escalón;
o voy a tocar esos hilos de agua
que saltan por una grieta entre las piedras
donde las truchas se acurrucan al fresco
y Sivestro las coge con las manos
como hacen los gatos con las mariposas-
También me gusta hacer cuentas
con una aritmética elemental:
dos y dos cuatro seis y seis doce
si compras siete huevos y se te caen tres
al suelo, ¿cuántos te quedan?
O si no, trazo rayas en la arena
del patio, astas una tras otra
para recordar las piernas esbeltas
de otros tiempos y el aire
llno de luciérnagas y la bicicleta
y el tirachinas, las cometas
y allá abajo cada mes de agosto
el mar que estaba tumbado detrás de las montañas de arena
como un animal bueno
bajo las caricias del amo.
Por las tardes me siento a ver el valle
y la montaña al fondo
cn los sembrados que parecen trapos
tendidos al sol y las lindes
rojas de amapolas y puñados de casa
como nidos de golondrinas sobre la tierra
y la gente agachada trabajando
pequeña como polvo y yo sentdo
con todas estas cosas en los ojos
y la memoria que se ha vuelto blanca
y sobre esta sábana de vez en cuando pasa
la voz de mi pobre madre
y el olor de los membrillos
que ella guardaba encima del armario.

Poema

Hija, si en algún momento,
mientras estás ocupada en crecer,
-dura y lícita tarea-
puedes mirarme a los ojos,
hazlo.

No te dejes las preguntas
para cuando sea la misma voz
la que cuestione y la que responda.

Mira que en esta familia
tenemos la dolorosa costumbre
de conocernos mejor de muertos.

lunes, abril 02, 2007

Esticomancia

Sabía que existía, pero no sabía que tenía este nombre. Es el arte adivinatorio que consiste en elegir un libro al azar y abrirlo por una página cualquiera, y leer el párrafo sobre el que posamos la mirada como si fuera la respuesta a nuestra pregunta. Yo lo había practicado alguna vez con el I Ching, cuando me daba pereza echarme las monedas. El I Ching, de todas formas, es un libro con unas imágenes y mensajes tan maravillosos que el azar siempre le sienta bien. Más que azar, creo que lo interviene es eso que Jung llamaba sincronicidad, que yo nunca sé muy bien explicar qué es, pero que satisface más a los escépticos. Bueno, toda esta introducción para proponeros un juego: practiquemos la esticomancia y contémonos los resultados. Hagamos nuestra antología de instantes azarosos. Yo empezaré esta misma tarde.

Frase de McEwan

Leo esta frase de Ian McEwan: "La extrema crueldad es una falla de la imaginación". Es decir, la incapacidad para ponerse en la piel del otro. Había oído algo parecido en un documental sobre psicópatas que vi en televisión. Pero me ha parecido interesante la forma en que lo expresa y sintetiza McEwan.