El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta

martes, abril 08, 2008

Casablanca y Sueños de California, dos poemas de David Pérez Vega



CASABLANCA
(Sueños de un seductor, Woody Allen)

En el sobrio blanco y negro de la pantalla
la gabardina perenne de Humphrey Bogart le dice
a Ingrid Bergman todo lo que le tiene que decir,
sin variar una repite sus tensas palabras
que ya oí idénticas tantas veces.
"Siempre nos quedará París,
lo habíamos perdido y ahora lo hemos recuperado."
La cámara se eleva abandonando los pasos
que chapotean en la pista de aterrizaje.
"Éste es el comienzo de una gran amistad."

Sé que estoy sonriendo
tras mi pijama de lento domingo por la tarde.
Afuera, con pasos de animal decrépito,
el cielo oscuro se adentra en la noche verdadera.

A los tipos como Humphrey Bogart siempre les quedará París,
a los tipos como nosotros siempre nos quedará Casablanca.



SUEÑOS DE CALIFORNIA

Por las mañanas, en los tempranos sábados
de ligeras resacas, acudía a aquella academia
-ahora unos almacenes-, detrás de la calle
de Simago, que abandoné tras los resultados
cenagosos del primer febrero universitario:
¿A dónde os gustaría viajar?, en inglés preguntó
el profesor. Yo contesté que a California
y con un bufido de sorna una chica
rechazó mi elección. Ella se decantó
por un lugar como Nepal o el Tíbet
o una exaltación similar del espíritu.

Pero lo que ella desconocía era
que nos había fallado el cuerpo
de las referencias:
yo pensaba, por ejemplo,
en los amarraderos de metal
en forma de cabeza de caballo
y los trenes rojos eléctricos que enlazaban
con los trasbordadores y la niebla,
como describía Philip K. Dick a Berkeley
en Radio Libre Albemut, soñaba
con todas las casas de la bahía
desde las que Dick iluminó su paranoico
mundo de androides con dudas,
psíquicos crueles, pueblos nucleares,
extraterrestres de tiempo desarticulado
y estados policiales…
porque si me apuras, California
también representaba para mí
una cierta actitud de rebeldía universitaria
y California era la música de The Doors
y Jim Morrison, playas y desiertos,
hablando de caminos que abrían
las puertas de la percepción.

Imágenes, sensaciones inaprensibles,
que poco después se unirían en mi mente,
en mi particular sueño de California,
a los paseos furiosos del joven Bukowski
a la biblioteca de La Ciénaga en Los Angeles,
y desde Nueva York los viajes en coche
de Jack Kerouac hasta la librería de Felinghetti
en San Francisco y las sesiones de free jazz
y el triste fin de Scott Fitzgerald
en el lodazal de Hollywood…

Seguramente ella, la chica espiritual,
imaginase que yo pensaba en la California
edulcorada y falsa, la California fast food,
de series como Sensación de vivir
o Los vigilantes de la playa.
Espero que consiguiese visitar Nepal
o el Tíbet o su rigurosa idea de esos lugares,
yo aún no pude ir a California,
aunque quizás sea mejor así, sin decepción,
mantener esas imágenes, esas sensaciones
inaprensibles, como una particular visión
de mí mismo y el recuerdo y la imposibilidad
de aquellos años,
aunque, como dice
la canción, a veces, todavía hoy
sueño con California.

1 comentario:

Ed. Expunctor dijo...

Me ha gustado mucho esa imagen de los puntos de amarre como cabezas de caballo. Muy sugerente...

En El Mar Menor escasean los puntos de amarre. Curiosamente, allí cada vez quedan menos caballitos de mar...

Salud!