Me quedo con ganas de colgar poemas de Karmelo C. Iribarren, de Wislawa Szymborska, de Enrique Mercado, de Rafael Cadenas, de Henri Michaux... Me llevo libros de Gamoneda, de Zagajewski, de Kagawata, de Riechman... Pero a punto de salir para Galicia y después escaparme a Valencia -con unos días entre medias en los que espero colgar algo por aquí y leer los blogs de los que se quedan o los que se conectan en vacaciones- os dejo con uno de mis últimos poemas y un abrazo fuerte y el deseo de que disfruteis del agua y las gracias por todas las palabras que hemos cruzado durante estos meses, y las que vendrán.
Yo, que he sido tantas
que tantas veces he alquilado
mi nombre y me lo han devuelto
vacío o maquillado o roto
desde aquí digo
que volveré a ser tantas
como prendas tengo en el armario
pero que nunca volveré a pensar
con qué traje gustaré más
ni siquiera si mi desnudez
puede resultar embarazosa
El blog de Ana Pérez Cañamares - poeta
martes, julio 31, 2007
viernes, julio 27, 2007
Malos recuerdos, de Antonio Gamoneda.

En el blog de noticias de la Editorial Bartleby, hay un enlace con una revista, Veintiuno, en la que se hace una entrevista a David González. En ella nombra, como elemento fundacional de su propia poesía, un poema que leí hace tiempo y que de vez en cuando recuerdo con verdadero dolor: dolor casi físico, en la boca del estómago, porque este poema me resulta durísimo; y sin embargo, me parece que es un poema que hay que recordar, todo lo a menudo que se necesite echar mano de la conciencia. Es de Antonio Gamoneda y se llama Malos recuerdos.
MALOS RECUERDOS
"La vergüenza es un sentimiento revolucionario."Karl Marx
Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.
Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.
Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor.)
Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.
Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta del soldado.
Le escribía su madre. No recuerdo:
"¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero…"
Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
"Tu madre que te quiere."
No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.
Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.
Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.
(Trato de recordar este poema porque la vergüenza -la culpa- es un sentimiento doloroso, pero tremendamente útil si se recuerda a tiempo. El mundo sería distinto si pudiéramos soportar el recuerdo de la vergüenza sin excusas y nos dejáramos guiar por el eco del dolor ajeno en nuestra piel).
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jueves, julio 26, 2007
AJO + Mastretta

Ayer vi en la Sala Clamores "Striptease cardiovascular", un espectáculo de la "micropoetisa" AJO -la que fuera cantante del grupo Mil dolores pequeños (gran nombre)- y del músico Nacho Mastretta. Me pareció una propuesta muy original -aunque yo no soy asidua de actuaciones ni recitales y por lo tanto no tengo mucho con qué comparar-, que se conjuga poesía, ironía, música, cabaret, improvisación e interpretación; a ratos emocionante, ingenioso casi siempre, y con mucho ritmo, desparpajo y humor. Mastretta es un gran músico y sabe ponerse al servicio de AJO, una mujer con una presencia casi hipnotizante, que provoca ternura y risas a partes iguales, que cuela grandes verdades entre bromas. Desde el comienzo, AJO me ganó con estas dos frases:
Yo sólo hablo de mi vida privada.
Esto supera la ficción, así que debe de ser la realidad.
Y luego siguió, recitando, interpretando y a veces cantando poemas -micropoemas, diría ella- como estos, que fueron los que a mí más me gustaron:
En la actualidad
vendo agenda pequeña
para gente con pocos amigos.
Me estoy microforrando.
Siempre he sido una máquina
de hacer poco dinero.
Yo exagero mucho para disimularte,
pequeñez mía.
¿Y si corazón no fuera más
que el aumentativo
de la palabra coraza?
No me tires de la memoria
que yo vengo del punk
y la cresta la llevo
en la lengua.
Soy una mujer desnuda
con la maleta vacía
e ignoro, con la certeza de la intuición,
si fui hecha para llegar hasta hoy
o expresamente para olvidarlo.
Veo, veo.
Qué ves.
Mucho gusano y poca mariposa.
(También mucho miedo para tan poco peligro).
Te adoraré siempre
y me importas un pimiento.
Todavía no rima
pero rimará con el tiempo.
(Vosotros me diréis qué os parecen leídos. Yo, que los recuerdo interpretados, me río y me emociono según los voy transcribiendo).
Yo sólo hablo de mi vida privada.
Esto supera la ficción, así que debe de ser la realidad.
Y luego siguió, recitando, interpretando y a veces cantando poemas -micropoemas, diría ella- como estos, que fueron los que a mí más me gustaron:
En la actualidad
vendo agenda pequeña
para gente con pocos amigos.
Me estoy microforrando.
Siempre he sido una máquina
de hacer poco dinero.
Yo exagero mucho para disimularte,
pequeñez mía.
¿Y si corazón no fuera más
que el aumentativo
de la palabra coraza?
No me tires de la memoria
que yo vengo del punk
y la cresta la llevo
en la lengua.
Soy una mujer desnuda
con la maleta vacía
e ignoro, con la certeza de la intuición,
si fui hecha para llegar hasta hoy
o expresamente para olvidarlo.
Veo, veo.
Qué ves.
Mucho gusano y poca mariposa.
(También mucho miedo para tan poco peligro).
Te adoraré siempre
y me importas un pimiento.
Todavía no rima
pero rimará con el tiempo.
(Vosotros me diréis qué os parecen leídos. Yo, que los recuerdo interpretados, me río y me emociono según los voy transcribiendo).
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poemas de otros
miércoles, julio 25, 2007
La amiga de mamá

Alguien nombró hace poco este cuento en los comentarios. Salió publicado en una antología de relato hiperbreve, Por favor, sea breve, editada por Páginas de Espuma. Lo cuelgo a propósito del tema de las madres, y porque, a pesar de que hace mucho tiempo que lo escribí, me sigue gustando. Es decir, lo sigo sintiendo cercano a mí, y eso que va para años que no escribo relatos.
LA AMIGA DE MAMÁ
La amiga de mamá llegaba a casa, con sus maletas cargadas de regalos y era como si la Navidad se hubiese presentado, fuera abril o septiembre. La amiga de mamá extendía mapas, repartía paquetes, nos disfrazaba de bereberes, desplegaba historias y fotos y por último colocaba su neceser entre nuestros jabones y cepillos de dientes, y así sabíamos que sería nuestra por una temporada.
Las comidas se llenaban de sabores exóticos, los bailes eran voluptuosos y frenéticos, y hasta nuestros nombres cambiaban, y un día nos llamábamos Samarcanda, otro Tegucigalpa, o Gobi, o Tombuctú. En el colegio nuestros compañeros se disputaban el privilegio de venir a pasar la tarde en casa. Y la amiga de mamá, aunque por la noche la oíamos hablar hasta muy tarde frente a una botella de licor de extraños reflejos, la amiga de mamá nunca parecía cansada.
Eso fue lo primero que me llamó la atención aquel día: su rostro exhausto, descansando sobre el regazo de mamá. No recuerdo a qué había bajado al salón pero enseguida tuve la sensación de asistir a una escena prohibida, no por impropia ni vergonzosa; era algo más allá, como entrar en la trastienda de aquellas dos mujeres. Porque no sólo estaba la fragilidad de la amiga de mamá; sobre todo estaba la tristeza de mamá. Como si sus ojos hubieran visto más que los de su amiga. Como si se hubiera despedido de más gente. Como si estuviera agotada de servir de sostén a los sueños de los demás.
LA AMIGA DE MAMÁ
La amiga de mamá llegaba a casa, con sus maletas cargadas de regalos y era como si la Navidad se hubiese presentado, fuera abril o septiembre. La amiga de mamá extendía mapas, repartía paquetes, nos disfrazaba de bereberes, desplegaba historias y fotos y por último colocaba su neceser entre nuestros jabones y cepillos de dientes, y así sabíamos que sería nuestra por una temporada.
Las comidas se llenaban de sabores exóticos, los bailes eran voluptuosos y frenéticos, y hasta nuestros nombres cambiaban, y un día nos llamábamos Samarcanda, otro Tegucigalpa, o Gobi, o Tombuctú. En el colegio nuestros compañeros se disputaban el privilegio de venir a pasar la tarde en casa. Y la amiga de mamá, aunque por la noche la oíamos hablar hasta muy tarde frente a una botella de licor de extraños reflejos, la amiga de mamá nunca parecía cansada.
Eso fue lo primero que me llamó la atención aquel día: su rostro exhausto, descansando sobre el regazo de mamá. No recuerdo a qué había bajado al salón pero enseguida tuve la sensación de asistir a una escena prohibida, no por impropia ni vergonzosa; era algo más allá, como entrar en la trastienda de aquellas dos mujeres. Porque no sólo estaba la fragilidad de la amiga de mamá; sobre todo estaba la tristeza de mamá. Como si sus ojos hubieran visto más que los de su amiga. Como si se hubiera despedido de más gente. Como si estuviera agotada de servir de sostén a los sueños de los demás.
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cuentos míos
martes, julio 24, 2007
Otro poema de Antonio Orihuela

Este poema me emociona especialmente (aunque habla de más cosas que también me importan, ya sabéis mi debilidad por los poemas que hablan de madres...) Pertenece al libro del que hablaba hace unos cuantos posts, Piedra, corazón del mundo.
Al final de la comida
le he enseñado a mi madre
el libro de poemas
que acaban de publicarme.
La artritis de sus manos
apenas le deja mantenerlo abierto
y sus escasos años de escuela
recorren las palabras
como un niño que gatea
hasta hacer incomprensibles mis versos.
Loca de contento,
orgullosa de su hijo,
le lee un poema a mi padre
que la mira desde el sofá.
Cuando termina,
levanta la cabeza
y ve a mi padre dormido.
Lo despierta
y vuelve a comenzar
hasta tres veces
la lectura...
Yo no digo palabra,
pienso en los amos de la fuerza de los humildes,
en el tiempo delicioso que les robaron,
en la lengua que apenas les dejaron para comer
y reproducirse
en los profesionales del estilo,
en los críticos de las letras,
y en lo lejos que estará siempre
el pueblo sencillo y trabajador
de eso que llaman literatura.
Al final de la comida
le he enseñado a mi madre
el libro de poemas
que acaban de publicarme.
La artritis de sus manos
apenas le deja mantenerlo abierto
y sus escasos años de escuela
recorren las palabras
como un niño que gatea
hasta hacer incomprensibles mis versos.
Loca de contento,
orgullosa de su hijo,
le lee un poema a mi padre
que la mira desde el sofá.
Cuando termina,
levanta la cabeza
y ve a mi padre dormido.
Lo despierta
y vuelve a comenzar
hasta tres veces
la lectura...
Yo no digo palabra,
pienso en los amos de la fuerza de los humildes,
en el tiempo delicioso que les robaron,
en la lengua que apenas les dejaron para comer
y reproducirse
en los profesionales del estilo,
en los críticos de las letras,
y en lo lejos que estará siempre
el pueblo sencillo y trabajador
de eso que llaman literatura.
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poemas de otros
lunes, julio 23, 2007
Las bodas de Pentecostés, de Philip Larkin
Después de venir de vacaciones, he leído Las bodas de Pentecostés, de Philip Larkin. Me ha parecido especialmente interesante el prólogo, de Damián Alou, donde se recogen algunas reflexiones del propio Larkin. No sólo me parecen interesantes y estoy en general de acuerdo con ellas, sino que además me hace gracia reconocer esa retranca inglesa, mezcla de orgullo y timidez, que resulta provocadora y estimulante:
"Mis poemas se explican tan bien solos que cualquier comentario sería superfluo. Todos derivan de cosas que he visto, pensado o hecho, y dudo que entre sus temas haya nada extraordinario".
"Creo que deseamos que la vida y la obra sean coherentes. Supongamos que en última instancia lo son, pues las dos se refieren a la misma persona. Eliot diría que no, pero yo creo que Eliot se equivoca".
"Todo poema comienza siendo veraz o hermoso. Entonces intentas que los veraces parezcan hermosos, y los hermosos veraces. Cuando digo hermoso me refiero a que la idea original parecía hermoso. Cuando digo veraz, me refiero a que algo me restregaba los nudillos contra la nuca y yo me decía: "Dios, tengo que decir esto, he de encontrar las palabras y hacerlo lo más hermoso posible".
"!Oh, por amor de Dios, no se estudia a los poetas! Los lees y piensas: Qué maravilla, ¿cómo lo ha hecho? ¿Podría hacerlo yo? Y así es como aprendes".
"Los poemas no proceden de otros poemas, salen de uno mismo, de la vida".
"La poesía debería comenzar con una emoción en el poeta, y acabar con esa misma emoción en el lector. El poema no es más que el instrumento de transferencia".
A propósito de las críticas que recibió Las bodas de Pentecostés, en las que se lo calificó de limitado, tópico y vulgar, Larkin dice:
"Me gustaría saber en qué mundo infestado de dragones viven esos tipos que les permite utilizar con tanta libertad la palabra "tópico". Elefantes rosa, quizá".
Larkin me ha recordado -por más que en este poemario aparezca a veces como una persona distante y antipática, y no obstante, por eso mismo también, singularmente honesta- por qué hace años milité en las filas de la anglofilia más recalcitrante, y por qué ahora todavía echo de menos los pubs, la flema británica, su idioma, su arquitectura y la lluvia.
Y estos versos de un poema perteneciente a un libro anterior:
Las palabras sencillas como alas de pájaro
no mienten,
no adornan las cosas
por timidez.
"Mis poemas se explican tan bien solos que cualquier comentario sería superfluo. Todos derivan de cosas que he visto, pensado o hecho, y dudo que entre sus temas haya nada extraordinario".
"Creo que deseamos que la vida y la obra sean coherentes. Supongamos que en última instancia lo son, pues las dos se refieren a la misma persona. Eliot diría que no, pero yo creo que Eliot se equivoca".
"Todo poema comienza siendo veraz o hermoso. Entonces intentas que los veraces parezcan hermosos, y los hermosos veraces. Cuando digo hermoso me refiero a que la idea original parecía hermoso. Cuando digo veraz, me refiero a que algo me restregaba los nudillos contra la nuca y yo me decía: "Dios, tengo que decir esto, he de encontrar las palabras y hacerlo lo más hermoso posible".
"!Oh, por amor de Dios, no se estudia a los poetas! Los lees y piensas: Qué maravilla, ¿cómo lo ha hecho? ¿Podría hacerlo yo? Y así es como aprendes".
"Los poemas no proceden de otros poemas, salen de uno mismo, de la vida".
"La poesía debería comenzar con una emoción en el poeta, y acabar con esa misma emoción en el lector. El poema no es más que el instrumento de transferencia".
A propósito de las críticas que recibió Las bodas de Pentecostés, en las que se lo calificó de limitado, tópico y vulgar, Larkin dice:
"Me gustaría saber en qué mundo infestado de dragones viven esos tipos que les permite utilizar con tanta libertad la palabra "tópico". Elefantes rosa, quizá".
Larkin me ha recordado -por más que en este poemario aparezca a veces como una persona distante y antipática, y no obstante, por eso mismo también, singularmente honesta- por qué hace años milité en las filas de la anglofilia más recalcitrante, y por qué ahora todavía echo de menos los pubs, la flema británica, su idioma, su arquitectura y la lluvia.
Y estos versos de un poema perteneciente a un libro anterior:
Las palabras sencillas como alas de pájaro
no mienten,
no adornan las cosas
por timidez.
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poetas
sábado, julio 21, 2007
Antenas, de Adam Zagajewski
En alguno de los blogs que visito leí uno de los poemas (Nochevieja 2004) de este libro. Nunca había oído hablar de su autor, pero ese poema fue suficiente para que lo comprara. Es uno de los libros que me ha acompañado en las vacaciones; y es, sencillamente, magnífico. Lo componen poemas profundos, emotivos, llenos de reflexiones e impresiones sobre la vida, la guerra, la muerte y el regreso, sobre el vendaval de los recuerdos, el mar y las ciudades que nos esperan al final de los viajes, la música, el amor, todo lo que importa. Un libro que parece contenerlo todo y que hay que cerrar de vez en cuando, cegada por su resplandor, por su verdad (y no quiero olvidarme: con una traducción brillante, por parte de Xavier Farré). En él Zagajewski habla también de la poesía de una forma que he sentido muy cercana y que me ha impresionado, casi como camino místico o como rumbo ético. Por ejemplo, en el poema llamado Pasa por esta ciudad encuentro estos versos que no me importaría asumir como poética:
Piensa en tu vida que todavía dura
si bien ya ha durado tanto.
¿Supiste expresar apenas una pequeña parte del todo?
Si viste la vileza, ¿supiste nombrarla?
Si encontraste a alguien que viviera de verdad,
¿supiste reconocerlo?
¿No abusaste de la palabra elevada?
¿En quién habrías de convertirte? No se sabe.
Más adelante, un pequeño poema que se llama En defensa de la poesía:
Sí, en defensa de la poesía y del estilo elevado, etc.,
pero también una tarde estival en un pueblo,
cuando huelen los jardines y los gatos están quietos
delante de las casas, como filósofos chinos.
(Poema perfecto para leer estando de vacaciones en un pueblo, disfrutando las horas de lectura en la siesta, cuando una sabe que le esperan los jardines y los gatos a la hora del paseo, cuando baje el sol y los poemas sigan resonando y acompañando.)
Antenas termina con el poema que le da nombre (antes de regalarnos una selección de poemas de un libro anterior, Regreso), una larga enumeración en la que se encuentran estos versos:
La poesía es la alegría bajo la que se esconde la desesperación. Y bajo la desesperación de nuevo está la alegría.
Y por último, un poema perteneciente a ese libro, Regreso, que es el que cierra el volumen:
LA POESÍA ES BÚSQUEDA DE RESPLANDOR
La poesía es búsqueda de resplandor.
La poesía es un camino real
que nos lleva hasta lo más lejos.
Buscamos resplandor en la hora gris,
al mediodía o en las chimeneas del alba,
incluso en el autobús, en noviembre,
cuando al lado dormita un viejo cura.
El camarero en el restaurante chino
estalla en llanto y nadie imagina por qué.
Quién sabe, quizás esto también es una búsqueda
que se parece a un instante a la orilla del mar,
cuando en el horizonte aparece un barco rapaz
y se detiene, paralizado largo tiempo.
Pero también, momentos de profunda alegría
e incontables momentos de angustia.
Déjame ver, por favor.
Déjarme persistir, por favor.
Al atardecer cae una fría lluvia.
En las calles y avenidas de mi ciudad
en silencio y con fervor trabaja la oscuridad.
La poesía es búsqueda de resplandor.
(En la foto: yo leyendo a Zagajewski en voz alta a Manuel, que me fotografía).
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jueves, julio 19, 2007
Cántico espiritual
No suelo hacer recomendaciones musicales: aquí quiero ceñirme a lo literario. Pero esta vez me lo permito porque se trata de una obra maestra de la literatura, musicada por Amancio Prada: el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz. Hace bastante años estuve obsesionada por esta obra, y durante mucho tiempo la he tenido perdida y olvidada. Pero esta tarde -!larga vida a la mula!- he vuelto ha disfrutarla, con alegría y con temblor. Y, bueno, que para los que no la conozcáis os la recomiendo y para los demás, pues ya sabéis de lo que hablo.
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poemas de otros
Fotos del Proyecto Ventanas
Una de las participantes en el Proyecto Ventanas, Janine Puig, me escribe para preguntar si tengo fotos de la exposición. Cuelgo aquí algunas de las fotos del día de la inauguración que me hizo llegar Agustín Calvo Galán, uno de los organizadores junto con Helena Cuesta. También me dijo que había planes de hacer una página web con los trabajos que formaron parte de la exposición. Si alguien quiere más información de este proyecto, la puede encontrar en el blog de Agustín.
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actos poéticos
miércoles, julio 18, 2007
Calidoscopio
Sonia, esa chica de alias "beatus ille", que sonríe mucho, que nos recuerda en su blog que no sólo, aunque también, París era una fiesta, que ha sabido evitar que Madrid se la trague -y yo que la admiro/envidio por eso-, que no veo hace demasiado y con la que algún día tomaré unas cañas pendientes, esa chica, Sonia, coordina una revista digital en la que este mes han colgado algunos de mis poemas. Gracias, guapa. Podéis ver la revista aquí.
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revistas
martes, julio 17, 2007
Para David González
Acabo de llegar de una semana de vacaciones y he leído todo en tu blog. Ya sé que has pedido que no te escribamos, que no puedes responder y que (supongo) no tienes muchas ganas de saber de nada ni de nadie. Déjame sólo decirte que te mando un abrazo fuerte, de esos tuyos, fuertes y solidarios, que la cerveza en Amsterdam sabe muy bien en los cafés de madera, con aroma a puerto y con gato, -Chris, en Jordaan, mi barrio preferido de Amsterdam, es el café más antiguo de toda la ciudad, de 1624- y que los mejores sitios para comer son los camboyanos, indios, indonesios, cuanto más cutres mejor porque son más caseros y auténticos y baratos dentro de lo que cabe (ah, y los puestos de arenques en la calle). Que me es difícil encontrar palabras para animarte, pero que te repito todo lo que te he dicho ya antes sobre ti y sobre la poesía. Que los poemas de Tajahuerce que estás colgando en tu blog son estupendos y los libros que me llevé para las vacaciones han resultado ser tan buenos como prometían y como me dijiste. Te dedico esto también:
Con cada palabra que escribo
lo que en el fondo estoy queriendo decir
es que soy conmovedoramente igual a ti
y que a la vez me siento desesperadamente
distinta
Y ahora deja el libro
vete al espejo
y mírame
Abrazos, compañero.
Con cada palabra que escribo
lo que en el fondo estoy queriendo decir
es que soy conmovedoramente igual a ti
y que a la vez me siento desesperadamente
distinta
Y ahora deja el libro
vete al espejo
y mírame
Abrazos, compañero.
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poetas
Back
Aquí estoy de vuelta, con los ojos más limpios, restregados por el color de las buganvillas y los hibiscus, el blanco encalado de las casas, las puertas y las ventanas de azul profundo... Han sido vacaciones para recordar que mi cuerpo sí sabe todavía cómo se descansa; para leer tres libros magníficos: la antología de poesía china, Antenas y Ola de frío, de los que iré colgando poemas; para llenar una libreta con notas y versos; y mientras descansaba, y leía, y escribía, levantar la vista y encontrarme con un valle extendido a los pies del pueblo hasta una hilera lejana de montañas, que quizá influida por la lectura, o por las postales que, cuando yo era pequeña, mi padre me traía de la embajada china, a la que llevaba cartas y giros, cada vez que las miraba me hacían pensar en ese país. Días de buena comida, muchas risas, cervecitas y mojitos, poniendo el alma a disposición de los sentidos.
Pues eso: que he vuelto, y lo primero que he hecho según he entrado por la puerta ha sido abrir el correo electrónico y comprobar que seguíais aquí.
(La vista es desde la terraza de la casa en la que estábamos: lo llaman el valle de las pirámides)
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reflexiones íntimas
sábado, julio 07, 2007
Poema de Li Ts´ing Chao
Se extinguía el perfume de los rojos nenúfares.
El aire leve del otoño penetraba a través de las perlas de jade de la cortina.
¿Quién me enviaba estos mensajes de amor, desde las nubes,
en el bajel de las orquídeas, al resplandor de las antorchas?
En la estación en que retornan los cisnes silvestres
la luna llena el pabellón del Oeste.
Las flores -es su sino- revolotean y se esparcen.
El agua sigue su destino corriendo a concentrarse en un mismo lugar.
Los seres e la misma especie convergen en un mismo sueño.
Pero nosotros, !ay!, estamos separados, y heme aquí, solitaria, sabia ya con exceso en la tristeza.
Nada será bastante a destruir este amor.
Por un momento, se detuvo en mis ojos; mas ahora gravita ya en mi corazón.
(Li Ts´ing Chao es una poeta que vivió a finales del S. XI y principios del XII. Me estremece pensar que la estamos leyendo mil años después... con ella me despido por una semanita. Me voy a reencontrarme con el mar. Quizás porque nací junto a él, pero nunca he vivido cerca, a mí siempre me parece un reencuentro lleno de alegría y de esa nostalgia por lo no vivido o por lo que no se recuerda... Un abrazo para todos).
El aire leve del otoño penetraba a través de las perlas de jade de la cortina.
¿Quién me enviaba estos mensajes de amor, desde las nubes,
en el bajel de las orquídeas, al resplandor de las antorchas?
En la estación en que retornan los cisnes silvestres
la luna llena el pabellón del Oeste.
Las flores -es su sino- revolotean y se esparcen.
El agua sigue su destino corriendo a concentrarse en un mismo lugar.
Los seres e la misma especie convergen en un mismo sueño.
Pero nosotros, !ay!, estamos separados, y heme aquí, solitaria, sabia ya con exceso en la tristeza.
Nada será bastante a destruir este amor.
Por un momento, se detuvo en mis ojos; mas ahora gravita ya en mi corazón.
(Li Ts´ing Chao es una poeta que vivió a finales del S. XI y principios del XII. Me estremece pensar que la estamos leyendo mil años después... con ella me despido por una semanita. Me voy a reencontrarme con el mar. Quizás porque nací junto a él, pero nunca he vivido cerca, a mí siempre me parece un reencuentro lleno de alegría y de esa nostalgia por lo no vivido o por lo que no se recuerda... Un abrazo para todos).
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poemas de otros
viernes, julio 06, 2007
Poemas chinos
Hay poemas verdaderamente maravillosos, intemporales, universales en esta Segunda antología de poesía china, traducida y antologada por Marcela de Juan. He seleccionado unos cuantos poemas cortos, intentando reflejar la variedad de los temas, que abarcan desde la melancolía por el paso del tiempo y la serenidad que proporcionan la naturaleza y la vida apartada hasta la preocupación por las desigualdades sociales; excepto el primero, que copio sobre todo porque me sorprende su antigüedad, los demás son de un período de florecimiento, el de la dinastía T´ang y el período de las Cinco Dinastías, que fue del año 618 al 960.
No puedo ir hacia ti. Tengo miedo.
No pienso ir hace ti. Ves, te lo digo.
Aun cuando la noche pase en vela pensando
y sepa que tampoco duermes tú,
aún así.
Aunque día tras día sigas el camino de la soledad
y llegue al atardecer a una oscura morada.
Pero si de verdad eres mi amigo,
entonces, al final,
hay un camino por el que nunca anduve,
y ese camino no lo andarás tú solo.
Me hallarás una noche junto a ti:
la noche en que me digan que te has muerto
(Anónimo. Siglo VIII a.C.)
¿Cuánto podrá durar para nosotros el disfrute del oro, la posesión del jade?
Cien años cuando más: éste es el término de la esperanza máxima.
Vivir y morir luego; he aquí la sola seguridad del hombre.
Escuchad, allá lejos, bajos los rayos de la luna, al mono, acurrucado y solo,
llorar sobre las tumbas.
Y ahora llenad mi copa: es el momento de vaciarla de un trago.
(LI PO)
El padre trabaja la tierra en la vega,
el hijo arranca los matojos en la ladera.
Estamos en el sexto mes y el trigo no germina todavía,
y ya disponen los silos en casa del recaudador.
El labrador da la segunda arada bajo el sol cenital.
Poco se piensa que, en un tazón de arroz,
cada grano es producto de una penosa brega.
(NEI YI-CHONG)
Juraron acabar con los hunos aunque cayeran en la liza.
En las estepas de los hunos, tres mil hombres han muerto
vestidos de zamarras de pieles.
Esos huesos anónimos que bordean el río
conservan forma de hombres cuando sus mujeres, en primavera, sueñan.
(CH´EN TAO)
Os aseguro que ha sido tremendamente difícil elegir una muestra tan pequeña. Se trata de un libro en el que la repetición de los temas y de los motivos sirven para que los matices se multipliquen y haya que estar muy atento, como cuando uno da un paseo por el bosque; la recompensa es una belleza sutil y una empatía y una humanidad que saltan por encima de tópicos, prejuicios y épocas.
No puedo ir hacia ti. Tengo miedo.
No pienso ir hace ti. Ves, te lo digo.
Aun cuando la noche pase en vela pensando
y sepa que tampoco duermes tú,
aún así.
Aunque día tras día sigas el camino de la soledad
y llegue al atardecer a una oscura morada.
Pero si de verdad eres mi amigo,
entonces, al final,
hay un camino por el que nunca anduve,
y ese camino no lo andarás tú solo.
Me hallarás una noche junto a ti:
la noche en que me digan que te has muerto
(Anónimo. Siglo VIII a.C.)
¿Cuánto podrá durar para nosotros el disfrute del oro, la posesión del jade?
Cien años cuando más: éste es el término de la esperanza máxima.
Vivir y morir luego; he aquí la sola seguridad del hombre.
Escuchad, allá lejos, bajos los rayos de la luna, al mono, acurrucado y solo,
llorar sobre las tumbas.
Y ahora llenad mi copa: es el momento de vaciarla de un trago.
(LI PO)
El padre trabaja la tierra en la vega,
el hijo arranca los matojos en la ladera.
Estamos en el sexto mes y el trigo no germina todavía,
y ya disponen los silos en casa del recaudador.
El labrador da la segunda arada bajo el sol cenital.
Poco se piensa que, en un tazón de arroz,
cada grano es producto de una penosa brega.
(NEI YI-CHONG)
Juraron acabar con los hunos aunque cayeran en la liza.
En las estepas de los hunos, tres mil hombres han muerto
vestidos de zamarras de pieles.
Esos huesos anónimos que bordean el río
conservan forma de hombres cuando sus mujeres, en primavera, sueñan.
(CH´EN TAO)
Os aseguro que ha sido tremendamente difícil elegir una muestra tan pequeña. Se trata de un libro en el que la repetición de los temas y de los motivos sirven para que los matices se multipliquen y haya que estar muy atento, como cuando uno da un paseo por el bosque; la recompensa es una belleza sutil y una empatía y una humanidad que saltan por encima de tópicos, prejuicios y épocas.
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miércoles, julio 04, 2007
Piedra, corazón del mundo
Esta vez quiero recomendaros visitar una página desde la que os podéis descargar varios libros de poemas, de autores como David González, Isabel Pérez Montalbán, Jorge Riechman y Antonio Orihuela, agrupados bajo el título de Manual de Lecturas Rápidas para la Supervivencia. El último libro que me he bajado es Piedra, corazón del mundo (antología personal 1995-2000), de Antonio Orihuela, que fue publicado en su día por la Editorial Germanía. Copio aquí algunos de sus poemas. Tan buena me parece esta antología que me ha sido muy difícil seleccionar unos cuantos poemas entre todos. Seguiré subiendo más.
El descampado aún continúa allí,
pero ahora habría que atar a los críos
para que metieran el pie en una bota de la Tórtola
con suela, puntera y un extraño parche
también de plástico, a la altura del tobillo.
Los dos mejores formaban los equipos
alejándose ritualmente y volviendo
un pie tras otro,
oro,
plata,
hasta entontrarse.
Las porterías eran cuatro piedras,
los goles por alto, las faltas, los fueras y los penaltis, una tragedia
en nuestros partidos sin árbitro.
Recuerdo, después de veinet años, algún gol de aquellas tardes
y un penalti que le paró Fernando a su primo
en una estirada de palomita como jamás he vuelto a ver.
No había cronómetro en nuestros juegos que podían terminar 14 a 30.
A veces, se nos hacía de noche y seguían los goles
o era el cuchillo de algún vecino el que decidía dar por terminado el encuentro
tal y como hizo después la navaja del tiempo con todos nosotros,
niños que fuimos cuando este pueblo fue otro pueblo
tan perdido ya
como nosotros
para siempre.
Hoy he visto
el coche del Servicio Provincial
de Recogida de Perros Vagabundos.
Pero ellos no me han visto a mí
- por suerte-
Me preparé un bocadillo de jamón york.
Abrí el pan
y fui quitándole al jamón cocido
ese filo
que me han dicho
que no se come.
Miré las raspas de gelatina
y concegí el débil fantasma de mi perro,
de cómo él se lo habría comido en un instante
y de cómo me miraría con ojos agradecidos,
pidiendo más.
Me invadió luego la tristeza.
Me sentí absolutamente desolado,
perdido al pensar
que hay perros que nacen perros
y mueren personas.
Vivo en un mundo de gente encorvada,
pero nadie lo nota
porque todos viven de erguirse sobre alguien.
Vivo con gente que apaga la luz a las doce
y se marchita arrancando hojas al calendario,
pero se consuelan con otros
que ni siquiera saben
si estarán vivos al día siguiente.
Vivo rodeado de gente con sed,
mordiéndose constantemente los labios,
pero sólo cuando ya han comido.
Vivo subido a las palabras,
porque en ningún otro sitio
he encontrado casa.
El descampado aún continúa allí,
pero ahora habría que atar a los críos
para que metieran el pie en una bota de la Tórtola
con suela, puntera y un extraño parche
también de plástico, a la altura del tobillo.
Los dos mejores formaban los equipos
alejándose ritualmente y volviendo
un pie tras otro,
oro,
plata,
hasta entontrarse.
Las porterías eran cuatro piedras,
los goles por alto, las faltas, los fueras y los penaltis, una tragedia
en nuestros partidos sin árbitro.
Recuerdo, después de veinet años, algún gol de aquellas tardes
y un penalti que le paró Fernando a su primo
en una estirada de palomita como jamás he vuelto a ver.
No había cronómetro en nuestros juegos que podían terminar 14 a 30.
A veces, se nos hacía de noche y seguían los goles
o era el cuchillo de algún vecino el que decidía dar por terminado el encuentro
tal y como hizo después la navaja del tiempo con todos nosotros,
niños que fuimos cuando este pueblo fue otro pueblo
tan perdido ya
como nosotros
para siempre.
Hoy he visto
el coche del Servicio Provincial
de Recogida de Perros Vagabundos.
Pero ellos no me han visto a mí
- por suerte-
Me preparé un bocadillo de jamón york.
Abrí el pan
y fui quitándole al jamón cocido
ese filo
que me han dicho
que no se come.
Miré las raspas de gelatina
y concegí el débil fantasma de mi perro,
de cómo él se lo habría comido en un instante
y de cómo me miraría con ojos agradecidos,
pidiendo más.
Me invadió luego la tristeza.
Me sentí absolutamente desolado,
perdido al pensar
que hay perros que nacen perros
y mueren personas.
Vivo en un mundo de gente encorvada,
pero nadie lo nota
porque todos viven de erguirse sobre alguien.
Vivo con gente que apaga la luz a las doce
y se marchita arrancando hojas al calendario,
pero se consuelan con otros
que ni siquiera saben
si estarán vivos al día siguiente.
Vivo rodeado de gente con sed,
mordiéndose constantemente los labios,
pero sólo cuando ya han comido.
Vivo subido a las palabras,
porque en ningún otro sitio
he encontrado casa.
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poemas de otros
lunes, julio 02, 2007
Lecturas de verano
Ya he contado otras veces que debido a problemas de espacio y a lo sucinto de mi sueldo, me he tirado una buena temporada sin comprar libros, tirando de préstamos, internet y bibliotecas. Pero con el verano, la paga extra y la capacidad de los libros para amontonarse, he hecho acopio de unas cuantas lecturas que pasearé por Almería, por Galicia y por Valencia. Me sentí millonaria saliendo de la librería con estos libros:
- Segunda antología de la poesía china (selección de Marcela de Juan, un personaje sobre el que os recomiendo que leais, el prólogo, en el que se cuenta su vida, es apasionante), en Alianza.
- Antonio Gamoneda, Antología poética (también en Alianza).
- Philip Larkin, Las bodas de Pentecostés (Lumen).
- Adam Zagajewski, Antenas (Acantilado).
- Wislawa Szymborska, Paisaje con grano de arena (Lumen).
- Jorge Riechman, Conversaciones entre alquimistas (Tusquets).
- Karmelo C. Iribarren, Ola de frío (Renacimiento).
Ñam, ñam...
- Segunda antología de la poesía china (selección de Marcela de Juan, un personaje sobre el que os recomiendo que leais, el prólogo, en el que se cuenta su vida, es apasionante), en Alianza.
- Antonio Gamoneda, Antología poética (también en Alianza).
- Philip Larkin, Las bodas de Pentecostés (Lumen).
- Adam Zagajewski, Antenas (Acantilado).
- Wislawa Szymborska, Paisaje con grano de arena (Lumen).
- Jorge Riechman, Conversaciones entre alquimistas (Tusquets).
- Karmelo C. Iribarren, Ola de frío (Renacimiento).
Ñam, ñam...
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lecturas
Recital poético en Zaragoza

Para todo aquel que pueda y quiera pasarse: próximo viernes, 10 de la noche, en el bar Interferencias, en Zaragoza. Pena que no me pille más cerca...
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actos poéticos
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