El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta

miércoles, mayo 16, 2007

Poesía en los bares, varios días después


Ya he dicho otras veces que soy la persona menos indicada para hacer reseñas, críticas o análisis.
Y en este caso, menos aún!!! Quiero contaros lo que viví el otro día, en mi primer recital de poesía. Quiero contaros mi experiencia. Sin resumir, sin interpretar, paso a paso.

Llegamos a Illescas sobre las cinco de la tarde, Javi (mi amigo Javi), Manuel (mi marido) y yo. Yo iba nerviosa, aunque intentando neutralizar los nervios con cierta dosis de inconsciencia, hablando de esto y de lo otro, y echando unas risas. Llamo a Andrés, el Kebrantaversos, organizador de toda la movida, y me dice que cuando entremos en Illescas, que paremos y le digamos donde estamos. Paramos junto a un bar llamado Oasis. Le aviso y dice "voy para allá". Los que seais de Madrid entenderéis la sorpresa que siempre causa que te localicen tan fácilmente, simplemente diciendo el nombre de un bar. Hasta allí vinieron a buscarnos Andrés y David González, que había llegado antes que nosotros. Enseguida compartimos la misma onda: risas, buen rollo, nervios. A mí me sorprendió -aunque conociendo su respeto y su amor por la poesía, no debería haberme sorprendido- que David me dijera que él estaba también nervioso.
Andrés nos llevó a su casa, y me hizo sentir como una reina: bombones, libros, vino... Parecía el día de Reyes. Yo les había llevado dos ejemplares de mi libro de relatos, y para Andrés, el último libro de David, que se llama como su blog, Algo que declarar, recién salido a la calle, que es su sitio porque de allí viene.
Fuimos al pub donde íbamos a dar el recital, y allí empecé a darme cuenta de donde me había metido: mucha gente, muchos saludos... Aluciné de nuevo viendo a David leyendo sus propios poemas, cambiando, eligiendo... Y recordé algo que me había dicho Enrique Ortiz en un comentario: algo así como que esta era la prueba para ver cómo mis poemas llegaban a los demás y a mí misma. Me retiré para releerlos y fue como si estuvieran allí por primera vez: cuando los imaginé leídos en voz alta -fuera de las cuatro paredes de mi habitación- me di cuenta de que aquello era otra cosa. Cambié unos por otros, con un boli hice cambios sobre la marcha. Empecé a sentirlos vivos, no sé si me explico...
Y luego vino la lectura. Empezó Andrés presentándonos a todos -qué energía la suya, contagiosa, alegre, llena de afecto, limpia y resplandeciente-; nos acompañaba a la guitarra un pedazo de músico llamado Amable Rodríguez, y digo bien lo de acompañar. Leíamos por turnos, primero Patxi, un actor que interpretaba -!y cómo!- versos de Rafael Amor; luego el poeta Armando Gallego; después Andrés, Kebrantaversos, al que seguía yo y para finalizar David. Nunca agradeceré a David lo suficiente todo lo que me enseñó y todo lo que me animó en ese rato. Ya lo intuía, pero ahora tengo la seguridad de que es tan buena persona como poeta, y que cuando esto va junto es el mayor de los lujos para los que podemos disfrutar de ambas cosas.
Disfruté mucho leyendo los poemas en voz alta, lanzándolos entre la gente como aviones de papel, con toda la fuerza y la dulzura de que fui capaz. Y para acabar, David y yo leímos un poema suyo dialogado que me puso la carne de gallina.
Me resultó sorprendente sentir el calor de todos los que estaban allí mientras iba leyendo. Me convenció de lo activa que puede ser una escucha, una lectura. Sentí que los poemas se quedaban en un espacio común del que participábamos todos.
En fin: que sólo puedo decir, una vez más, gracias. A todos los que participaron: los que leyeron, los que escucharon, los que cuidaron que no me faltara la cerveza, los que me animaron antes, durante, después; y que cuando queráis, habrá más. Que ya tengo mono.
Podéis ver fotos y vídeos en el blog del Kebrantaversos, que, para mí, durante una tarde, se convirtió en el genio de la lámpara.

8 comentarios:

Rubén Bravo dijo...

En primer lugar, Ana, decir que estuve allí, que soy el chico con gafas al que David le firmó su libro anterior. No sabía que tú, que estabas a su lado, ibas a recitar. Lo cierto es que estuvo muy bien, que se vivieron momentos emotivos y que todos lo pasamos bien, que es siempre de lo que se trata. Me gustó mucho como recitaste y me gustó mucho el poema sobre tu ortodoncia.
Quisiera hacerte llegar una cosa que he escrito sobre el evento. A ver si encontramos la manera. Un saludo.

Miriam G. dijo...

Yo me he tomado la libertad de poner tu video en mi blog. Me emocioné escuchándote. Menos mal que sólo son 17 segundos de video, si no a lo mejor hasta me haces llorar.

Un beso, Miriam G.

Enrique Ortiz dijo...

Genial, Ana; he visto las fotos y los vídeos. Estoy muy emocionado y contento. Tus poemas me encantan, ele. Un beso muy fuerte y dale un abrazo al kebrantaversos.

Jesús Alonso dijo...

Normalmente el que escribe espera respuestas y si la respuesta es inmediata pues mucho mejor. Enhorabuena por la experiencia y que vengan más.

Ana Pérez Cañamares dijo...

Pues sí, Jesús, no estamos acostumbrados a las respuestas inmediatas y la verdad es que el calor cobija mucho.
!Enrique! !De verdad que me acordé mucho de ti! Un abrazo
Miriam, como ya te he dicho, eres un sol.
!Gracias, Rubén! Pídele a Andrés mi dirección de correo, o la postal, que también la tiene, o lo que quieras, mándame lo que has escrito, porfa, estoy deseando leerlo. Un abrazo

Mariano dijo...

Mis más sinceras felicitaciones. Sin haber vivido algo igual, sí que viví algo parecido hace poco, cuando presenté mi primera novela en público. Hablar sobre ella en alto y sentir el calor de los que me oían ha sido de las cosas más bonitas que me ha pasado en la vida.
Mucha suerte, muchas veces.

Cayetana Altovoltaje dijo...

Ese es el tipo de cosas que deberían hacerse más a menudo. Todos los días. Me encantó el de los besos. Y enhorabuena por vuestra valentía, hay que tenerla para permitir que los demás dispongan de tu alma así, cara cara ;)

MariajeAguirre@Gmail.com dijo...

Hay veces que me pregunto si es bueno para el poema su lectura pública, personalmente solamente en una ocasión leí varios de los míos, la experiencia me resulto un poquillo traumática, fue como realizar un "estriptis" ante un montón de personas que no conocía de nada.

Recuerdo con especial cariño un recital de poesía al que asistí y que relaté de esta manera:

En un recital de poesía

Llegué la primera a la sala, había cinco filas de sillas formando una media luna al rededor del atril, me senté en la esquina de la última fila, al cabo de 5 minutos comenzó a llegar el resto de los asistentes. Primeramente llegó una mujer bastante mayor, llevaba calada hasta las orejas una gorra de lana, se sentó en la segunda fila, en un goteo continuo fueron llegando el resto de los asistentes. Por las pintas que llevaban todos parecían personas especiales, o personas que necesitaban refugiarse del frío que hacía en la calle.

Tengo que aclarar que me encontraba en un país donde no entendía ni palabra del idioma, así que me encomendé a todos los santos para que no surgiera ningún diálogo con los asistentes. Cuando faltaban por ocupar 4 o 5 sillas llegó la poeta, saludó, sacó las hojas y comenzó a recitar lo que había recientemente publicado, se acompañaba de la música de una violinista.

No sé lo qué decía, pero en la modulación, la musicalidad, el ambiente que se respiraba, me encontré que formaba parte de una gran familia, la familia de las personas que acuden por instinto a lugares donde nadie les llama.

La violinista sacó del violín notas que jamás había escuchado, la poeta recitó sus poemas con humildad, no sé que puñetas dijo, pero me gustó cómo lo hizo.


FIN FINITO