El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta

miércoles, diciembre 10, 2008

El padre (VIII): un poema de Ana Pérez Cañamares

MI PADRE SE LLAMABA DANIEL

Lo primero que pensé fue:
se ha muerto solo
(acompañar en la muerte
es el mejor bálsamo
para la culpa)

Lo segundo que pensé:
no me ha devuelto
mi última llamada
(nunca nos planteamos
que el deseo de independencia
también puede ser hereditario)

Lo tercero: ya no tengo padres
(y al mirar atrás descubrí
que hace ya mucho tiempo
que ninguna mano
sujeta la bici que monto)

Ahora no puedo dejar de pensar:
padre, yo no estoy muerta
pero también me pierdo muchas cosas.

Ya no estoy enfadada contigo.
Cada vez que te pienso
es domingo por la mañana.
Me llevas sobre los hombros
y yo sé que vas a invitarme
a un batido de chocolate
en el bar de la barra de zinc.
Después tu mano grande se abrirá
frente a mis ojos, y me mostrará el tesoro:
una chapa de mirinda y otra de pepsi.

Cuarenta años para descubrir
que allí estaba todo ya dicho.

ANA PÉREZ CAÑAMARES

13 comentarios:

SONIA FIDES dijo...

Gracias por el esfuerzo que supone contar la historia de una pérdida y enhorabuena porque al final es la historia de una batalla ganada.

Un abrazo súper.

DIONI dijo...

como siempreeee

Julio Obeso González dijo...

Es un poema que de tan íntimo arrebata. La dureza final no emerge por sorpresa, es fruto de usar esa balanza sentimental cuyo fiel sólo mide, la forma en que nos llega la vida.
Yo tengo la suerte de contar con los dos. Soy el mayor de ocho hermanos. Siempre vivimos en casas alquiladas, con mucha más imaginación (mi madre era maga de las finanzas ya que alargó el sueldo de mi padre, despacho de billetes en una ventanilla de la RENFE, hasta la normalidad de comer y vestir y estudiar y caurenta duros los fines de semana, a sus ocho retoños)que medios. Hasta que se jubiló, mi padre no se destapó como un artista del barro y la pintura. Los juguetes por reyes estaban hechos a mano, fusiles recortados en madera pintada, muñecas cuyos vestidos recordaban mucho las últimas cortinas, hasta una bici rescatada de alguna mala calle. Afortunadamente,Ana, ahí no quedó todo dicho. Ellos siempre se preocuparon por darnos motivos de reunión, por tenernos cerca. Hoy, visitados por la ancianidad, medio respetados por las enfermedades se van difuminando juntos; mi padre en su taller con olor a terracota y ella, escribiendo y proyectando su sentimiento religioso en un sin fin de actividades.
PADRE
Una moto, eso recuerdo
y espera, acto de frutos,
pero yo con prisa,
forzada carne
desde el patio.
Mago,fontanero,
pintor por fuera
y desde adentro,
limo en las uñas,
virutas de fusiles maderables
que jamás se encasquillaban.
Con lupas: Fuego
Con imanes: Agujas cometas
Vasos y velas: Agua invertida
Ajedrez o hierba recién cortada.
Decidí que el amor era así
como tú me lo dictaste.

Perdona el asalto a tu espacio, siempre que leo sobre los padres se me abre la compuerta. Ahora estarán los dos con sus respectivos ordenadores, espiándose por encima del hombro para ver a quién está escribiendo el otro.
Un besazo muy fuerte,Ana.
Julio

CLAUDIO BURGUEZ dijo...

ana, con un lucido poema sobre un tema que nos linkea a todos, nos estas arrancando padres por todos lados.
Si con ellos es una relaciona infructuosa, INFRUCTUOSA sigue siendo una palabra jugosa.

Va el mío:

Voy a escribir algo que me cuesta decir
mi padre ya no quiere nada, esta cansado y lo acepto

quien me creía yo que era para pedir otra cosa.

Marta Sanuy dijo...

Muy,muy bueno el poema Ana.

Un abrazo gordo.

Ana Pérez Cañamares dijo...

Gracias a todos.
Gracias por los poemas, Julio y Claudio. Me gusta la magia del poema de Julio, ese retrato del mago que nuestros padres han sido cuando había poco. Me gusta la lucidez del de Julio, me siento identificada.
El final no pretende ser duro, más bien decir que, por mucho que la vida aparte y acerque y nos líe, el amor estaba claro desde el principio y esa relación ya no se deshace nunca.
Un beso a todos.

Ismael Cabezas dijo...

Un pedazo de poema Ana.

Rosario dijo...

Ana, te busco después de los vientos de San Fernando, del regalo de Camarón, de las coincidencias fonéticas con que nos nombran, y te encuentro grande, sin ruido de fondo. Gracias por la bomba hipnótica de tu poesía. Gracias por la risa de nuestro encuentro. Gracias por este dolor. Abrazos. Rosario.

BACO dijo...

Ánimo en lo negro.
Mucho, mucho cariño.

pepe pereza dijo...

Ana, no veas como me ha conmovido. Siento mucho la pérdida de tu padre.
¡Joder, que bello poema!
Un abrazo y todo mi amor

Jesús Alonso dijo...

Me ha gustado mucho. Espero que mis hijos tengan un recuerdo tan hermosoo por lo menos tan bien contado. Un abrazo.

Nemo dijo...

Muy hermoso

fco. javier dijo...

Los tesoros de mi padre no eran chapas de mirinda, sino los programas de las películas que recogía (o robaba, no está claro) en los cines de barrio de sesión continnua...
http://blocdejavier.wordpress.com/2014/05/08/mi-padre-se-llama-daniel/