El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta

miércoles, febrero 05, 2014

Reseña de Las sumas y los restos en Ediciones Paralelo.

Las sumas y los restos, 2013, propone un libro a dos voces y en dos actos: yo y el otro, el Otro -más apropiado-. Como lo llamaba Pepe Ramos, en lo que se declaró como la primera presentación no oficial de la obra de la poeta afincada en Madrid, se trata de una poesía social íntima, y no le faltaba razón. Los buenos poemas que contiene Las sumas…, que, siendo fieles a la verdad, son los más, hablan de un yo frente a otro yo que puede ser el padre o lo que haya más allá de las cálidas fronteras. No existe el poeta ensimismado pues, tras cada espejo, tras cada recuerdo o cada nostalgia aparece el germen aún en crecimiento de lo que fuimos y lo que estamos siendo. Detrás Varsovia, una concertina, detrás de una ablación, calefacción central.

Son conocidos desde hace unos sesenta años los peligros de la poesía social, poesía que tiende hacia el panfleto, hacia las siglas -qué es CEOE-, hacia Mariano Rajoy o Largo Caballero -los nombres-, hacia una clase-molde-clase, -quizá ya inexistente- o hacia la Historia -con mayúsculas- de la vuelta del Redentor al mundo de los vivos. Las sumas…, quizá haya sido capaz, y por ello le mando toda mi admiración a la autora, de combinar la poesía con el neguijón que, en efecto, forma parte de las enfermedades que felizmente nos corroen como civilización.

Diría ya han pasado, hablando de la poesía de Ana Pérez Cañamares como el verso carente de lastre, el buen verso, que no es sino una de las muchas formas de tender al vacío como caería una supuesta pluma cayendo mecida hacia la tierra, con el fin de deshacerse a uno mismo, tal vez. No existe la dicotomía fascista entre malos y buenos, pero existe la rabia de los desarmados dispuestos ha arrancarnos y a vestir nuestros conopeos tantos siglos usurpados.

Los pasillos. Son estos, hasta donde yo leo, lugares de tránsito, como aeropuertos o estaciones de tren -si nos ponemos más románticos-. Son la línea recta que se traza en Las sumas… entre la muerte del padre, yo, la vida de la hija, siempre con una letra sincera y pausada que no duda en mirarle a los ojos a los viejos de caras arrugadas, que somos y por ello nos espantan.

Desde esta plataforma les convido a leer a la autora, pues no es fácil en los tiempos que corren de sobre explotación del término poesía encontrar a alguien con un proyecto férreo y consistente. Una voz muy propia, muy con mayúsculas, que se expande a través de los espacios donde su poesía es leída, y lo que sin duda supone un mérito amplio, Las sumas y…, pasada la resaca de su puesta en público, permanece en la memoria y en el papel sin que como la mayoría de obras que se publican en estos nuestros ámbitos actualmente, pierda la coherencia por la que el texto mismo se singulariza ni se desmorone como la mayoría de las cosas ¿de la vida?

Me quedo con un verso de Ana Perez Cañamares que me estremece y termino:
«las cosas, hija, solo son cosas»

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