Tengo la impresión de que los muertos célebres eligen el verano para morirse. Eso, o que en verano hay que menos noticias y la muerte ocupa más espacio. También puede ser que luego la rutina no me deja tiempo ni para fijarme en la muerte...
En todo caso, hay viajes y veranos que tengo asociados a algunos muertos famosos. Estaba en México cuando murió Camarón. A la vuelta de la India, recién llegada a Barajas y todavía en un avión, agarré un periódico que alguien había dejado en un asiento y me enteré a la vez de la muerte de Lola Flores y de su hijo Antonio.
De los muertos con nombre de este verano lamento la juventud de Puerta y el espectáculo de su agonía - cuya primera parte vi en directo; Bergman me recuerda sus películas, que tengo pendientes; sobre Grace Paley - escritora norteamericana de cuya muerte acabo de enterarme por el blog de José Ángel Barrueco-, decir que su antología de relatos publicada por Anagrama me pareció simplemente maravillosa; de Umbral, me quedo con un par de fragmentos de su Mortal y rosa que jamás olvidé y que podéis leer en el blog Vivir del cuento (ese que termina con "Estoy oyendo crecer a mi hijo" y el que comienza con "Sólo conocí una verdad en la vida, hijo, y eras tú"; de Emma Penella me conmocionó la historia de su padre, que conocí hace unos meses.
La vivencia de la muerte -sobre todo cuando es lejana- es de las cosas más subjetivas que conozco. La memoria va eligiendo los recuerdos por su cuenta, por motivos extraños.
El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta
viernes, agosto 31, 2007
Bárbaros: poema de Adam Zagajewski
BÁRBAROS
Éramos nosotros los bárbaros.
Era ante nosotros que temblabais en los palacios.
Nos esperabais con el corazón estremecido.
Era sobre nuestras lenguas que decíais:
quizás se formen sólo de consonantes,
de susurros, murmullos y hojas secas.
En los negros bosques vivíamos nosotros.
Era a nosotros que nos temía Ovidio en Tomos,
éramos nosotros los que veneraban a dioses
cuyos nombres no sabíais pronunciar.
Pero también nosotros conocimos la soledad
y el temor, y deseamos la poesía.
(de Deseo, publicado por la editorial Acantilado)
A propósito de Zagajewski, he encontrado este interesante texto sobre su último libro, Antenas, en la página de crítica literaria La tormenta en una vaso.
Éramos nosotros los bárbaros.
Era ante nosotros que temblabais en los palacios.
Nos esperabais con el corazón estremecido.
Era sobre nuestras lenguas que decíais:
quizás se formen sólo de consonantes,
de susurros, murmullos y hojas secas.
En los negros bosques vivíamos nosotros.
Era a nosotros que nos temía Ovidio en Tomos,
éramos nosotros los que veneraban a dioses
cuyos nombres no sabíais pronunciar.
Pero también nosotros conocimos la soledad
y el temor, y deseamos la poesía.
(de Deseo, publicado por la editorial Acantilado)
A propósito de Zagajewski, he encontrado este interesante texto sobre su último libro, Antenas, en la página de crítica literaria La tormenta en una vaso.
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poemas de otros
miércoles, agosto 29, 2007
De vuelta
Como en todas las vacaciones, aprovecho para descubrir, pero sobre todo para recordar. Descubrir, por ejemplo, a un cantante hawaiano y ex-surfero, Jack Johnson, con una voz de miel, que todas las noches, en un chiringuito vacío de la playa de Gandía, nos ponía un argentino ávido y generoso; que soy capaz de dormir mal en cualquier sitio, no importa lo cómodo y fresco que sea; que prefiero el marisco cuando el mar no está cerca, porque el marisco es sobre todo un sustituto del olor y el sabor del mar; que me estoy volviendo obtusa para toda prosa que no sea la de los periódicos; que el Superpop ha sobrevivido varias generaciones; que en todas partes busco rutinas para sobrevivir y para luego romperlas, a ser posible con una borrachera que me reubique en la familiaridad de la extrañeza; que no me atrevo a echar de menos a las personas que quiero. Eso, o que me descasto fácilmente.
Y también recordar que si el resto del año me tengo prohibidos los periódicos es porque no sé leerlos en menos de una hora y media; que el agua en todas sus formas -este año ríos gallegos y mar Mediterráneo- me resulta adictiva e hipnótica, que nada como el agua me da una sensación tan clara de libertad y paz; que apenas hay cosas que me gusten más, sobre todo en verano, que ver a los deportistas sudar la camiseta mientras saboreo una cerveza bien fría; que con niños cerca es casi imposible para mí leer ni escribir, y que puedo vivir sin hacerlo durante semanas, pero que a partir de cierto momento empiezo a sentirme frívola, mecánica, vacía. Y que la literatura espera. Me esperan mis libros, me esperan mis poemas a medias, me esperan sorpresas que me regalan otros, como encontrarme un poema mío traducido al catalán por David Ventura en su blog, o volver a leer la generosa y apasionada presentación que José Ángel Barrueco hizo de mi libro de relatos y que él recupera en una entrada de Escrito en el viento, o descubrir el vivísimo y coleante blog dedicado a la aventura de Hank Over, la antología sobre Bukowski que verá la luz el próximo año y en la que tengo el honor de estar embarcada. Mil gracias a todos.
Y para acabar de empezar, la que para mí ha sido la frase del verano, un refrán que no conocía y que me ha descubierto mi hermana (cómo no): " Tropezón que das y no te caes, camino que adelantas".
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reflexiones íntimas y literarias
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