El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta

viernes, marzo 30, 2007

Me sigo acordando

En el blog de José Ángel Barrueco, Escrito en el viento, encuentro una entrada sobre Me acuerdo, el libro de Perec. Hace tiempo yo también escribí a propósito de ese libro, al que es casi inevitable que sigan recuerdos propios. Como me parece un ejercicio sobre el que deberíamos volver a menudo, más que nada por el gusto que da, y porque hecho en conjunto los recuerdos van dándose la mano unos a otros hasta formar una larga cadena de amigos y conocidos, os propongo que cada uno lancemos unos cuantos.

Me acuerdo de las pastillas de leche de burra.
Me acuerdo de la música de Los hombres de Harrelson y del coche de Starsky y Hutch.
Me acuerdo de los polos de hielo y de los flash.
Me acuerdo de mi madre preguntando qué hacía de comida.
Me acuerdo de los patines de cuatro ruedas.
Me acuerdo de que la radio en Semana Santa emitía solamente marchas fúnebres.
Me acuerdo de que los niños a veces no nos ajuntábamos.

Me acuerdo...

Volar

A propósito de una entrada en el blog de Miriam, Libélulas y hadas, escribe Jesús otra entrada que se saca del bolsillo de su albornoz. Ambos me recuerdan una historia de cuando mi hija era pequeña, tendría unos tres o cuatro años.
Voy a su habitación y me la encuentro saltando en la cama con los brazos abiertos. Le digo ¿qué haces? Y me contesta que sabe volar, que la noche pasada voló y que ahora ya no le sale. Era un sueño, cariño, le contesto. Y ella baja los brazos y deja de intentar volar.
Tristemente, educar también es esto.

jueves, marzo 29, 2007

Celos


Y las freesias, que se me ponen celosas y también están muy bonitas...

Más amigos

No me sorprende que Sonia llame a su blog París era una fiesta. Sonia es de esas personas que te recibe, te despide y te habla entre sonrisas. Siempre se alegra de verte, siempre tiene algo interesante que contar, y su risa inteligente disipa el tiempo que pasa entre encuentro y encuentro, como si nuestra complicidad se basara en que nos vemos todos las tardes en la cola de la panadería.
En fin: Sonia es una fiesta y nos invita.

El lujo


El lujo es comprar un jazmín rebosante de capullos cerrados, y que a la semana de comprarlo, cuando se siente ya bien instalado en el alféizar, las flores empiecen a abrirse, y por las tardes sentarme en el sofá y abrir la ventana y que el aire me traiga el olor del paraíso sin moverme de casa.

miércoles, marzo 28, 2007

Más Tonino

Leo los poemas, limpios y profundos como un pozo de agua fresca, de Tonino Guerra, me asomo a ellos y me los bebo de un trago. Tienen un ritmo de paseo por el campo, un pie detrás de otro, entre pájaros y sonidos de agua, toda la tristeza serena de un paseo por el campo al atardecer.
Por no copiar el libro entero, que no tengo vocación, os copio tres poemas de los que he leído esta tarde en la consulta del dentista.

EL DOMINGO ESPECIALMENTE

El domingo especialmente
cuando no hay nadie en casa
y estamos a finales de junio
salgo a la terraza
para escuchar que más allá de mí
la ciudad calla.

CANTO PRIMERO

Tenía ya setenta años cumplidos y cuatro días cuando cogí
un tren en marcha. No podía soportar ni un día más la ciudad
con todas aquellas uñas delante de la boca.

Ahora estoy aquí en mi pueblo, con mi hermano.

Está lleno de casas vacías. De mil doscientos que éramos,
sólo quedamos nueve: yo, que acabo de llegar,
la Bina, Pinela el campesino, mi hermano que está siempre
en la casa vieja, la Filomena con el hijo tonto,
y tres jubilados que están siempre sentados en la plaza
y que en sus tiempos eran zapateros.
Los demás se marcharon quién sabe adónde: a América, a Australia,
a Brasil, donde Fafín el loco iba de caza con un cuchillo
y un día mató a un jaguar creyendo que era un gato.
En mil novecientos veinte un grupo de albañiles,
después de seis meses de viaje en barco mirando el mar
y el agua de un río que no acababa nunca,
llegaron por fin a la Muralla China
que se había roto por todas partes y hacía falta mano de obra.
Antes de desaparecer para siempre, el padre de la Bina
que iba con ellos mandó noticias suyas cada año
a las que luego llamaron "las cartas de la China". En la primera
preguntaba por una cabra que tenía fiebre el día que él se fue,
en la segunda contaba que se había comido una culebra,
en la tercera hablaba de una mujer que le cosía los botones,
la cuarta estaba llena de garabats como los que hacen las gallinas
en el barro, para dar a entender que se había vuelto chino
y se había olvidado de todo, hasta de las palabras.
Mis padres no se movieron nunca de casa: mi padre
vendía carbón
y mi madre llevaba las cuentas en un papel amarillo.
Como no sabía leer ni escribir hacia rayas
para los centes flacos y círculos para los gordos.
Los números los llevaba apuntados en la cabeza y cuando pagaban
los tachaba con una cruz.

Aquí el aire es bueno y el agua va por sus cauces.
Coches no hay y los perros
están siempre tumbados en mitad de la calle.

CANTO NOVENO

Estaría lloviendo unos cien días y el agua acabó calando
más allá de las raíces de la hierba,
entró en la biblioteca y empapó las palabras santas
guardadas en el convento.
Cuando se aclaró el tiempo
Sajat-Nová, que era el fraile más joven,
cogió la escalera y subió los libros al tejado
y allí los puso al sol para que el aire cálido
secara el papel mojado.
Pasó un mes de buen tiempo
y el fraile estab arrodillado en el patio
esperando a que los libros dieran señales de vida.
Y por fin una mañana las página comenzaron
a susurrar ligeras con la brisa.
Parecía que hubiera un enjambre de abejas encima del tejado
y el fraile se echó a llorar porque los libros hablaban.

lunes, marzo 26, 2007

La mayor sorpresa

Como dice Jesús Alonso, los blogs se autoalimentan, se fagocitan, se abrazan, se susurran, se van de copas, se echan carreras, se hacen recortes y así podría seguir toda la tarde.
Todo esto para dedicarle este poema, que va al pelo para este rollo fúnebre-festivo que nos ha dado. Sé que el poema también le gusta a Enrique Ortiz, porque lo colgué en su blog, en el primer comentario que me atreví a hacer. Va por los dos. Venga, va, como sé que son generosos, va por todos, como las flores que empiezan a crecer en los jardines y que no son de nadie.

TODO ESO

Todo eso que te abre el pecho
y te pasa de página
como un golpe de azar inmerecido

el olor del jazmín o de la leña
al doblar la esquina

la risa de tu hija
cerrando las heridas abiertas
por la duda

el mar al final de un largo viaje
por carretera
desde mesetas de rutina y polvo

una nube henchida de promesas
de olor a lluvia futura

todo lo inesperado
lo que por sí solo no sería nada
pero de repente confluye con alguna capa de tu ánimo
-no necesariamente la más visible-
traduciéndolo
y añadiendo algún adjetivo preciso

un niño que cae y se levanta
te mira con un color de ojos
para el que no encuentras nombre

una mujer guapa que te mira desde un escaparate
y eres tú -¡eres tú!-

esa borrachera a deshoras
que te coloca en el centro del universo

todo lo inesperado
lo que introduce un giro argumental
contra tus expectativas
tus prejuicios
vida en la muerte de los pensamientos

lo que te hace pensar
qué sabes tú de la vida
-nada-
nada sabes entonces de la muerte

Y en la muerte quizás te espera
la mayor sorpresa de tu vida

sábado, marzo 24, 2007

Insomnio y poemas

Encuentro en el blog de Javier Iglesias, Cuadernos de un replicante soñado, un poema que trata sobre el insomnio. Lo he leído y me he visto reflejada, con esa alegría egoísta de quienes encuentran su mal en otros. Y aunque la soledad de la noche no la cura nada, le contesto a Javier con este poema que escribí hace ya tiempo, un poema que no es compañía ni consuelo para esa horas de desesperación noctuna, sino una palmetada de reconocimiento en la espalda, un saludo entre ojeras.

INSOMNIO

Vago dentro de mí
como por un parque de atracciones cerrado
los ecos de los gritos ajenos
socavándome el sueño
arrugando las sábanas del insomnio

Ningún cigarro me consuela
parcelando el tiempo llano de la noche
nunca recurro a los libros
que dormitan hombro con hombro en la mesilla
como refugiados en estaciones de metro

Tampoco me levanto de la cama
no enciendo la tele no bebo leche
si acaso tomo una pastilla
que hará efecto demasiado tarde
cuando haya dado la partida por perdida
y el clamor del vacío sea ya
indomable desastre natural

En las horas del desvelo
todo lo que dije estuvo mal dicho
todo lo que no hice
me observa desde el final
de un pasillo que se alarga hasta alcanzar mi muerte
el día siguiente está ya emborronado
ya no me pertenece

Y mientras tú giras a un lado y a otro de la cama
varado al sueño, rehén de tu inconsciente,
yo te odio por cerrarme los paisajes que transitas
tu espalda por puerta impenetrable

Pero no puedo odiarte por mucho tiempo
Te espero como al último aliado que llega a la ciudad sitiada
y derriba las murallas con una pregunta:
¿no puedes dormir, quieres que hablemos?
No quiero hablar.
Quiero que eches de aquí las palabras.
Que me arropes con el mapa de tu mundo oscuro
amniótico

viernes, marzo 23, 2007

Bueeenooo....


Y esta soy yo en Amsterdam en mi imagen más reciente. Las ojeras son las que luzco habitualmente en estos tiempos. El gesto raro es para que no se me vea la ortodoncia. Os la cuelgo porque el otro día caí en la cuenta de que la imagen del perfil está más cercana a las fotos de la primera comunión que a la actualidad. Bueeenooo... por si alguien tenía curiosidad.

La leche de guapa


Sharon Olds. Estoy leyendo su libro de poemas titulado El padre.

Guapísima


Katherine Mansfield.

Requeteguapos


Y estos son Raymond Carver y Tess Gallagher.

Más gente guapa


Y este es Tonino Guerra.

Gente guapa


No sé a vosotros, a mí me gusta saber qué cara tiene la gente que leo.

Este es Carl Sandburg.

Tonino Guerra

Se lo oí nombrar a David González (cuyos gustos nunca me han decepcionado) y me quedé con su nombre. Vi que tenían un tomo de su poesía completa en la biblioteca que hay en la estación de metro donde me bajo para ir al trabajo, pero hasta ahora se me habían cruzado otras lecturas por delante. Pero entonces leí este poema en el blog de Jesús Alonso y me dije de hoy no pasa. Y la primera maravilla me la encuentro en el prólogo de Juan Vicente Piqueras:

"le oigo (a Tonino) contarme al teléfono la historia de cuando en 1984 fue operado en Moscú de un tumor cerebral. Cuando me desperté de la anestesia me encontré con una enfermera bellísima que me estaba dando masajes en las sienes. Yo la miré como si fuera un milagro y balbuceando le di las gracias. Ella me respondió: Es hermoso ver vivir a un hombre".

Y otro fragmento que complementa al anterior:

"Y hoy, justo cuando estaba a punto de ponerle punto final a este prólogo y a estas traducciones que me traen de cabeza, de corazón, desde ya no sé cuándo, me llama (Tonino) para decirme que ha ido a felicitar a su hermano que cumple 90 años y no lo ha encontrado muy bien. Me ha dicho que su madre, Penélope, decía siempre una frase con la que quiero acabar, porque en ella veo cifrada la emoción de su poesía: "Acuérdate de que el último día, por muy mal que estés, será el más hermoso de tu vida".

Y hoy que mi ánimo vuelve a estar gris oscuro, que el miedo y la tristeza me comen, pienso por qué con gente tan hermosa, con tanta sabiduría sencilla y profunda, con percepciones tan plenas, tantos otros hay que no se contagian, que todo lo convierten en feo, escarpado, agrio, por qué la vida se pone a veces tan chunga si podríamos ver mariposas por todas partes sin sentir ganas de comérnoslas.

jueves, marzo 22, 2007

Viejos amigos, nuevos blogs

Los amigos se me hacen blogueros. Me gusta que abran blogs, que no deberían sustituir las fiestas ni las cañas, sino prolongar las conversaciones. Pero como las fiestas son pocas -ay, aquellas casas grandes, en las que cabían varias fiestas a la vez- y las cañas, últimamente, las tomo en privado y enlatadas, más bien serán las conversaciones las que puede que algún día se prolonguen en un bar o en una reunión.
Sea como sea, en un sitio u otro, aquí o allí, mis nuevos amigos blogueros y yo nos miramos de reojo y con complicidad, no nos dejamos engañar por nuestras respectivas timideces (los volcanes avisan de su erupción difuminándose entre la niebla) y reconocemos nuestra risa de una esquina a otra: nunca nos suenan burlonas. Quizá sea nuestro gusto por las vísperas el que hace que nos dejemos siempre para más adelante, el que nos saboreemos en la distancia. Quizá sea que la intuición funciona mejor entre nosotros. Quizá sea que nos respetamos mucho, y queremos hacernos el regalo del silencio, sabiendo lo mucho que lo necesitamos.
Señoras y señores, les presento a la mujer sin atributos, de Marta Sanuy, y a las confesiones de un hereje, de Enrique Mercado. Amigos y escritores míos.

martes, marzo 20, 2007

Poemas de Carl Sandburg

Transcribo otros poemas de Carl Sandburg que he encontrado en la red, todos ellos traducidos por Miguel Martínez-Lage:

ESTILO

Estilo, sí: adelante, hablad del estilo.
Es fácil saber de dónde saca un hombre su estilo,
como fácil es saber de dónde saca la Pavlova sus
piernas
o Ty Cobb el ojo con que mira al batear.

Que sigan hablando.
Eso sí: a mí que no me quiten mi estilo.
Es mi rostro.
Tal vez no sirva para nada,
pero es de todas formas mi rostro.
Hablo con él, canto con él, gusto y siento con él.
Sé por qué quiero conservalo.

Matad mi estilo
y le partiréis las piernas a la Pavlova,
y cegaréis el ojo con que mira Ty Cobb al
batear.

ELIGE

Un solo puño cerrado está en lo alto, listo,
si no, la mano abierta, tendida, a la espera, con su pregunta.
Elige:
nos hemos de encontrar en uno o en otra.

LEALTADES

Polvo amarillo
en el ala de un abejorro,
luces grises en los ojos
de una mujer que pregunta,
rojas ruinas a la luz cambiante
de los rescoldos del crepúsculo:
os tomo y amontono
los recuerdos.
La muerte ha de romperse las garras
en algunos a los que guardo.

Y OBEDECEN

Aplastad las ciudades.
Haced añicos las murallas.
Destrozad fábricas y catedrales, almacenes y hogares;
apiladlos como caigan, entre escombros y madera
renegrida y quemada:
sois soldados y os lo hemos ordenado.

Construid las ciudades.
Levantad de nuevo las murallas.
Reparad fábricas y catedrales, almacenes y hogares;
adpiladlos en fora de edificios para la vida y el trabajo:
sois obreros y ciudadanos todo, y os lo hemos
ordenado.

viernes, marzo 16, 2007

El poder de la risa

Leo este poema de Carl Sandburg (en versión de Miguel Martínez Lage):

FELICIDAD
Pedí a los profesores que enseñan el sentido de la vida
que me dijeran qué es la felicidad.
Fui a ver a los afamados ejecutivos que comandan el
trabajo de miles de hombres.
Todos menearon la cabeza y me sonrieron como si yo
tratase de engatusarlos.Y un domingo por la tarde fui a pasear por la orilla del
río Desplaines.Y vi a un grupo de húngaros bajo los árboles, con sus
mujeres y sus hijos, un barril de cerveza y un
acordeón.

(Lo copio en inglés también, por si a alguien le apetece):

Happiness

I asked the professors who teach the meaning of life
to tell me what is happiness.
And I went to famous executives who boss the work of
thousands of men.
They all shook their heads and gave me a smile as though
I was trying to fool with them
And then one Sunday afternoon I wandered out along
the Desplaines river. And I saw a crowd of Hungarians under the trees with
their women and children and a keg of beer and an
accordion.

En cuanto leí este poema recordé una escena que viví hace ya unos años. Antes de contarla, tengo que aclarar que yo soy, a veces, envidiosa. Desprecio el lujo por el lujo, el dinero por el dinero, pero me gustan los objetos hermosos, las casas grandes, los muebles antiguos, las delicatessen, lo que apenas puedo permitirme: no puedo evitarlo. Y ese gusto insatisfecho hace que eche de vez en cuando espumarajos por la boca.
Después de esta aclaración, quizás innecesaria, cuento la escena: en la calle Mayor hay (o había) una tienda de trajes de fiesta y zapatos, muy caros todos, con una decoración minimalista, y unas dependientas de piernas tan largas que parecían de otra especie (diferente a la mía, desde luego). El tipo de sitios que me toca las narices, a menos que la belleza puntual de unos zapatos buenos, bonitos y caros me haga despotricar y desear romper el escaparate y salir huyendo con ellos. Pues un día, al pasar por delante, me encuentro a un grupo de chavales sudamericanos -no llegué a localizar su acento- que estaban, literalmente, descojonándose de los precios de los zapatos. Miraban el zapato, lo comentaban, miraban luego el precio y !se descojonaban! !No podían creérselo! Esta vez, mi envidia fue dirigida hacia ellos, en aquel momento, seres saludables y libres ante mis ojos. Pensé que si nos diéramos cuenta de qué ridículas resultan a veces nuestras aspiraciones, qué ridículas son a veces las convenciones que nos tragamos, en fin, en qué patraña andamos metidos, hasta que empezáramos a llorar, no podríamos hacer otra cosa que reírnos como histéricos.
La risa desarma el lujo, la envidia, la estupidez, la hipocresía.

Y a cuenta de poderes e hipocresías, otra historia: una amiga mía, a punto de cumplir los sesenta, se hizo recientemente una revisión ginecológica. Cuando fue a recoger los resultados, vio su útero descrito como "deforme". Después de varios días de preocupación, por fin la recibió el médico, quien le dijo que en realidad, lo que se quería decir en el informe es que su útero es "completamente normal para su edad, en la que todo útero ha sufrido deformaciones". Es decir, el modelo es el útero de una jovencita; a partir de aquí, el resto, aún correspondiéndose con lo esperable a cierta edad, se califican de "deformes".
Y digo yo: ya que algunos se preocupan tanto del rollo de lo políticamente correcto en la esfera de lo público, cuando una palabra -huérfana, por lo general, de verdaderos gestos- puede ganarles un puñado de votos, ¿no es una hipocresía flagrante que, en lo privado, en lo que afecta a cada uno, las palabras se utilicen a la ligera, sin respeto, sin considerar su poder, sus consecuencias, su profunda carga?
Perdón por la extensión de la frase. Y buen fin de semana.

miércoles, marzo 14, 2007

Poema

Si llegamos a viejos,
nuestros amigos, tú y yo,
apenas habrá nadie para cuidarnos.
Procrear no entraba en nuestros planes
(o dentro de nuestras posibilidades).
Somos una raza de elegidos
para extinguirnos.
Dinosaurios mirando el cielo.

Yo aporto una flor a este ramillete
escaso de nuestros hijos. Pero ella
-lo entenderá pronto-
no será suficiente. Bastante tiene
con administrar su herencia de sangre.

La tristeza siempre tienta.
La tristeza es una varita de incienso
encendida en la habitación de al lado.
Sinuosa y volátil,
va y viene a su antojo,
con el derecho que le da su renta antigua.

Cuando sale por la puerta, yo tengo un sueño.
Nuestros amigos, tú y yo
en una ciudad junto al mar,
compartiendo casa como quizá
lo habrían hecho nuestros hijos.
Igual que ahora nuestras preocupaciones
nuestra lecturas
o nuestro sentido del humor,
se complementarán nuestras dolencias.
En mi sueño le describo la playa al que ha perdido la vista,
alguien empuja mi silla de ruedas
por el paseo marítimo,
mientras voy recogiendo en mi regazo
los recuerdos que a otro se le van cayendo del bolsillo.

Festejamos los mismos chistes,
vemos viejos partidos de fútbol,
tú cocinas para todos, como ahora.
Si alguno de los dos tiene que olvidar algo,
prefiero olvidar tu risa
y que tú mantengas en la memoria tus recetas.
Reconoceré cada uno de tus guisos
con un estupor ya viejo,
y cuando rías al ver cómo me relamo,
adoptaré cada risa tuya como a un niño nuevo
que aumentará nuestra familia numerosa.

Poema: las lesiones del alma

LAS LESIONES DEL ALMA

Convalecientes de un ataque de tristeza,
veíamos partidos de fútbol
en la tele, uno tras otro.
La liga, la copa, primera, segunda división,
finales, amistosos, nos daba lo mismo.
La antena estaba rota,
y los jugadores hacían pases entrecortados,
como palabras entre lágrimas.
Parecíamos hooligans en arresto domiciliario,
bebiendo cerveza y encendiendo cigarros
en vez de bengalas.
Yo tanteaba mis conocimientos recientes,
tú dabas clases magistrales,
y a veces me enfadaba si tus explicaciones
tenía aire de suficiencia.

Metíamos los goles,
nuestros ojos seguían la pelota como sus piernas
y al menos aquellas patadas no nos dolían.
Sólo pedíamos el fulgor repentino
de una buena jugada,
la recompensa de una tarjeta concecida,
y sobre todo,
sobre todo,
que fueran otros los que hicieran de la guerra
una metáfora inocua.

Dejo de escribir el poema, poema de Tess Gallagher

El poema anterior ha traído de la mano otro poema de Tess Gallagher, que me gusta sobre todo cuando es breve y certera en la ternura:

DEJO DE ESCRIBIR EL POEMA
para dobla ropa. Da igual quién viva
o quién muera: sigo siendo una mujer.
Siempre tendré mucho que hacer.
Doblo las mangas de su
camisa. Nada puede frenar
nuestra ternura. Volveré
al poema. Volveré a ser
una mujer. Pero, por ahora,
tengo una camisa, una camisa gigantesca
entre las manos, y, en algún lugar, una niña pequeña,
al lado de su madre,
la mira para aprender cómo se hace.


!Tess, compañera, cómo te entiendo! Un verso -y la lavadora que elige este momento para terminar-, otro verso -"!mamá! !Búscame el sistem ibérico en internet!"-, media página -la secretaria de la comunidad para que firme un cheque como presidenta que soy-, y por el camino me fijo en que la gata no tiene comida, y empieza a llover sobre la ropa tendida...
Siempre me pregunto cómo lo hace la gente prolífica. De dónde coño sacan tiempo para leer y escribir y asistir a presentaciones y ver películas y seguir siendo personas humanas. Me da mucha envidia, por ejemplo, ver como José Ángel Barrueco desmenuza un libro tras otro en su blog. ¿Cómo lo haces José Ángel, por dios? ¿Cómo lo hacen los demás?
Los libros que leo siempre acaban poniéndome cara de perrillos abandonados. !Y no lo soporto!

Poema: Veinte de noviembre

Gracias a Miriam -compañía dulce y fiel del alma disponible- y a su blog vuelvo a acordarme de mi madre. Ya sé que en su última entrada -preciosa- Miriam habla de abuelas, pero es que cuando yo nací mi madre era ya bastante mayor -creo que mi primer nombre fue Menopausia- y siempre la vi como una mezcla de abuela-madre (no conocí a ninguno de mis abuelos). Recuerdo que mi padre siempre me decía de broma: "tú eres hija de padres viejos", y a mí aquello me causaba mucha angustia, no le veía la gracia por ninguna parte. Y como desde que murió, la mejor manera que he encontrado para acercarme a ella y entenderla ha sido escribirle poemas, aquí va uno.

VEINTE DE NOVIEMBRE

Te fuiste a morir en la misma fecha
que aquel que te había jodido la vida;
nada personal por su parte:
te la jodió a ti como a tantos otros.

En el momento me pareció una coincidencia
con más mala leche que otra cosa:
una ironía fúnebre,
una carcajada de la calavera.
Pero luego pensé que tú reirías la última,
que noviembre sería el mes de las madres
que guardan la ternura y la dignidad
en un cofre rodeado de pinos y regatos;
no el mes de los que se van entre tubos,
ajenos a la muerte como estuvieron ajenos a la vida,
y que yacen incorruptos admirando
la solidez del mármol.

Una última cosa, madre:
sé por ti que hay ideas que atentan contra el corazón.
Dicho de otro modo:
tener corazón no permite tener ciertas ideas.
Y ninguna otra vida
ninguna otra muerte
me convencerá de lo contrario.

lunes, marzo 12, 2007

Katherine Mansfield

Buscando en internet textos de Katherine Mansfield, me encuentro con esta cita, que viene muy a propósito, me parece a mí, del tema que trataba en la entrada "Tripulantes en alta mar":

"Debemos deshacernos de la idea del cuco; y luego, luego viene la oportunidad de la felicidad y la libertad".

"We must get rid of that bogey -and then, then comes the opportunity of happiness and freedom".

El lector que recoge la cita de Mansfield -que se puede leer aquí, junto con otros fragmentos de sus textos- explica que "Mansfield se refería al amor, y tras casarse con John Middleton Murry comenzó a llamarlo Bogey, that bogey of love".

Sólo sin la idea previa del amor, el amor se permite sorprendernos. Y así todo.

En la misma página web encuentro este poema (gracias):

El Golfo
(Traducción: Agustina Jojärt)

Un golfo de silencio nos separa.
Me detengo a un lado del golfo -tú al otro.
No puedo verte ni oírte -pero sé que estás allí.
Suelo llamarte por tu apodo infantil
Y simulo que el eco de mi llanto es tu voz.
Cómo podríamos unir el golfo -nunca a través de las palabras o el tacto.
Alguna vez creí que podríamos llenarlo con nuestras lágrimas.
Ahora deseo romperlo con nuestras risas.

miércoles, marzo 07, 2007

Parece una tontería

Me viene mucho a la cabeza un cuento de Carver llamado "Parece una tontería", de su libro Catedral. Para los que no lo conozcáis -los que lo hayáis leido, o visto en la película Short Cuts, de Robert Altman, estoy seguro de que no lo habéis olvidado-, la historia que cuenta es la siguiente: una madre encarga para su hijo un pastel de cumpleaños; la misma mañana del día de cumpleaños, el niño es atropellado y herido de gravedad. Sólo sobrevive unos días; durante cada uno de esos días, e incluso cuando el niño muere, los padres reciben una llamada telefónica en la que un hombre repite el nombre de su hijo y les insulta. Finalmente, la madre cae en la cuenta de quien es el hombre que llama: se trata del pastelero al que le encargó la tarta de cumpleaños. Van a la pastelería, y el hombre les recibe con agresividad, echándoles en cara que el pastel en el que invirtió materiales y tiempo ha terminado por estropearse. La madre le dice que el niño del pastel, su hijo, ha muerto. Y el pastelero se derrumba, les cuenta su triste vida, sin hijos, sin nadie, les sirve café, les da bollos calientes -"En momentos como éste,"dice", parece una tontería, pero comer sienta bien".- y los tres pasan la noche juntos, al calor del horno y los panes recién hechos, compartiendo su miseria y su dolor. "Hablaron hasta que el amanecer arrojó una luz pálida por las ventanas, y ni se les ocurría marcharse". Fin.
Me viene a la cabeza este cuento cuando alguien me empuja en el metro sin saber que estoy a punto de desmoronarme. O cuando mi tristeza se convierte en odio e insulto por dentro a los que están delante de mí en una cola. A los que me hacen esperar. A los que creo que me miran mal. A los que no responden a mis buenos días. A todos. A casi todos. A todos.
Pienso en la injusticia de los juicios rápidos, en la ausencia de compasión. Y deseo un amanecer que nos salve, que nos reúna, que nos coja alrededor de un café y unos bollos calientes; pero el amanecer me suele pillar a solas con el insomnio, después de pacer la noche como un rumiante.

Tripulantes, ya casi en alta mar

Hablo tarde de Tripulantes, pero es que como ya he dicho en otras ocasiones no estoy dotada para las reseñas. Para bien o para mal, soy de digestión pesada y no sirvo para captar lo general, para sintetizar un acto o un ambiente. Siempre acabo quedándome con dos pinceladas y vuelvo sobre ellas una y otra vez, a veces obsesivamente, buscando lo que me queda de la experiencia.
De la presentación de Tripulantes, varias cosas. Para empezar: hay gente con tanta fuerza que crea una especie de campo magnético a su alrededor. Por suerte, David González es una de esas personas. Por suerte, digo, porque es un placer conocerle y porque de todas las cosas que podía haber sido él es poeta. Otra cosa: en la barra del bar, en el escenario, en el libro, en la gente, se notaba que había cariño e ilusión. Y el libro, aunque aún no lo he leído, es una maravilla de edición. El libro circulaba de mano en mano como bebés nacidos de parto múltiple en su fiesta de bautizo.
Y para continuar con lo que llevo digiriendo desde entonces: al principio del DVD que acompaña al libro hay una frase de David. Cito de memoria: "La ficción es una de las cosas que más daño ha hecho a la humanidad". Rotunda, ¿eh? De primeras, la frase puede echar para atrás a los que somos amantes de las historias, de los libros, de las películas, de la ficción. Pero para mí, por biografía, por mi entramado vital y emocional, tiene sentido, y leerla me estremeció. Escuché por primera vez algo parecido hace muchos años: en mi primera casa de alquiler, en una cocina grande y desvencijada, en una tele con el tubo catódico roto, que emitía los programas con colores delirantes. Estaba preparando la cena con mis compañeros de piso, y Terenci Moix -que no es santo de mi devoción- dijo en una entrevista que a él la ficción que había mamado de niño le había jodido la vida. Que le había llevado años acoplarse a la vida real, y siempre con un sentimiento de pérdida, de abandono, de traición hacia aquellas ficciones que la ficción había engendrado en él. Al oírlo me puse a llorar. Fue la primera vez que me daba cuenta de mi lastre. De la impresión que sobre ciertas mentes o sensibilidades pueden causar los primeros -y los segundos, y los terceros- libros, películas, sueños, historias, su intensidad, su rotundidad, sus finales cerrados -por no hablar de los felices. Para mí, en el amor, en la maternidad, en la amistad, para todo han existido moldes previos. Y como una mariposa débil he tenido que romper el capullo de cada uno de ellos.
Por eso, cada vez más, me vuelvo hacia lo seco, lo abierto, lo que sabe a real, lo contenido, los momentos muertos, la sugerencia, la ausencia. Para que la literatura, como un veneno homeopático, me cure de la enfermedad que ella misma provocó. Para que no me mienta, sino que me muestre, y entonces la vida no me coja desprevenida.

martes, marzo 06, 2007

Poemas de Leonard Cohen

5.
Todos los hombres te encantan.

Si alguna vez lees esto
piensa en el hombre que lo ha escrito,

él odiaba al mundo en tu nombre.

16.
Ya no estoy en mi mejor momento para practicar
el oficio de los versos.
Se me da mucho mejor
estar en el cuarto ropero con Sara.
Pero incluso en este mundo alternativo
tampoco estoy ya en mi mejor momento.
Necesito
la compasión de mi propia atención.
Quién podría haber adivinado
que el corazón envejece
del contacto con otros.

49.
Un día de estos
serás el blanco
del desprecio de los esclavos.
Entonces no hablarás con tanta tranquilidad
sobre tu libertad y tu amor.
Entonces te aguantarás las ganas
de ofrecernos tus respuestas.
Tú tienes muchas cosas en la cabeza.
Nosotros sólo pensamos en la venganza.

68.
Dejé que tu mente entrara en mí
por culpa de la soledad.
Fui un hogar para tu visión.
Pero no podría serlo dos veces.
No pises tu sombra,
no pises mi escoba.
Yo mantendré tu sombra limpia.

95.
El amor es un fuego.
Arde por todas partes.
Desfigura a todo el mundo.
Es la excusa que el mundo pone
por ser tan feo.

102.
Ya no me queda talento.
Ya no puedo escribir más poemas.
Ya podéis llamarme Len o Lennie,
como siempre habéis querido hacer.
Supongo que debería dejarlo,
pero los viejos hábitos persisten
y las mujeres no hacen más que empujarme a ello.
Antes de que me acuséis de que os aburro
(para vuestro definitivo triunfo y alivio)
acordaos de que ni vosotros ni yo
podemos hacer ya el amor,
y una vez más habéis disfrutado
de la compañía de mi alma.

114.
Cada vez que mi mujer tiene un hijo
se vuelve loca;
ve el mundo con lucidez
y se vuelve loca.
La tenemos que internar
para poder volver a la guerra.
Hombres y mujeres mueren
precisamente delante del niño.

(Del libro La energía de los esclavos, publicado en Visor)