El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta

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viernes, noviembre 26, 2010

Un texto de Los cuadernos de Malte Laurids Bridgge, de Rilke

(Una obra de Alex Gross)


Se debería esperar y saquear toda una vida, a ser posible una larga vida; y después, por fin, más tarde, quizá se sabrían escribir las diez líneas que serían buenas. Pues los versos no son, como creen algunos, sentimientos (se tienen siempre demasiado pronto), son experiencias. Para escribir un solo verso, es necesario haber visto muchas ciudades, hombres y cosas; hace falta conocer a los animales, hay que sentir cómo vuelan los pájaros y saber qué movimiento hacen las flores al abrirse por la mañana. Es necesario poder pensar en caminos de regiones desconocidas, en encuentros inesperados, en despedidas que hacía tiempo se veían llegar; en días de infancia cuyo misterio no está aclarado aún; en los padres a los que se mortificaba cuando traían una alegría que no se comprendía (era una alegría hecha para otro); en enfermedades de infancia que comienzan tan singularmente, con tan profundas y graves transformaciones; en días pasados en habitaciones tranquilas y recogidas, en mañanas al borde del mar, en la mar misma, en mares, en noches de viaje que volaban muy alto y temblaban con todas las estrellas... y no es suficiente incluso saber pensar en todo esto. Es necesario tener recuerdos de muchas noches de amor, en las que ninguna se parece a la otra; de gritos de parturientas, y de leves, blancas, durmientes recién paridas, que se cierran. Es necesario aún haber estado al lado de los moribundos, haber permanecido sentado junto a los muertos, en la habitación, con la ventana abierta y los ruidos que llegan a golpes. Y tampoco basta tener recuerdos. Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la paciencia de esperar que vuelvan. Pues los recuerdos mismos no son aún esto. Hasta que no se convierten en nosotros, sangre, mirada, gesto, cuando ya no tienen nombre y no se les distingue de nosotros mismos, hasta entonces no puede suceder que en una hora muy rara, del centro de ellos, se eleve la primera palabra de un verso.»


RAINER MARÍA RILKE, Los cuadernos de Malte Laurids Bridgge

(Tomado del blog Cuaderno de resistencia. Gracias.)

miércoles, mayo 19, 2010

Todos somos monstruos, un poema de Adriana Bañares

Todos somos monstruos

Nacemos monstruos y vamos empeorando con la edad. Sobre todo en el colegio, en primaria. Ese es el punto álgido de nuestra monstruosidad. El momento en que nos damos cuenta en qué fallamos, cuál es nuestro punto de atracción y cuál el punto de detracción. Qué nos aman, qué nos odian.

Somos monstruos, cargando a nuestras espaldas las vergüenzas, todos y cada uno de nuestros prejuicios. Las manchas de nacimiento que no se van ni con maquillaje y que se multiplican a la luz del sol. Escondidos en un mutismo de pudor inconfesable, intentando aparentar siempre que todo va bien. Que no somos bestias como el resto.

Somos el monstruo gordo de la clase de quinto de primaria, a quien no queríamos nadie y llamábamos bola de sebo; somos el monstruo cíclope de segundo de primaria, a quien llamábamos cegato por tener un parche en el ojo izquierdo. Somos la caspa, los kilos, el moco, la roña en el cuello de todos esos niños marginados. Somos la vergüenza de nuestros años de instituto, los chándales cutres de Adridas para las clases de educación física. Somos aquella voltereta que no supimos dar, el balón prisionero que nos dio en toda la cara, el sol que nos cegaba al jugar sin ganas al puto vóleibol.

Todos somos los monstruos. Las cajeras del día madres solteras a los veinte con un novio que se sobreexcita al cambiar el motor del coche. Todos somos los monstruos. El triunfador que se muerde la lengua cada vez que recuerda lo patético que fue a los quince.

Somos monstruos. Cargamos a nuestras espaldas, y lo tenemos tatuado en la frente, quiénes fuimos y el peso de nuestra vergüenza.

ADRIANA BAÑARES

(Adriana leyó este texto en el Destroyer, y le pedí que me lo enviara para colgarlo aquí, porque me conmovió recordar que Todos somos monstruos. Gracias).

lunes, marzo 22, 2010

La bondad es misteriosa, un texto de Cristina Morano

Dijo Manuel Vilas, hace unos días: “Pero Gary Cooper es como un espectáculo de bondad misteriosa.” Se refería a la película “Solo ante el peligro” y es cierto que Gary Cooper tiene una mirada muy singular: se supone que su personaje es el bueno de la peli, pero su rostro denota misterio todo el rato. Un Misterio muy grande.

Creo que esto sucede porque Gary Cooper y el director del film entendieron, como entiende muy poca gente, que realmente la bondad no es explicable. El ser humano tiene verdaderamente pocas razones (o ninguna) para hacer el bien. Una de las principales líneas de la investigación científica sobre el cerebro responde a este misterio: por qué, en un momento determinado, un individuo inserto en un grupo, rechaza su propio beneficio a favor de otros. En el caso de padres/madres e hijos la razón puede ser la herencia genética pero en otros, por ejemplo en los casos de bomberos que dan su vida para rescates en incendios (con lo cual sus genes desaparecen) ¿cómo se explican?

Me he acordado del comentario de Vilas porque hoy, David González ha cambiado la foto de cabecera de su blog (hay que ser invitado para entrar, pero si investigáis en Google y buscáis su antiguo blog ya cerrado, “Perdóname, pero te amo”, podréis solicitarlo). Bueno, pues David ha puesto una foto de cuando era niño. Me ha llamado la atención, porque su mirada infantil tiene inocencia, pero es demasiado abierta, confiada, paciente,… se le podrían aplicar multitud de virtudes, pero no la de la bondad.

Y sin embargo, lo curioso de este caso, y os invito a repasar las fotos de David González adulto, (o si le conocéis, vuestra memoria), lo curioso es que el rostro de David adulto tiene bondad, esa bondad misteriosa de Gary Cooper. Sus ojos (y sus poemas) tienen ese cansancio que la gente cursi asocia a la tristeza y que responde más bien a una “callada desesperación” (ver 1), una rabia ante la vida: el convencimiento de que no hay ninguna razón en este mundo para portarnos bien y ser buenos… Y sin embargo, apretar los dientes, callar, portarse bien y ser buenos.

David González, que no es ningún “simple” y que en su época estuvo en el maco, como él dice, "por delincuente, no fui un preso político”; literariamente refleja esa mirada de “bondad misteriosa”: escribe una poesía compleja, cuyo fin último es la construcción de un mundo donde SÍ sea posible el Bien, (ver 2).
Más que a la impertinencia o a la chulería, incluso más que a la no-ficción, los poemas de David se mueven en ese plano del discernimiento del bien y del mal: en sus textos, por decirlo “a lo grande”, los malos del mundo, (los tiranos, los maltratadores, los funcionarios petulantes, los policías abusadores, los vecinos imbéciles, las viejas retrógradas) sufren una “puesta al descubierto”, mientras se revaloriza al débil o al socialmente postergado, quien a su vez no está exento de autocrítica. (ver 3)

Sí, la cara de quien hace el bien es misteriosa: no sabe porqué no roba un banco, o no se emborracha en el trabajo, o no baldea a los beatos del PP, no sabe porqué paga la luz, acepta las facturas dobles del agua, no le grita a su pareja que está tonteando por el bar…

O quizás es así porque, un día ya lejano tuvo ese encuentro consigo mismo que Céline llamó el fin de la noche y del cual solo se sale con esa mirada… la mirada de quien ha dejado en prenda su propio ser destruido... (ver 4)

Perdonadme que al final me haya puesto un poco épica y melodramática, pero es que ¡me da la gana!

1. “Las masas viven una vida de callada desesperación. Lo que se llama resignación es desesperación confirmada." Henry David Thoreau
2. Cuando su abuela va verle a la cárcel, él describe ese épico momento en que el policía se ve reflejado/enfrentado a la moneda de Franco, (entonces –internamente– todos aplaudimos como cuando en el cine Gary Cooper mata al último de los pistoleros).
3. Si os gusta esta visión que os he propuesto del mundo de David, debéis leer a José Daniel Espejo, incluido en la antología Hankover y para mí, un verdadero “faro” moral poético.
4. Me dijo mi psicoanalista: muy bien Cristina, ya has descubierto que estás sola, ahora te invito a que salgas y descubras la soledad de los otros.

Cristina Morano

(Gracias a Cristina por este precioso texto que publicó en su blog La Morano.)

lunes, marzo 08, 2010

Despacio, un texto de Rafael Camarasa


DESPACIO

En automóvil regreso por la costa, dando un enorme rodeo. Vale la pena alargar este cielo. La tibieza del aire. De vez en cuando saco la mano y pido a los coches que me adelanten. Algunos conductores tocan el claxon, reprochándome la lentitud. Ignoran que los lentos no deciden su ritmo ni saben que se puede ir más rápido. Y que al sacar la mano por la ventanilla, yo sí estoy eligiendo.
RAFAEL CAMARASA
(Este texto lo envió el autor para felicitarme el año. Como la felicidad y la lentitud tienen sentido en enero, en marzo y en noviembre, copio aquí el texto. Gracias, Rafael.)

viernes, enero 29, 2010

Salinger





NOSTALGIA DE SER UN SALINGER
Hasta hoy hubiera querido ser un Salinger, escribir dos libros, triunfar joven y darme el piro durante años para reaparecer sin querer, indignado y viejo intentando darle una hostia a un fotógrafo meticón. Eso es una biografía. Hoy Salinger ha muerto y ya quiero ser menos Salinger, se entiende; pero tampoco mucho menos Salinger, sobre todo en otra jornada en la que ha habido que convivir con más externalizaciones, más cinismo y el anuncio de que la jubilación va a retrasarse hasta una avanzada vetustez. ¡Y yo pensaba que ya no iba tener tiempo de cumplir todos mis sueños laborales! En fin, una cosa es segura ya no volveré a sentirme Salinger hasta que muera a no ser que se me cruce por medio algún entrometido con cámara al que haya que partirle la cara. A ese nivel de Salinger todavía puedo llegar y más con el humor que me están poniendo.



SI REALMENTE LES INTERESA

Si realmente les interesa lo que voy a contarles, probablemente lo primero que querrán saber es dónde nací, y lo asquerosa que fue mi infancia, y qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y todas esas gilipolleces estilo David Copperfield, pero si quieren saber la verdad no tengo ganas de hablar de eso. Primero porque me aburre y, segundo, porque a mis padres les darían dos ataques por cabeza si les dijera algo personal acerca de ellos. Para esas cosas son muy susceptibles, sobre todo mi padre. Son buena gente y todo eso, no digo que no, pero también son más susceptibles que el demonio. Además, no crean que voy a contarles toda mi maldita autobiografía ni nada de eso. Sólo voy a hablarles de unas cosas de locos que me pasaron durante las Navidades pasadas, justo antes de que me quedara bastante hecho polvo y tuviera que venir aquí y tomármelo con calma.

J. D. Salinger, El guardián entre el centeno [Edición revisada de 2006]
(Tomado de Escrito en el viento, el blog de José Ángel Barrueco)

martes, diciembre 11, 2007

Texto de Gombrowicz

En el blog de Víktor Gómez, encuentro este texto que me toca, y mucho, del escritor Witold Gombrowicz:

"Es un hecho que los hombres están obligados a ocultar su inmadurez, pues a la exteriorización sólo se presta lo que está ya maduro en nosotros. (Mi novela) Ferdydurke plantea esta pregunta: ¿no veis que vuestra madurez exterior es una ficción y que todo lo que podéis expresar no corresponde a vuestra realidad íntima? Mientras fingís ser maduros vivís, en realidad, en un mundo bien distinto. Si no lográfis juntar de algún modo más estrecho esos dos mundos, la cultura será siempre para vosotros un instrumento de engaño".

viernes, octubre 05, 2007

Los justos, texto de Hernán Casciari

Copio este texto que he leído (gracias, Javi) en el blog que Hernán Casciari dedica al mundo audiovisual dentro del periódico El País, porque me parece estupendo y porque comparto el mismo agradecimiento hacia todos aquellos desconocidos que regalan su tiempo y su esfuerzo para que nos contagiemos con sus pasiones:


Los Justos

Los miércoles a las nueve de la noche, hora de Nueva York, la cadena norteamericana ABC emite una serie de televisión que me gusta. A esa misma hora un mexicano llamado Elías, dueño de un vivero en Veracruz, la está grabando directamente a su disco rígido, y tan pronto como acabe subirá el archivo a Internet, sin cobrar un centavo por la molestia. Tiene esta costumbre, dice, porque le gusta la serie y sabe que hay personas en otras partes del mundo que están esperando por verla. Lo hace con dedicación, del mismo modo que trasplanta las gardenias de su jardín para que se reproduzca la belleza.

A las once de la noche de ese mismo miércoles, Erica, una violinista canadiense de veinticuatro años que ama la música clásica, baja a su disco rígido la copia de Elías y desgraba uno a uno los diálogos para que los fanáticos sordomudos de la serie puedan disfrutarla; distribuye esos subtítulos en un foro tan rápido como puede. No cobra por ello ni le interesa el argumento: lo hace porque su hermano Paul nació sordo y es fanático de la serie, o quizás porque sabe que hay otra mucha gente sorda, además de su hermano, que no puede oír música y debe contentarse con ver la televisión.

A las 3:35 de la madrugada del jueves, hora venezolana, Javier baja en Caracas la serie que grabó Elías y el archivo de texto que redactó y sincronizó Erica. Javier podría ver el capítulo en idioma original, porque conoce el inglés a la perfección, pero antes necesita traducirlo: siente un placer extraño al descubrir nuevas etimologías, pero más que nada le place compartir aquello que le interesa. Para no perder tiempo, Javier divide el texto anglosajón en ocho bloques de tamaños parecidos, y distribuye por mail siete de ellos, quedándose con el primero.

Inmediatamente le llega el segundo bloque a Carlos y Juan Cruz, dos empleados nocturnos de un Blockbuster bonaerense que suelen matar el tiempo jugando al ajedrez, pero que ocupan los miércoles a la madrugada en traducir una parte de la serie, porque ambos estudian inglés para dejar de ser empleados nocturnos, y también porque no se pierden jamás un capítulo.

El tercer bloque de texto lo está esperando Charo, una ceramista de Alicante que está subyugada por la trama y necesita ver la serie con urgencia, sin esperar a que la televisión española la emita, tarde y mal doblada, cincuenta años después. El cuarto bloque lo recibe María Luz, una tipógrafa rubia y alta que trabaja, también de noche, en un matutino de Cuba: María Luz deja por un momento de diseñar la portada del diario y se pone rápidamente a traducir lo que le toca. Dice que lo hace para practicar el idioma, ya que desea instalarse en Miami.

El quinto bloque viaja por mail hasta el ordenador de Raquel y José Luis, una pareja andaluza que vive de lo poco que le deja una librería en el centro de Sevilla. Llevan casados más de veinticinco años, no han tenido hijos, y hasta hace poco traducían sonetos de Yeats con el único objeto de poder leerlos juntos, ella en un idioma, él en otro. Ahora, que se han conectado a Internet, descubrieron que además de buena poesía existe también la buena televisión.

El sexto bloque le llega a Ricardo, en Cuzco: Ricardo es un homosexual solitario —y muchas noches deprimido— que traduce frenéticamente mientras hace dormir a su gato Ezequiel. El séptimo lo recibe Patrick, un inglés con cara de bueno que viajó a Costa Rica para perfeccionar su español, lo desvalijó una pandilla casi al bajar del avión pero igual se enamoró del país y se quedó a vivir allí. Y el octavo bloque le llega, al mismo tiempo que a todos, a Ashley, una chica sudafricana de madre uruguaya que es fanática de la serie porque le recuerda (y no se equivoca) a su libro favorito: La Isla del tesoro.

Los ocho, que jamás se han visto las caras ni tienen más puntos en común que ser fanáticos de una serie de la televisión o de un idioma que no es el materno, traducen al castellano el bloque de texto que le corresponde a cada uno. Tardan aproximadamente dos horas en hacer su parte del trabajo, y dos horas más en discutir la exactitud de determinados pasajes de la traducción; después Javier, el primero, coordina la unificación y el envío a La Red. Ninguno de los ocho cobra dinero para hacer este trabajo semanal: para algunos es una buena forma de practicar inglés, para otros es una manera natural de compartir un gusto.

A esa misma hora Fabio, un adolescente a destiempo que vive en Rosario, a costas de sus padres a pesar de sus 23 años, encuentra por fin en el e-mule la traducción al castellano del texto. Con un programa incrusta los subtítulos al vídeo original, desesperado por mirar el capítulo de la serie. A veces su madre lo interrumpe en mitad de la noche:
—¿Todavía estás ahí metido en Internet, Fabio? ¿Cuándo vas a hacer algo por los demás, o te pensás que todo empieza y termina en vos?
—Tenés razón mamá, ahora mismo apago —dice él, pero antes de irse a dormir coloca el archivo subtitulado en su carpeta de compartidos para que cualquiera, desde cualquier máquina, desde cualquier lugar del mundo, pueda bajarlo. Fabio jamás olvida ese detalle.

Los jueves suelo levantarme a las once de la mañana, casi a la misma hora en que Fabio, a quien no conozco, se ha ido a dormir en Rosario. Mientras me preparo el mate y reviso el correo, busco en Internet si ya está la versión original con subtítulos en español de mi serie preferida, que emitió ocho horas antes la cadena ABC en Estados Unidos. Siempre (nunca ha fallado) encuentro una versión flamante y me paso el resto de la mañana bajándola lentamente a mi disco rígido, para poder ver el capítulo en la tele después de almorzar. Mientras espero, escribo un cuento o un artículo para Orsai: lo hago porque me resulta placentero escribir, y porque quizás haya gente, en alguna parte, esperando que lo haga.

El artículo de este jueves habla de Internet. Dice, palabras más, palabras menos, algo que hace veinticinco años dijo Borges mucho mejor que yo, en un poema maravilloso que se llama Los Justos:

"Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo."

martes, septiembre 18, 2007

Acertijo para tontos, de Jorge Riechmann


... y gracias a la gripe, estoy en casa leyendo, leyendo cosas tan interesantes como por ejemplo este texto de Jorge Riechmann que pertenece a su último libro, Conversaciones entre alquimistas.


ACERTIJO PARA TONTOS


¿Qué es lo más marginal de todo y sin embargo se asiento perdurablemente en el centro de la vida y de las cosas? ¿El almanaque de todas las debilidades que no obstante acumula sin cesar energía para las inconcebibles resistencias? El acertijo es transparente: la poesía, claro está, limpio está, transparente está. Sin indulgencia reclamos esa palabra amorosa y fatídica. Así vamos sacando del zurrón -agujereado y vacío- el pan y la sal de nuestra esperanza. ASí vamos formulando, paso a paso, uno adelante y tres atrás, la delicada álgebra de la comunidad futura. En la sobriedad de los resquicios, nos hacemos fuertes para no enmudecer. Durchhalten! dice, contras todas las probabilidades probables, el dibujo al pastel de Paul Klee en 1940, justo antes de su muerte. Resistir. Existir. Revelar. Resistir.