El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta

viernes, diciembre 29, 2006

Smoke

Ayer vi Smoke, la película de Wayne Wang y Paul Auster. Volví a verla después de bastantes años desde la primera vez.
Cuando terminé de verla, pensé que en ella está lo mejor de Auster. La influencia del azar, la voluntad de ser mejor persona, la maravilla en lo cotidiano, la búsqueda del padre... de un modo fluido, brillante sin dejar de ser humilde, fresco, dulce, divertido, sincero. Y después de varias decepciones causadas por algunos de sus libros, me atreví a decir en voz alta -como había aventurado antes en un comentario en otro blog- que la mejor obra de Auster no es una novela, sino una película. Quizás si lo pienso un poco más y recuerdo La música del azar, El palacio de la luna o Leviatán, puede que me apee de una frase tan categórica. Pero todavía bajo el influjo de Paul Benjamin y de Auggie Wren, y por la alegría que me da encontrarme de vez en cuando una obra que hable de buena gente sin resultar ñoña, sigo defendiendo que Smoke encarna la quintaesencia de Auster de la mejor manera posible.
Luego, ya en la cama, como si el propio Auster se vengara de mi comentario, me vino una idea: (a ver, graciosilla) si la mejor obra de Auster es una película, ¿cuál es tu mejor obra?
A pesar del intento, la idea no me resultó ofensiva, sino inquietante. Quizás porque me recuerda a otra idea loca, de cuando era pequeña: que todos nuestros actos y pensamientos quedaban registrados (en la mente de Dios, o algo similar). Así que nunca sabré cuál es mi mejor obra. Pero aunque yo me empeñara en elegirla entre mis cuentos o poemas, quizás fuera aquel buey de curry que preparé hace años para una cena con amigos, aquellos chistes que solté delante de una audiencia de amigos borrachos después de escuchar a Gelman en el Ateneo, aquella jugada de dardos que gané, y en la que nada, señor Auster, quedó al azar.

3 comentarios:

Alfman dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alfman dijo...

Si hay algo que me gusta de esa peli es el momento en que cuentan la historia de como demuestran a la Reina de Inglaterra que es posible pesar el humo.
La vi quizá con 16 años (¿?), la verdad es que no recuerdo cuando se filmó (mi memoria suele tener recursos creativos para este tipo de cosas) De alguna forma recuerdo que esa escena me sugería la encantadora idea de que, a veces, una exquisita elaboración de lo absurdo, puede vencer con soltura la mezquindad de la actitud más retrógrada.

Ana Pérez Cañamares dijo...

Alfman, tu forma de ver las cosas me sorprende, y una vez que entro en ella, me parece extraordinariamente precisa y acertada.
Reconozco que esa historia me encantó, pero la avalancha del resto de la película no me dejó tiempo para reflexionar sobre ella. "Una exquisita elaboración de lo absurdo". ¿Dentro de esa categoría entraría el pensamiento mágico, la corazonada, la greguería, las metáforas...? Yo sentí que esa historia hablaba de la poesía, de alguna manera.
A mí, de la película, me quedan varias cosas, entre ellas la historia de las fotos de Auggie Wren, me encanta cuando le dice al personaje del escritor que no las está viendo, que la gracia de esas fotos es que, precisamente, nunca son la misma. Y el escritor se pone a verlas de verdad, a apreciarlas, y entonces ve a su mujer. Cómo, en esa historia, se desmontan la idea o la identidad de quién es artista, y quién no.
También recuerdo la cara de la vieja de la historia de navidad, en esa cara se ve el momento en que decide que va a hacer como si ese hombre que la visita fuera su nieto, a pesar de que ella sabe que no es así.
Un abrazo, y gracias por tus comentarios.