El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta

jueves, febrero 06, 2014

Reseña de Las sumas y los restos por Joan Pinardell



Importa lo pequeño? Lo frágil?
Le damos el suficiente valor a aquellas cosas, en apariencia insignificantes, basándonos en su aparente simplicidad?...

Son las palabras, mapas o itinerarios, planos de tesoros o senderos a ninguna parte que hemos que aprender y desaprender para amar y desamarnos, y volver a habitarlas una vez ya reveladas aún con mayor rubor y generosidad?

Para Ana la poesía es la tabla de salvación para afrontar el naufragio diario que significa vivirnos.

Los ahogados, otros como nosotros, nos preceden o nos acompañan, y sin saberlo cargamos con sus alegrías, con sus penas, con sus cadenas o con sus sueños, (pasado y futuro) aunque miremos desde el presente viven en nosotros y caminan hacia un mundo idealizado: nuestras almas son pequeñas islas de un estuario que reconocemos como grupo, como familia, como clase, como especie siempre humana, siempre incompleta y con la obligación de completarse, o de intentarlo al menos.

Ante la aparente inutilidad de las preguntas sin respuesta, "Las sumas y los restos" nos propone la belleza de lo simple, de lo natural. Lo que articula la mirada del poemario en mi opinión, es una esperanza de salvarse, a través de la evocación y del asombro, sin dar prioridad a lo que suma, sin obsesionarse con lo que resta o lo que nos queda: los versos pasan desde el presente, miran hacia atrás y hacia adelante, sin aspavientos, sin dramas, como brisa moviendo cortinas, acompañando la soledad de nuestro desasosiego, conviviendo con la levedad indiscreta de una pequeña mariposa que se posa ante nuestras narices para incitarnos a la mesura de lo qué somos, a la pregunta de quién vive en nosotros.

Ante la distorsión de la rutina, de lo repetitivo, Ana busca la evocación poética como una salida. Cada ser humano, cada ser vivo, vive su particular gólgota o campo de exterminio, al tiempo que, unas veces por sustituciones y otras por una lucha esperanzadora, cada ser viviente busca su tabla, su camino feliz, los restos de lo que un día fue su infancia (esa barca sin capitán y sin bandera). Lo que queda de su alma que aún será capaz de expandir y de multiplicar. Lo que le proyecte hacia la vida y le haga soportable su propio futuro.

Nos salvamos por los demás y salvamos a quienes nos acompañan. Ese pudiera ser el gran sentido de lo poético. La isla de la fortuna o la tabla de salvación que viene con su equilibrio y estabilidad a liberarnos del infierno, del abismo o de la hecatombe.

Ana en este libro hace de la humanidad su hermana, su madre, su casa común, su guerra vencible, y sus versos son un ansia de cicatrizar, de curar, de cerrar cuentas con el dolor, con lo que nos inquieta, con lo que nos cuesta la tarea cotidiana del vivir. Tantas y tantas cosas que nunca llegaremos a cambiar pero que nos acompañarán para siempre. Cosas que merecen, como nuestras inquietudes y recuerdos, una generosa y digna salida. Una nueva mirada piadosa y reconciliadora en su sentido más humano.

Así en los versos de "Las sumas y los restos" se vislumbra una necesidad de reafirmarse por el perdón antes que por la condena. Por el amor antes que por el dolor innecesario. Por la luz antes que por la oscuridad velada. Son poemas por y desde la claridad. Y siento en estos versos una necesidad de aceptar la vida con paciente resignación, sin dolerse ni herirse en balde. Hay en la parte final del poemario una necesidad de abrazar al adversario que es uno mismo y que llega candente con lo bello y desgarrador, potente y frío, desde el pasado.

Para tal viaje la poeta ni quiere ni necesita intermediarios ni traductores. Decidida desde el primer verso hasta el último, rechaza lo añadido, lo postizo, busca lo que le viene ya dado y lo que ha hecho de si misma, porque Ana quiere mirarse, sentirse en propia carne y no a través de otros filtros, huye de falsos abalorios y de dilemas altisonantes. Se compromete con la vida sin atizar fuegos fatuos ni levantar estridentes banderas.

Sus tesoros, oh gloriosa poesía, son su hija, sus padres, su infancia, sus recuerdos, sus esperanzas, las palabras...

"Si aprendiera a cuidar lo pequeño
lo grande permanecería a salvo".

Bellos versos de "Las sumas y los restos" que en si mismos son una maravillosa declaración de principios.

Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968) vive en Madrid. Alguno de sus cuentos han aparecido en antologías como Por favor sea breve (Madrid, 2001), Mujeres cuentistas (Madrid, 2009), Beatitud. Visiones de la Beat Generation (Madrid, 2011) o Al otro lado del espejo. Narrando contracorriente (Madrid, 2011), y otras. También ha colaborado con algunos de sus poemas en Resaca/Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski (Barcelona, 2008), 23 Pandoras. Poesía alternativa española (Madrid, 2009), La manera de recogerse el pelo. Generación Bloguer (Madrid, 2010), Por donde pasa la poesía (Madrid, 2011), y Mujeres en su tinta. Poetas españolas en el siglo XXI (Bilbao, 2012), entre otras, así como colaboraciones en distintas revistas en papel y publicaciones digitales.

La alambrada de mi boca (Madrid, 2007) fue su primer libro de poemas cuya segunda edición se realizó en2009 y al que le siguieron Alfabeto de cicatrices (Madrid, 2010), Entre paréntesis (Palma de Mallorca, 2012) y su libro de relatos En días idénticos a nubes (Madrid, 2009).

Las sumas y los restos, es su última entrega y ha sido galardonado con el “V Premio de Poesía Blas de Otero-Villa de Bilbao 2012.