El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta

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miércoles, mayo 21, 2008

Unos versos de Víktor Gómez

De verdad, la belleza

no puede ser sino el atrevimiento

de la fragilidad a darse.



VÍKTOR GÓMEZ





(Perdón, Víktor, por cercenar el poema; pero es que, sin detrimento de los demás versos, estos me han parecido tan acertados que deslumbran. Gracias).

martes, mayo 20, 2008

Palabra de María Zambrano

"(...) pues cuando los demás no comparten, aunque sea en un grado mínimo la transparencia, les causa sólo rencor".

MARÍA ZAMBRANO




(Gracias, Marta, por recordarme las palabras de la gran sabia).

miércoles, noviembre 22, 2006

De Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut

(Un soldado americano superviviente de la matanza de Dresde acaba de robar un carro para huir de la ciudad asolada por las bombas).

"Empezaba a recobrar la conciencia y a despertar de su somnolencia cuando oyó a un hombre y a una mujer hablando alemán en tono lastimero. Estaban compadeciendo a alguien. Antes de abrir los ojos, a Billy le pareció que aquel tono de voz podría haber sido el de los amigos de Jesús cuando desclavaron de la cruz su cuerpo destrozado.
Entonces abrió los ojos y vio a un hombre de mediana edad y a su esposa hablando a los caballos. Se habían dado cuenta de lo que los americanos ignoraban, a saber: que los pobres animales perdían sangre por la boca, tenían las pezuñas partidas -lo que hacía que cada paso fuera una agonía para ellos- y además estaban muertos de sed. Los americanos habían tratado a su medio de transporte como si no fuera más sensible que un Chevrolet de seis cilindros.
Las dos personas que se compadecieron de los caballos dieron la vuelta a la carreta hasta descargar sobre Billy todos sus reproches, precisamente sobre Billy, que era tan larguirucho y débil y que estaba tan ridículo con su toga azul celeste y sus botas plateadas. A él no le temían. De hecho, ya no le temían a nada. (...) Entre los dos hablaban nueve lenguas. Primero intentaron hablar a Billy en polaco, basándose en que iba vestido como un payaso (los desdichados polascos fueron los payasos involuntarios de la Segunda Guerra Mundial). Pero el americano no entendió nada.
Luego fue Billy quien les preguntó, en inglés, qué era lo que querían. Al momento ambos le reprendieron, también en inglés, por las condiciones en que se encontraban los caballos. Le hicieron bajar de la carreta para que los viera, y se quedaron sorprendidos cuando le vieron echarse a llorar ante el estado de su medio de transporte. Durante toda la guerra, nada había conseguido hacerle llorar".

Esto me recuerda a algo. Ayer hablaba de la muerte de mi madre. Fue un período muy duro para mí, porque su enfermedad coincidió con mi separación. Atravesé todo sin llorar: la noticia del cáncer, la quimioterapia, mi separación, la mudanza a una buhardilla inmunda que era lo único que podía pagar... Pero un día que volvía de visitar a mi madre en la clínica, descubrí que me había dejado las llaves en casa. Acababa de mudarme y no le había dado una copia a nadie. Y en medio del autobús atestado de gente, me puse a llorar. A berrear como una criatura. Mi llanto era lo único que se oía en el autobús. Una señora me preguntó y yo le contesté que me había dejado las llaves dentro de casa. La estupefacción de los que me rodeaban sólo hizo que llorara más fuerte.

martes, octubre 03, 2006

Tirando del hilo

Dice Antonio Orihuela en "Fragmentos de poética":
"Los códigos poéticos tienen relevancia como prácticas sociales, las configuran, las transmiten, las reproducen... y también, por todo ello, pueden transformarlas, pueden influir en la consciencia, ayudar a los individuos a pensar -y vivir- sus vidas de otra forma."
"Nuestro interés se centrará sobre aquellos discursos que se hagan eco de la falsa racionalidad del orden existente, sobre los que entrocan con posiciones ante lo real que nos parecen con más capacidad para intervenir en ella, contradiciendo el lenguaje de los hechos tal y como nos es dado, mostrando que la realidad es más (y distinta) de lo que se ha codificado como tal."
"Visualizaremos aquí, por tanto, una práctica de la poesía convertida en práctica de indagación, de revelación, de desvelamiento, reconociendo que toda esa práctica se hace desde un lugar, el del poeta, y por un ser concreto; sobre unas determinadas circunstancias, que no son poéticas, ni funcionan como tales hasta que no intervenimos con nuestro trabajo sobre ellas, y que lo hacemos desde una configuración de lo real que es a lo que, desde aquí, apelamos como ideológica."
"Hay que tirar con atención del hilo de la realidad. Esa es la mejor poesía que concebimos para el mundo. Una poesía de la mirada, de atención, de guardia. Ese estar en el mundo que sólo puede mostrarse a una conciencia que, desde la radicalidad de su exponerse, universaliza lo individual de su experiencia, permite que nos reconozcamos en lo que habla y no nos desposee; que, lejos de bloquearnos, nos permite autopercibirnos lejos de las categorías del pensamiento dominante, continuar pensando y hablando, nos moviliza intelectualmente tanto para la crítica, como para la adhesión y la acción. Nuestra responsabilidad es hacer existir lo que decimos, producir en voluntad y abundancia para la vida".

Del texto de Antonio Orihuela, todo él interesante y, como dirían los americanos, muy inspirador, lo que más me interesa -quizás porque la práctica de la poesía se queda para mí en un territorio muy íntimo- es esa actitud desde la que según Orihuela ha de nacer la poesía: como un acto de "indagación, de revelación, de desvelamiento", "tirando con atención del hilo de la realidad", "una poesía de la mirada, de atención, de guardia". Una poesía, que acatada en tales términos, habrá de ser comprometida a la fuerza, con el mundo, con la verdad. Intuyo -sólo estoy en disposición de intuir, eso sí, con una intuición fiera- que eso, y no otra cosa, puede ser la poesía. Y casi me asustaba darme cuenta del poder de ese compromiso: por lo que supone de exposición, de honestidad, de esfuerzo, de desgarro y de alegría.